Una mujer declaró hoy que el secuestro de sus padres en 1977 durante la última dictadura cívico militar "fue en secreto, un estigma profundo y espantoso" debido a que se enteró de los hechos a partir de una tía, al exponer su historia en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad Megacausa Zona V que se sigue en los tribunales federales de Bahía Blanca.

Además, la testigo relató que se debió hacer un estudio de ADN ante las sospechas que tuvo debido a que su madre sufrió vejaciones sexuales cuando estuvo detenida junto a su padre en el centro clandestino de detención conocido como "La Escuelita" de Bahía Blanca.

Se trata de Julieta Gastañaga, de profesión antropóloga, quien brindó su testimonio de forma virtual y en referencia a sus madre y padre Isabel Fortesa y Eduardo Gastañaga durante la audiencia a cargo del Tribunal Oral Federal, integrado por los jueces Ernesto Pedro Sebastián, Sebastián Foglia y Marcos Javier Aguerrido, en la sede judicial ubicada en la calle Chiclana y Lavalle de Bahía Blanca.

En este proceso oral y público se encuentran imputadas 38 personas, entre ellos militares y expolicías federales y bonaerenses por delitos en perjuicio de 334 víctimas.

"Son mis padres, soy la primera hija de cinco, ellos fallecieron. Mi madre en el 2016 y mi padre en el 2020", señaló la mujer al comienzo de su testimonio a través de la plataforma de Zoom desde la Capital Federal.

Gastañaga dijo que sus padres "fueron víctimas de secuestro y desaparición, y tiempo después fueron dispuestos en libertad".

"El hecho del secuestro como tal fue un secreto, un estigma profundo y espantoso, que en mi casa estaba prohibido hablar de política. El cotidiano de ciertos temas era bastante difícil", comentó.

En ese sentido sostuvo que se enteró de la captura de sus padres porque "mi tía, la hermana de mi madre, que sin querer metió la pata" al decir "'cuando tus padres estuvieron secuestrados' y eso "me llevó a mis 17 años a preguntarles (a sus progenitores) que es lo que les había ocurrido".

"Era tanto el temor, el pánico que tenían, que se supiera, que tenían miedo que nos ocurriese algo a nosotros", expresó.

La testigo señaló que "fueron secuestrados en 1977, durante Semana Santa.

"En un momento los liberaron. Le hacen un simulacro de fusilamiento y luego lo vuelven a secuestrar. Creo que el miedo nunca se les fue en toda su vida. Mi madre sufría pesadillas, mi padre tuvo cuatro veces cáncer, mi madre murió de esa enfermedad", agregó.

Gastañaga dijo que "luego de un tiempo se animaron a declarar, les costó muchísimo, comenzaron a hablar del tema".

"Se que sufrieron torturas. El que más se expresó sobre todo esto fue mi padre. Lo picanearon muchísimo. Le pegaron, le hicieron pasar hambre, sed. En su cautiverio se hacía pis y caca encima. Pasó frio. Todas esas situaciones la debió padecer en el encierro y la privación ilegítima de la libertad. Fue sometido a un contexto de mucha vulnerabilidad", expresó.

Gastañaga dijo que "él (su padre) siempre habló mas que mi madre solo mencionaba situaciones de mucha indignidad, de estar escuchándolo a mi padre en las sesiones de tortura, de reconocer sus gritos, incluso los lamentos de compañeras de secuestro embarazadas".

"Mas que nada ella describía el entorno no hablaba casi nada de ella, no podía", observó durante su testimonio.

La mujer indicó que "estuvieron secuestrados en La Escuelita", en referencia al ex centro clandestino de detención ubicado en el Comando en V Cuerpo del Ejército.

"Yo sabía que a las mujeres las violaban cuando estaban detenidas. Mi nacimiento coincidió con los nueve meses de que hayan sido secuestrados", dijo

E indicó: "Tiempo después que falleciera mi madre mis hermanas a los pocos días se aparecieron en Buenos Aires, me lo vi venir, de que papá no es papá".

"Mi madre toda su vida me rechazó profundamente, tuve una infancia horrible, no se la deseo a nadie", sostuvo al señalar que "mis hermanas me vinieron a decir que mamá en su lecho de muerte le había confesado a una amiga que nunca supo si yo era hija de Eduardo o de alguno de los hombres que sucesivamente la habían violado durante el secuestro".

Gastañaga agregó que "fue una especie de redención porque estos casos no son los heroicos de identidad, no se hablan y toda mi vida padecí una sospecha espantosa".

"Decidí ponerle fin a la sospecha, decidí hacerme un análisis de ADN que dio positivo, soy hija de Eduardo Gastañaga en un 99,98%, tengo el análisis", afirmó la testigo al indicar que "agradezco al cielo que no haya dado otra cosa porque el desamparo que tenemos quienes hemos cargado con esta cruz además de la cruz de nuestros padres como sobrevivientes".

Gastañaga señaló que le dijo a su padre que "necesitaba hacerme el ADN, si el quería para respetarlo a él, me dijo que soy su hija, pero hagámoslo" al indicar que "al principio le costó mucho tocar el tema".

"Recuerdo cuando estuvo internado antes de fallecer en el 2020 me dijo soy muy cagón, tuve mucho miedo y no podía ver las cosas", agregó entre lágrimas.

La mujer agregó también que "en mi caso debí continuar con mi trabajo, con mis días, pagar una terapia privada, hacerme un análisis de ADN por mi lado sin ningún tipo de soporte ni de reconocimiento simbólico de la tragedia para mi psiquis, lo llevo como puedo".

"El silencio en mi casa era el síntoma del pánico, del terror absoluto, era la forma que tenían de protegerse, a su vez de subsistir, de seguir viviendo en la misma ciudad, mi padre decía que a veces cuando nos llevaba a la escuela primaria veía a uno de sus torturadores en la esquina", puntualizó.

(Télam)