El exmarino Roberto Guillermo Bravo continuó con su declaración en la tercera audiencia del juicio civil que se le sigue en una corte de Florida, en Estados Unidos, por su responsabilidad en la Masacre de Trelew, cometida el 22 de agosto de 172 en la base Almirante Zar de la Armada, donde fueron asesinados 16 militantes políticos que se encontraban detenidos.

Además, le siguió el testimonio de familiares de las víctimas que también declararon luego que en la segunda jornada de este proceso oral y público la querella considerara que el testimonio de Bravo estuvo plagado de "inconsistencias".

El exmarino retomó ayer al estrado para responder al interrogatorio de horas que le hizo su abogado, según se informó en la página del Centro de Estudios Legales y Sociales (Cels), que asiste legalmente a los familiares de las víctimas en la demanda civil que presentaron contra el exoficial naval argentino que reside en Estados Unidos desde 1973.

En su declaración de la tercera jornada del juicio, Bravo contó que el 15 de agosto de 1972 --día de la fuga de la Prisión de Rawson que protagonizaron de forma conjunta militantes de FAR, ERP y Montoneros-- , estaba en Buenos Aires y le ordenaron que volviera a la base aeronaval de Trelew, donde fueron alojados los presos políticos que no pudieron completar el escape.

En esa unidad militar se le encargó vigilar a 19 prisioneros, con quienes tuvo "interacciones mínimas hasta el 22 de agosto, fecha en que, al estar trabajando en documentación reglamentaria, un marinero vino a las 3:00 a decirle que debía ir a ver a los detenidos", según se detalló en la comunicación difundida por el Cels.

En ese momento, "Bravo se levantó, colocó la pistola al cinto y caminó hasta el bloque de las celdas y dibujó en la audiencia las posiciones en un esquema" para sea visualizado por los integrantes del jurado.

Luego, "atestiguó que, al ingresar al bloque se encontró con los cabos Carlos Marandino y Marchand (fallecido), quienes vigilaban a los prisioneros".

"Marchand le pidió permiso para irse porque no se sentía bien, y se fue casi al mismo tiempo que entraron los efectivos de la Armada Luis Emilio Sosa, Emilio Del Real, y el Capitán Herrera (fallecido)

"Marandino le dijo a Bravo que los prisioneros estaban tratando de comunicarse entre sí, y Sosa dio la orden de sacar a los prisioneros de sus celdas" según la reconstrucción del Cels, y se detalla también que el imputado "agarró la ametralladora que dejó Marchan, y Del Real tomó una pistola".

En este punto, Bravo "testificó que Marandino abrió las celdas y que luego Sosa ordenó a los prisioneros salir de sus celdas y quedarse parados. Bravo contó que Sosa caminó ida y vuelta por el pasillo entre las dos filas de prisioneros mientras los sermoneaba a viva voz. Cuando Sosa volvió al frente, Bravo dijo que se desencadenó todo con rapidez. A Sosa se le aflojaron las rodillas y el prisionero (Mariano) Pujadas se hizo de la pistola calibre 45 del capitán Sosa".

También se informó que "Bravo indicó que no recordó haber visto a Pujadas moverse antes de tomar la pistola y disparar; creyó haber visto explotar la llama dos veces al extremo de la pistola y pensó que se la apuntaba hacia él".

Luego, dijo que "parecía que los prisioneros se movieron todos hacia él sin darle tiempo a deliberar; en lo único en que pensó fue en que tenía que detenerlos".

En este punto, el organismo indicó que "Bravo describió su tiroteo como la reacción de una fracción de segundo y explicó que disparó a cierta altura para evitar darle a Sosa" al tiempo que le dijo al tribunal que "llamó a guardias y médicos" y que "cuando todo hubo pasado, fue aislado" para que se realizara una "investigación"..

Por otra parte, cuando se le mostró a Bravo un informe publicado por los militares argentinos en diciembre de 1972 que concluyó que cumplió con su deber y no debía ser castigado, el declarante dijo que no participó en la elaboración del documento "confidencial" y que pudo verlo recién en 2009.

Además, Bravo disputó la exactitud de varias secciones del informe y explicó que después del incidente, se quedó por cuatro meses en Argentina antes de ser transferido a los Estados Unidos como agregado naval por la dictadura de Alejandro Lanusse.

Luego de su retiro, Bravo obtuvo la ciudadanía estadounidense y se convirtió en un próspero empresario que que obtuvo contratos con el Departamento de Defensa, y esta es la primera ocasión en la que debe responder por sus responsabilidades en la Masacre de Trelew.

A continuación, el abogado de los demandantes pidió a Bravo volver a dibujar las posiciones de las partes justo antes del tiroteo; donde hubo "inconsistencias" ya que "este dibujo mostraba a los prisioneros frente a frente, mientras su anterior dibujo los mostraba de cara a los oficiales".

En tanto, el jurado vio el vídeo de una declaración jurada del abogado Julio Cesar Ulla, hermano de la víctima Jorge Ulla.

El letrado reveló que, después de enterarse de la muerte de su hermano, su familia recibió el cuerpo con dos heridas: "una rodeada de hollín en el pecho y otra en el muslo" al tiempo que informó que "los militares no dieron una causa de muerte y que ningún doctor se animaba a hacer una autopsia por temor a represalias".

Por su parte, el patólogo forense William Anderson, explicó que lo tatuado en hollín en la herida del pecho de la víctima Jorge Ulla solo podía haber sido causado por "contacto directo". Opinó que los granos de pólvora listados en la autopsia de la víctima Rubén Bonet también coincidían con una herida causada por un disparo a quemarropa. Y luego, en contrainterrogatorio, Anderson reconoció no haber estado presente en la autopsia.

El jurado también vio la declaración jurada en vídeo, de Miguel Marileo, carpintero que hacía ataúdes en Trelew, quien precisó que pasada la masacre fue "obligado a ir a la Base Naval Almirante Zar en medio de la noche", y que "vio en camillas a tres sobrevivientes heridos "gimiendo" y a 16 cadáveres desnudos".

"Dos cuerpos de mujeres le impresionaron en particular: una, notoriamente embarazada, con heridas de bala de los senos para abajo, y la otra con una sola herida en la nuca", dijo y añadió que "terminado su trabajo en la prisión, afirmó haber sido amenazado por un militar para que nunca revelara nada".

Asimismo, en la audiencia se vio la declaración jurada - en vídeo también- del cabo Marandino, quien recordó que Bravo "le ordenó abrir las celdas de la prisión y luego irse. Dijo que cuando volvió al poco rato, Bravo le instruyó revisar los cuerpos de los prisioneros" y atestiguó que "después volvió a Argentina para comparecer en juicio".

Por último, se le mostró al jurado la declaración jurada en vídeo de Marcela Santucho. La hija de Ana María Villarreal de Santucho, víctima de Trelew, explicó que, tras enterarse de la trágica muerte de su madre, su familia se vio expuesta a acoso y secuestro.

El lunes comenzó el juicio tras la demanda presentada por familiares de cuatro víctimas de la masacre de Trelew (Eduardo Cappello, Rubén Bonet, Ana María Villareal de Santucho y Alberto Camps) e impulsada por abogados del Cels y el Center for Justice Accountability (CJA), un organismo de derechos humanos estadounidense.

(Télam)