(Por Leonardo Castillo) Un joven guardiamarina lideraba hace 50 años una sublevación de suboficiales y soldados de la Armada que decidían tomar la ESMA y salir en camiones desde esa unidad de la marina hacia la localidad bonaerense de Lomas de Zamora, donde planeaban resistir cualquier intento de la dictadura militar de Alejandro Agustín Lanusse de impedir el retorno de Juan Domingo Perón, que se encontraba en vuelo hacia la Argentina después de haber permanecido 17 años exiliado.

"Era una forma de demostrar que había otras Fuerzas Armadas. Éramos militares jóvenes que estábamos consustanciados con las luchas populares que se desarrollaban en esos años entonces y nos negábamos a reprimir", señaló en diálogo con Télam Julio César Urien, quien, cuando era un joven oficial de 22 años, encabezó en 1972 una rebelión en el corazón de una de las instituciones más antiperonistas del país.

Tras ingresar como cadete en la Marina en 1968, Urien egresó como oficial naval a fines de 1971 y fue asignado al Batallón de Infantería de Marina (BIM) 2 con asiento en la base de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca.

Eran tiempos de una gran movilización social y política, y ese clima también se había trasladado a las filas de la Fuerzas Armadas.

"Con varios de mis compañeros de promoción nos sentíamos identificados con las ideas del peronismo, y queríamos un cambio social y político para dejar a tras esa dictadura que impedía la expresión popular", recordó Urien.

Julio César integraba la promoción 100 de oficiales de la Armada y egresó de la escuela naval con oficiales como Alfredo Astiz y Ricardo Cavallo, dos genocidas que formaría parte del Grupo de Tareas 3.3.2 que operaría en la ESMA durante la última dictadura cívico militar.

Tras el egreso, los guardiamarinas de la promoción de Urien fueron asignados a distintas bases navales, pero quienes mantenían una identificación con el peronismo siguieron en contacto y establecieron vínculos con militares de otras armas.

Tras los fusilamientos de militantes políticos en la base d Almirante Pedro Zar de Trelew, en agosto de 1972, la Armada decidió movilizar a parte del BIM 2 desde Puerto Belgrano a la ESMA y conformar grupos de tareas que estuvieran listos para una eventual represión, en un contexto en el cual el retorno de Perón a Argentina era inminente.

"Cuando egresamos entramos en contacto con suboficiales y soldados que eran peronistas y la idea de hacer un levantamiento si se impedía el regreso de Perón se fue gestando entre todos nosotros, allí en la ESMA", aseguró Urien.

Poco antes del arribo al país de Perón, el Servicio de Inteligencia Naval obtuvo información sobre una posible sublevación.

Hubo relevos por parte de los jefes, cambios de guardia y algunos soldados que se los identificó con el peronismo resultaron arrestados e interrogados sobre sí sabían algo sobre un levantamiento.

Los suboficiales y dragoneantes que respondían a Urien decidieron que no podían esperar más. O se rebelaban o eran detenidos.

En la noche del 16 de noviembre, se dispusieron a tomar la guardia de la ESMA, pero Urien fue capturado antes por un capitán de apellido Iribarne que lo trasladó detenido al casino de oficiales.

No obstante, la sublevación siguió y poco después se logró la toma de la guardia por parte de unos 200 efectivos que lograron capturar a Iribarne como prisionero y reducir a varios oficiales.

Sin suerte, intentaron rescatar a Urien, que estaba detenido en el casino, pero, ante la resistencia de los marinos a entregarlos, decidieron continuar y salir de la ESMA en camiones, jeep y colectivos hacia la plaza de Lomas de Zamora, donde se atrincherarían a la espera del regreso de Perón.

Identificados con cintas celestes y blancas, los amotinados salieron de madrugada, mientras Perón con su comitiva volaba hacia la Argentina, iban en un convoy por la General Paz y se animaron incluso a cantar la marcha.

La Armada, el arma que más se había opuesto a Perón, que había bombardeado Plaza de Mayo para derrocarlo y fusilado militantes políticos cuatro meses atrás, asistía a una rebelión al interior de sus filas en nombre del líder político que era considerado como un tirano por su alta oficialidad.

La idea era entrar en contacto con Montoneros, pero las comunicaciones fallaron y también se propagaron por esas horas rumores de todo tipo sobre el batallón sublevado.

Se llegó a decir que se trataba de una unidad que estaba bajo las órdenes del almirante Isaac Rojas se aprestaba a detener y asesinar a Perón.

En la Plaza, los amotinados resultaron cercados por efectivos del batallón de tanques de Ejército que tenían asiento en Azul que había sido desplazado a Buenos Aires en medio de la tensión que el regreso del líder originaba en los sectores populares.

"No hubo posibilidad de coordinar nada. En esa unidad del Ejército había gente que pensaba como nosotros, pero no sabía en ese momento qué era lo que queríamos. Pienso que si hubiera salido de la ESMA me hubiera atrincherado con los hombres del Batallón y hubiera negociado una rendición pidiendo intervención de Perón", sostuvo Urien.

Cercados, los suboficiales le encargaron a Iribarne que negociara una rendición. Algunos lograron evadirse y pasar a la clandestinidad, condición en la que cayeron capturados.

A Urien los trasladaron al penal de Magdalena, donde un día recibió la visita de un oficial naval que le dejó una clara y temible advertencia.

"Vea, usted quiere una revolución. Sepa que eso no va a suceder. La Marina va a impedirlo y si para hacerlo tiene que matar a un millón de personas lo hará", le dijo el oficial en una clara advertencia de los tiempos que se avecinaban, rememoró.

En marzo de 1973 hubo elecciones y, el 25 de mayo de ese año, a poco de la asunción de Héctor Cámpora como presidente, se decretó una amnistía general que benefició también a todos los sublevados de la ESMA.

Sin embargo, no pudieron recuperar sus grados militares y en 1974, por disposición del gobierno de Isabel Perón quedaron en situación de baja de la Armada.

Urien se integró a Montoneros y en mayo de 1975 lo detuvieron y estuvo preso hasta 1983, en varias cárceles del país.

Pese a estar legalizado, los militares lo pusieron en la denominada "fila de la muerte", donde se encontraban los presos políticos que serían ejecutados como represalia si las organizaciones armadas emprendían alguna acción.

En 2005, Urien recuperó su condición militar y le devolvieron dos grados y se retiró como teniente de fragata de la Armada.

En la actualidad, encabeza la Fundación Interactiva para la Promoción de la Cultura del Agua (Fipca) y está activamente involucrado en la defensa del acceso a Lago Escondido, en un predio que ocupa el magnate británico Joe Lewis.

En marzo de este año, el presidente Alberto Fernández decretó la reincoporación de otros diez suboficiales que habían sido dados de baja de la fuerza, como una forma de cerrar uno de los capítulos menos conocidos de las luchas que se desarrollaron en los años '70. (Télam)