La Tarjeta Alimentar cumplió con su primer objetivo de "combatir el hambre" en los sectores más postergados, pero especialmente sumó calidad a los alimentos a los que accedieron niños y niñas que integran el millón y medio de familias que contó con ese instrumento desde el inicio de la pandemia de coronavirus, según quedó expuesto en un análisis realizado hoy por especialistas.

Encabezado por el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, se realizó en forma virtual y a instancias de esa cartera un "Diálogo sobre los efectos de la Tarjeta Alimentar durante la pandemia", que incluyó la presentación de informes de especialistas.

Participaron la secretaria de Inclusión Social, Laura Alonso; Ianina Tuñón, investigadora docente de la Universidad Católica Agentina y coordinadora de un proyecto Covid-19 de la Universidad Nacional de La Matanza; Isaac Rudnik, director del Instituto de Investigación, Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci); y Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social y Monitoreo de Unicef.

A 15 meses de su implementación, la Tarjeta Alimentar demostró ser un instrumento válido en favor de una "política de desarrollo local y de la niñez", que no sólo combatió el hambre, sino que también "mejoró el valor nutricional de la comida de los chicos", expresó Arroyo, al abrir el encuentro.

La tarjeta surgió como una "respuesta inmediata a un brutal proceso de deterioro económico y social en el país que se produjo en los últimos años y que puso en riesgo la situación nutricional y el acceso a una alimentación sostenible para un porcentaje relevante de familias argentinas", recordó.

A partir de ahora, el Ministerio tiene en evaluación la idea de redefinir "hacia qué universo podría ser orientado y extendido" el beneficio y si se sumarán modalidades por edad, por tipo de discapacidad o hacia determinados jubilados que cobran el haber mínimo.

Si bien los investigadores que participaron del diálogo revelaron que utilizaron distintos métodos para analizar el programa, todos coincidieron en destacar que su implementación fue una "política orientada a los niños, que busca lograr equidad en la infancia".

En ese contexto, Rudnik dio cuenta que se analizó la situación de 20.260 jefas de hogares, de las cuáles sólo la mitad de contaba con la Tarjeta Alimentar y a partir de allí hicieron un estudio comparativo desde distintas aristas.

El Ministerio tiene en evaluación la idea de redefinir "hacia qué universo podría ser orientado y extendido" el beneficio y si se sumarán modalidades por edad, por tipo de discapacidad o hacia determinados jubilados que cobran el haber mínimo.

"Quienes contaban con la tarjeta pudieron aumentar en un 45% la cantidad y calidad de los alimentos", detalló Rudnik.

A través de los datos que aportó el director del Isepci se supo que el programa favoreció la compra de carnes, leche, huevos y verduras y que los cortes más elegidos y los platos más consumidos son las milanesas y la carne picada, aunque también quedó en evidencia que la tarjeta facilitó el acceso a elementos de higiene personal y para el hogar.

En el caso de Tuñon, la investigación se hizo sobre un grupo "experimental" de quienes sí cuentan con el plástico y otro denominado de "control", compuesto por hogares que por sus características podían ser beneficiarios del programa, pero no lo eran.

En ese contexto, la investigadora concluyó que quienes tienen el beneficio "tuvieron mayor seguridad alimentaria" y "mayor acceso a productos como huevos, legumbres, limpieza e higiene femenina".

Tuñon destacó además que "la tarjeta física resultó ser más protectora" para los beneficiarios, que la modalidad establecida por un sistema de transferencia bancaria.

En este punto, Arroyo explicó que se está trabajando en la implementación de un código QR en los celulares, que ampliaría el acceso a comercios de cercanía que a veces no cuentan con el postnet de la Tarjeta Alimentar.

Por su parte, Waisgrais hizo hincapié en que "el sistema de protección social fue muy fuerte en 2020" y que las tres cuartas partes de los hogares dijeron que podían comprar más que antes y "mayor variedad de alimentos".

El representante de Unicef alertó sobre la existencia de hogares "que están apenas sobre la línea de la pobreza, que no tienen cercanía con el Estado y que hay que empezar a atender" porque no saben cómo gestionar pedidos de ayuda.

"Podemos concluir que la tarjeta Alimentar es una política de Niñez y Desarrollo Local", reafirmó sobre el final del encuentro, Arroyo, quien declaró que el desafío hacia adelante es ver si el beneficio se "extiende por edades, por personas con discapacidad o hacia jubilados que cobran la mínima". (Télam)