Rolando Máximo Pacholczuk combatió hasta el final de la Guerra de Malvinas con un fusil que no disparaba, sus superiores nunca le proveyeron de otra arma y cayó en combate durante la contienda bélica con Gran Bretaña de 1982.

Ahora, el rostro de Rolando, al igual que otros 14 soldados oriundos de La Plata que no pudieron volver a casa tras el conflicto del Atlántico Sur, desde hoy están retratados en las carrocerías de los colectivos que circulan por las calles de la capital bonaerense.

"Entre tantas atrocidades que cometió la dictadura en Malvinas está el haber dejado a un soldado frente a un enemigo todopoderoso como los británicos con un fusil que nunca disparó, desde la primera prueba de tiro estuvo inutilizado", recordó a Télam el vicepresidente del Centro de Excombatientes Islas Malvinas (Cecim) de La Plata, Hugo Robert.

Pacholczuk era compañero de trinchera de Robert y murió el 16 de junio de 1982, cuando era trasladado a continente muy malherido a bordo del buque hospital Almirante Irízar, tras portar un arma que no disparaba.

"Yo acompañé a Rolando a avisar a los superiores que el fusil no disparaba, los superiores lo sabían y nunca lo evacuaron, si no le podían dar otra arma debieron haberlo sacado de la línea de fuego", sostuvo el vicepresidente del Cecim.

El fusil de Rolando nunca disparó. El arma no funcionaba y aun así debió portarla durante todo el conflicto de Malvinas, hasta el 14 de junio de 1982.

"A Rolando lo hieren en el último repliegue, cuando faltaba poco para llegar al puesto comando que era el punto en el que debíamos encontrarnos en el repliegue. En los últimos metros éramos 3 los que veníamos: Héctor Correia, Rolando y yo. Estaba oscuro, era de noche, y no veíamos dónde estaba el puesto", recordó Robert.

Tras discutir sobre el camino más rápido para llegar, Correia y Rolando decidieron seguir un camino y Hugo otro.

"Ellos terminaron cruzándose con un río de piedras filosas que complicaban el paso; yo llegué primero porque acerté el camino, fue instinto, fue cara o ceca", dijo con pesar.

Recordó que "ese repliegue fue dantesco, con las bengalas que tiraban los ingleses para iluminar la escena de combate".

"Iba a continuar el repliegue cuando me avisan que llegaban ellos, y ahí lo veo al "Chueco" Correia que llega aturdido por un bombazo que lo deja sordo, de hecho quedó con dificultades en un oído. Y a Rolando las esquirlas le pegan en la espalda, se la barren", rememoró Robert.

Cuatro compañeros cargaron a Rolando en una lona para llevarlo hasta la posta, y el referente del Cecim afirmó: "Cuando cuentan la de Rambo, los cañonazos, yo pienso en que había que volver sobre sus pasos para ir a buscar a un compañero herido".

Y agregó: "Combatiendo hicimos lo que pudimos, pero en el medio del feroz bombardeo había que volver a buscar a un compañero".

Rolando estaba consciente, muy adolorido. Y finalmente murió cuando era trasladado en el Irízar, a raíz de una infección generalizada producida por las esquirlas alojadas en su espalda.

"Lo que hicieron con Rolando fue un delito, no se pudo tipificar como delito de lesa humanidad pero fue delito y como acción criminal ya está prescripta", lamentó.

El excombatiente dijo "el teniente primero García, que era el jefe de la Compañia , entre tantas perlas como las de haberse retirado del combate antes que sus soldados, debe cargar en su conciencia con esto, él sabe que en el frente hubo un soldado que estuvo toda la guerra con un fusil que no disparaba, me encantaría saber por qué nunca lo evacuaron o le consiguieron un fusil que disparase"

"No nos conocíamos de antes de la guerra, fue mi compañero de trinchera y mi amigo de Malvinas, y voy a llevar siempre esa amistad, la alegría de recibir una carta o conseguir un poco de comida, y me llevo su sonrisa generosa y ese vozarrón que tenía. Es un tipo que llevo conmigo todos los días", dijo emocionado.

(Télam)