Your browser doesn’t support HTML5 audio

20230517 Margarita Stolbizer

–¿Qué es lo que se pone en juego en las próximas elecciones en Argentina?

Bueno, por supuesto que muchas cuestiones. Desde el punto de vista formal institucional, no nos olvidemos que se va a elegir desde lo que es la fórmula presidencial, el caso de las gobernaciones, intendencias, o sea, mirar el panorama de los cargos electivos es de por sí, ya, enorme. Si a eso le agregamos también lo que me parece que es central, que es también tratar de definir un proyecto de país... A la Argentina desde hace mucho tiempo le falta un rumbo, un destino, un proyecto colectivo, una visión compartida de hacia dónde ir. Y creo además, tal vez esto muy enfocado en la coyuntura y en las últimas noticias, que la decisión de Cristina Fernández, ratificando que no será candidata, de la misma manera que lo hicieron antes Alberto Fernández y Mauricio Macri, yo creo que abre una oportunidad para que el sistema político pueda reformularse. Las respuestas a los problemas que la Argentina tiene no pueden ir de la mano de la antipolítica o de la no política. Es la política, pero es la buena política. Entonces lo que tenemos que discutir es un poco eso: cómo reconstruir la confianza social en las instituciones, que es tan, tan importante para encarar un modelo y un proceso de crecimiento y desarrollo para la Argentina. Entonces me parece que jugamos esto: la posibilidad de empezar a escribir una historia diferente.

–De acuerdo a su experiencia política, ¿qué cree que hay detrás de la decisión de Cristina Fernández de bajarse de la contienda electoral?

Es bastante difícil entrar en el pensamiento de Cristina Fernández, pero me atrevería a decir que tiene más que ver con cuestiones personales. Ella lo ha dicho en más de una oportunidad: ha llegado a ser dos veces presidenta de la Nación, vicepresidenta, ha ocupado todos los cargos posibles porque viene de abajo, ha sido legisladora, una cantidad de cosas. Y eso significa una carrera con un nivel de desgaste humano demasiado grande como para que ella tenga que seguir estando al frente de todo esto, con los problemas que el país tiene. Entonces, tal vez, que la señora quiera encontrar un punto para sustraerse de toda esta conflictividad y tal vez aportar más desde el afuera que desde el ejercicio práctico de la gestión tenga que ver con ese factor humano. Yo no descarto eso y trato de no pensar o hacer especulaciones sobre que pueda haber alguna otra cosa rara o diferente. Pienso más en el factor humano.

–También la consulto por un fenómeno ya de los últimos meses, que es el de la figura de Javier Milei. ¿Cómo analiza su irrupción en la vida política de la Argentina? ¿Le preocupan sus posicionamientos, sus miradas con respecto al sistema político en general del país?

Yo trato de separar algunas cuestiones. Primero, la verdad que trato de bajar un poco esta idea de que pueda ser un fenómeno él. Me parece que el hombre es el emergente de los fracasos de la política tradicional, dentro de la que yo me encuentro, por supuesto.

Entrevista realizada por Grupo La Provincia (grupolaprovincia.com)

Y esto implica una mirada hacia adentro y autocrítica sobre cuáles son los déficit que esta política tradicional ha tenido, en cuarenta años de democracia, para que pueda surgir un personaje como éste, que está claramente en la línea de la antidemocracia.

A mí no me preocupan su ideas, en realidad. Creo que la democracia es pluralismo y acepta la convivencia de sectores extremos, de derecha y de izquierda, en la medida en que la disputa se dé en el marco de las reglas de la democracia. Me preocupan más bien dos cosas.

Una es la violencia discursiva que tiene este hombre, con la descalificación de todo lo que no piensa igual que él, una mirada realmente muy, muy autoritaria. Lo ha hecho en los últimos días, por ejemplo, descalificando brutalmente, violentamente como lo hace, a (Ricardo) López Murphy, alguien que hasta podría estar más cerca de él en ideas liberales que lo que yo puedo pensar, y sin embargo me parece que es inconcebible, que el que no piensa igual es un traidor a la patria, y lo pone, por eso digo, en un discurso violento, y eso sí me preocupa.

Y mi otra preocupación ya no es él, sino los que creen que él y su magia pueden resolver los problemas de la Argentina.

Ayer, con las propuestas que él presentó, quedaron claras dos cosas, me parece, a esta altura.

Primero, que lo que propone son espejitos de colores y nada más. Son cuestiones absolutamente inviables. Muchas de ellas son contrarias a nuestros valores más importantes en términos, insisto, no de ideas (a mí el debate de ideas no me preocupa), pero muchas implican un retroceso respecto de conquistas en materia de derechos humanos que la Argentina tiene.

Y la otra cuestión es que queda claro es que el hombre no tiene conformado un equipo que pueda hacerse cargo de un gobierno, ¿no? No tiene una mirada federal del país. Ha elegido como compañera de fórmula a la señora que se sienta al lado de él en la banca de Diputados. Eso es todo lo que tiene, digamos, en ese armado. No hay profesionales que se puedan jugar. ¿Quién va a sostener el arancelamiento de la educación, de la salud, como está planteando? No hay ministros visibles que puedan ser ministros de un gobierno de este hombre.

Y yo no creo, sinceramente, tampoco, que termine siendo ese fenómeno que algunos dicen. Me parece que va a terminar pasando, si el sistema político, insisto, en el que me encuentro, toma el desafío de reformularse y abrir un camino distinto, que recupere la confianza hacia adelante.

–¿Por qué, entonces, ha manifestado que Javier Milei “es el mismo perro que el kirchnerismo, pero con diferente collar”?

En este sentido, que es ese discurso tan autoritario de los que piensan que los que no creen lo mismo que él, o dicen lo mismo que él, son traidores a la patria. Lo dije justamente a raíz de lo que él había planteado respecto de López Murphy, con quien uno puede tener discrepancias; lo que no puede decir es que es un traidor a la patria porque piense distinto de lo que yo pienso. Y son comportamientos realmente muy parecidos, sobre todo al kirchnerismo duro, a La Cámpora, que tienen siempre ese comportamiento de no reconocimiento del otro como alguien con quien vale la pena hablar, ¿no? Y yo siempre creo que la democracia es eso: es el diálogo, es el reconocimiento del otro, es esa convivencia aun en la diferencia de las ideas.