(Por Agustina Pasaragua, Ornella Rapalini y Laura Pomilio) El extripulante del destructor ARA Piedrabuena y actual presidente del Centro de excombatientes de Santa Fe, Adolfo Schweighofer, recuerda como una "tarea titánica" el rescate de los 770 sobrevivientes del crucero General Belgrano, atacado por el submarino inglés Conqueror durante la guerra de Malvinas el 2 de mayo de 1982.

"A las 16 horas del 2 de mayo nuestro buque, que estaba a 5 millas de distancia del Belgrano, notó que el crucero había dejado de emitir frecuencia. Se lo llamó, pero no contestaban. Se habló con el otro buque -el Bouchard- y tampoco habían logrado contactarse con el Belgrano. Ahí es cuando se presume un ataque y suena por primera vez la alarma de combate real en el Piedrabuena para hacer las acciones que había que hacer", relató a Télam Schweighofer sobre esos primeros instantes posteriores al ataque del Conqueror.

En las horas posteriores al impacto, tanto el ARA Piedrabuena como el ARA Bouchard debieron hacer "maniobras evasivas" para evitar ser atacados siguiendo el protocolo de la Armada para estas situaciones.

"Los atacaron a las 4 de la tarde y los dos buques que estábamos al lado hicimos navegación evasiva en zig zag a la velocidad que permitía el buque por la presencia amenazadora del submarino; podían hundirnos a nosotros también", explicó el tripulante del Piedrabuena.

A la hora y media del lanzamiento del primer torpedo, ya con el Belgrano hundido por completo, cayó la noche en el Atlántico Sur.

Una tormenta de gran magnitud azotaba las balsas de los sobrevivientes y a los buques que realizarían las tareas de rescate: los destructores ARA Piedrabuena y ARA Bouchard, el aviso ARA Gurruchaga y el buque polar convertido a hospital ARA Bahía Paraíso.

El excombatiente santafesino describió esa noche como un momento de "incertidumbre total" porque "no sabíamos qué había pasado con el Belgrano y no podíamos prender la radio. Si lo hacíamos, nos identificaban, era como prender una luz en la oscuridad".

"Esa noche de espera estuvimos de guardia permanente, atentos, dormitando en los pasillos, nadie podía ir a su cama. Fue tremendo. Angustia, temor, incertidumbre", describió Schweighofer, que en ese momento tenía 20 años.

Una vez que desde Buenos Aires dieron la orden de rastrillar en la zona del Belgrano, el Piedrabuena retornó al lugar del hundimiento, pero "no había nada", recordó el extripulante.

En simultáneo, la Escuadrilla Aeronaval de Exploración desplegó sus aviones Neptune desde Río Grande y sobrevoló la zona para buscar sobrevivientes en una acción heroica, dado que casi se quedan sin combustible para aterrizar de vuelta en la costa.

Así logró identificar al primer grupo de balsas en altamar.

"Si no hubiera sido por ese avión, hubiera sido imposible hallarlos porque el viento y las corrientes marinas habían llevado las balsas a casi 100 kilómetros de donde había sido hundido el crucero", explicó el santafesino.

A las 2 de la tarde del 3 de mayo, el Piedrabuena avistó la primera balsa y comenzó con un operativo de salvamento que se extendería por tres días más, hasta rescatar a un total 270 sobrevivientes, casi el doble de su dotación.

"Muchos de los que rescatamos se repusieron a las dos o tres horas y empezaron a colaborar en la tarea de rescatar y recibir a sus pares. Otros estaban gravemente heridos y algunos lamentablemente fallecieron", recordó.

En ese momento, el Piedrabuena "quedó chico para tanta gente": "El barco seguía buscando gente de día y de noche. Fue una tarea titánica en la que se convivió, ayudó y comió lo que se pudo, como se pudo", concluyó Schweighofer.

(Télam)