(Por Yukiko Arai, directora de la Oficina de País de la Organización Internacional del Trabajo en Argentina)

En todo el mundo, los accidentes y las enfermedades profesionales causan 2,9 millones de fallecimientos anuales, que representan a 8 de cada 10 muertes relacionadas con el trabajo.

Se trata de tragedias que son evitables y es urgente actuar para prevenirlas. Además del impacto en las vidas de las personas y sus familias, los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales representan el 5,4 por ciento de la pérdida anual del producto interior bruto global.

De acuerdo con las estimaciones más recientes producidas conjuntamente por la OMS y la OIT, el principal factor de riesgo ocupacional se encuentra en la exposición a largas jornadas de trabajo, responsable de 745.000 muertes por año. Por otra parte, hay costos menos tangibles, como la reducción de la efectividad o el presentismo, las pérdidas de productiva y las dificultades propias de la rotación de personal calificado.

En la Argentina, de acuerdo con la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, en 2021 se registraron 489.925 casos de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, es decir, un 12,2 por ciento más que en 2019. De ese total, hubo 564 fallecimientos, de los cuales 314 ocurrieron en el lugar y en ocasión del trabajo.

En este contexto, como cada 28 de abril, la OIT conmemora un nuevo Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo. En esta oportunidad, bajo el lema "Actuemos juntos", la organización pone foco en la participación y el diálogo social para crear una cultura de seguridad y salud.

En efecto, mediante la guía de las normas internacionales del trabajo y su particular conformación tripartita, la OIT promueve el diálogo social como herramienta clave para que los gobiernos, junto a las organizaciones de empleadores y trabajadores, construyan una cultura preventiva de seguridad y salud en el trabajo. Este desafío implica desarrollar una cultura que respete el derecho a un entorno de trabajo seguro y saludable en todos los niveles. Así, con un enfoque integrado, los principales actores del mundo del trabajo procuran mecanismos de prevención de todos los riesgos y peligros ocupacionales, incluidos los físicos, biológicos, químicos, ergonómicos y psicosociales, entre muchos otros.

La efectividad de esta herramienta se validó especialmente durante los últimos dos años, cuando la irrupción de la Covid 19 planteó nuevos retos con relación a la seguridad y la salud en el trabajo. Ese nuevo escenario condujo priorizar más la salud y la seguridad de las personas, algo que fue posible gracias al diálogo social.

Los acuerdos entre gobiernos, empleadores y trabajadores fueron clave para adoptar buenas prácticas, procedimientos y protocolos que resultaron vitales para reducir los riesgos de infección y garantizar la protección de las y los trabajadores.

Incluso antes de la pandemia, en 2019, la OIT en Argentina lideró un proceso de diálogo social tripartito que concluyó en la elaboración de un Plan de Acción Nacional para Mejorar la Seguridad y Salud en el Trabajo de Adolescentes y Jóvenes. Esta iniciativa, desarrollada junto a representantes tripartitos de todo el país y con la participación de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, el Instituto Nacional de la Juventud y referentes estudiantiles, fue adoptada formalmente a fines de ese año y se espera su implementación en el corto plazo.

En esta línea, debe subrayarse el reciente acuerdo alcanzado por la OIT y sus mandantes tripartitos para la puesta en marcha del cuarto Programa de Trabajo Decente por País para el período 2022-2025. Dentro de este programa, el gobierno, los empleadores y los sindicatos de Argentina destacaron la transición hacia la formalidad (con protección adecuada y eficaz) como la segunda prioridad estratégica. Esa meta incluye, a su vez, la promoción de políticas laborales y sociales que aseguren condiciones de trabajo seguras y saludables.

Para la OIT, priorizar estas políticas es fundamental para que las personas estén protegidas de accidentes y enfermedades profesionales. Además, contribuye a lograr economías más sostenibles e inclusivas, mediante el apoyo a las empresas productivas, que se reflejan en mayor bienestar y calidad de vida para las y los trabajadores. De este modo, en ocasión del Día Internacional, desde la OIT reforzamos el llamado a la acción colectiva para crear una cultura de seguridad y salud en el trabajo. (Télam)