Por Nicolás Poggi

La politóloga e investigadora María Esperanza Casullo sostuvo que la oposición tiene "severos problemas para construirse desde una identidad positiva", a la vez que advirtió que "hay muy pocos países donde esté tan polarizada la discusión alrededor de la pandemia" como en Argentina, un fenómeno que atribuyó a la lógica de la grieta.

Profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Río Negro y autora del libro "¿Por qué funciona el populismo?" (2018), Casullo puntualizó, en una entrevista con Télam, que así como Cambiemos fue constituido "a partir del antikirchnerismo", la unidad de la coalición de gobierno del Frente de Todos también "se construyó en oposición al macrismo".

Además, evaluó que la "lógica indignatoria" en torno a muchos aspectos de la gestión de la pandemia, como la presencialidad de las clases, está más presente en la "discusión de la política y los medios" que en la sociedad.


Télam: ¿Cómo ve la disputa política en medio de la segunda ola de la pandemia?

Esperanza Casullo: Si bien la pandemia, en tanto crisis, genera siempre impacto político, hay muy pocos países en donde esté tan polarizada esta discusión como en Argentina. Hay algunos casos, como Estados Unidos, donde es cierto que el Partido Republicano y las posiciones trumpistas quedaron asociadas a rechazos de ciertas medidas sanitarias; o España, donde la figura de Isabel Díaz Ayuso en Madrid también parece muy relacionada con el rechazo a la cuarentena, pero en ningún país de América Latina, de los que sigo, es tan fuerte la polarización alrededor de esos temas.


T: ¿A qué atribuye ese fenómeno?

EC: En Argentina, desde hace por lo menos 10 años, están muy polarizados todos los temas. La lógica kirchnerismo-antikichnerismo, o Gobierno-oposición, refracta en todos los temas de la agenda política nacional. Si bien hubo una excepción en los primeros meses de la pandemia, a partir de agosto o septiembre de 2020 la agenda ya estaba muy polarizada. Esto tiene que ver con lo que es hoy la estructura de la oposición en Argentina.


T: ¿En qué sentido?

EC: Si se ve Chile, la oposición es muy fuerte con respecto a (Sebastián) Piñera pero la respuesta a la pandemia no es el tema principal; tampoco en la actual campaña electoral en Perú. Ni siquiera uno puede verlo en la oposición a (Jair) Bolsonaro en Brasil, donde uno pensaría que, dados los malos resultados sanitarios, sería mucho más fuerte y no lo es.

La oposición, desde hace unos 8 o 9 meses, se opone absolutamente a todos las medidas que tome el Gobierno en la pandemia. Eso tiene que ver con la composición de la oposición en Argentina, que se construyó a sí misma desde el eje anti-kirchnerista y hoy tiene severos problemas para construirse desde una identidad positiva que tenga que ver con un programa de gobierno propio.

Para la figura más representativa, que es Mauricio Macri, es difícil decir 'Vótenme a mí porque voy a hacer esto'.

Por otro lado, lo que expresa o permite este manejo tan polarizado de la pandemia es una manera de jugar la interna en Cambiemos. Esto le sirve a Cambiemos para construirse en una identidad de oposición cerril al Gobierno. Hay una puja entre Macri y otros que tienen responsabilidad de gestión y que aspira a sucederlo como líder, como pueden ser (Horacio Rodríguez) Larreta o Gerardo Morales.


T: ¿Tiene razón el Gobierno cuando acusa a la oposición de "hacer política" con la pandemia?

EC: Todos hacen política con todo. Es lo que hace la oposición. Yo refinaría esa idea. Lo que resulta impresionante es cómo la oposición tiene un único registro que es de la indignación. Si la oposición quiere utilizar la pandemia para construir un discurso que sea electoralmente atractivo, es lo que hacen las oposiciones y para eso está la democracia, así como seguramente el Gobierno también está pensando que la vacunación puede llegar a servirle en las elecciones. Lo interesante es que la única opinión de la oposición es esta sobreoferta de indignación.

Por ejemplo: Gerardo Morales diciendo que va a comprar vacunas es hacer política con la pandemia pero mostrando una iniciativa en el manejo. La oposición no hace esto. Qué éxito sería para Macri o cualquier figura opositora decir que consiguió vacunas o tantos respiradores y posicionarse desde otro lugar. Eso no sucede. Sólo hay indignación sin futuro y sin pasado.


T: ¿Qué mirada tiene respecto del debate sobre la presencialidad en la educación?

EC: En momentos de saturación del sistema de salud la sociedad apoya, no hay mucho debate. Este debate, como se dio en los últimos meses, refleja que esta lógica indignatoria está mucho más en la discusión de la política y los medios que en la sociedad. Si se ven todas las encuestas, la sociedad quiere la presencialidad en las escuelas pero comprendió que, en los momentos de saturación, las escuelas tenían que cerrarse como se cerró todo, y que este discurso indignado tiene mucha menos pregnancia de lo que se supone. Hay una desconexión entre el "ruido y la furia" que uno ve cuando entra a los portales y prende la TV y las opiniones y las conductas sociales que son mucho más racionales que los debates que se dan en la esfera pública.


T: Teniendo en cuenta sus estudios sobre populismo, ¿cree que los dos frentes políticos mayoritarios, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, son populistas?

EC: Sí y no. Argentina tiene dos identidades políticas muy fuertes, con fuertes tensiones internas que hoy están ocluidas por la común oposición a un adversario. Estar frente a un "ellos" ayuda a construirse como un "nosotros". Cambiemos está constituido a partir del antikirchnerismo, pero también la unidad del Frente de Todos se construye en oposición al macrismo. (Télam)