La justicia británica concluyó hoy que el autor de la explosión de un taxi en noviembre pasado en la ciudad de Liverpool, en el norte de Inglaterra, tenía la intención de matar.

Emad al Swealmeen, de 32 años y de origen marroquí, murió por la explosión dentro de un taxi justo frente a la entrada de un hospital de mujeres el 14 de noviembre, momentos antes de la conmemoración de las víctimas de las guerras en las cercanías del lugar.

En tanto, el conductor David Perry logró salir del auto justo a tiempo antes de la explosión, poco antes de las 11 de la mañana.

El forense Andre Rebello dijo que armó el artefacto con la "intención de matar" y concluyó que podría haber ultimado a "muchas, muchas personas inocentes".

No obstante, sostuvo que no está claro si tenía la intención de que el dispositivo se disparara en el momento en que lo hizo.

La policía ya había precisado que la bomba casera, que contenía bolas metálicas, podría haber causado "numerosas heridas graves o inclusive muertes" si hubiera detonado en otras circunstancias.

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Al Swealmeen nació en Irak y llegó legalmente al Reino Unido con una visa en mayo de 2014, relató el forense, según consignó la emisora británica Sky News.

Desmintió las versiones que afirmaban que era de ascendencia siria y que había solicitado asilo como refugiado de ese país.

El Tribunal Forense de Liverpool escuchó además las denuncias de que al Swealmeen se había convertido del Islam al cristianismo para mejorar sus posibilidades de asilo.

Cuando se registró el alojamiento de al Swealmeen, se encontró un Corán y una alfombra de oración, agregó el forense,.

El detective Andrew Meeks dijo que era correcto describir la dirección de Rutland Avenue, el domicilio de al Swealmeen como una "fábrica de bombas" pero que, hasta el momento, no había pruebas que sugirieran que alguien más hubiera ayudado a fabricar el dispositivo. (Télam)