Exministro del Trabajo y Secretario General del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y favorito en las encuestas, Olaf Scholz representa el ala más liberal de la formación política que busca encabezar el próximo Gobierno alemán y salir de la condición de socio minoritario de la coalición conservadora que mantuvo a la canciller Angela Merkel en el poder en los últimos años y a su fuerza en un desdibujado segundo plano.

Scholz, de 59 años, no es ningún improvisado en la arena política alemana; conoce a la perfección los pasillos y recovecos del poder, entre los que sabe moverse con habilidad y eficacia.

En su partido lo consideran un referente del sector más liberal y, por eso, de él no se esperan decisiones estridentes ni que constituyan un quiebre con las de Merkel, con quien ha sabido trabajar palmo a palmo.

Una de sus principales ventajas en esta campaña es que su figura política está exenta de grandes errores o escándalos, una característica que sumada a su imagen de alternativa previsible y poco controversial, es muy valorada por los alemanes, propensos a la estabilidad y refractarios a los cambios radicales.

Nacido en Osnabrück, en el estado de Baja Sajonia el 14 de junio de 1958, fue miembro del Bundestag (Parlamento) entre 1998 a 2011.

También fue miembro del Gobierno de Hamburgo bajo el primer alcalde Ortwin Runde, antes de su elección como secretario general del SPD en 2002, durante el mandato del líder y canciller Gerhard Schroder.

Después de dimitir como secretario general en 2004, se convirtió en el jefe de bancada de su partido en el Bundestag, y luego ingresó al primer Gobierno de Merkel en 2007 como ministro de Trabajo y Asuntos Sociales.

Cuando el SPD dejó el Gobierno tras las elecciones de 2009, Scholz volvió a dirigir el SPD en Hamburgo y llevó al partido a la victoria en las elecciones de 2011.

Fue primer alcalde hasta 2018 y aprovechó ese tiempo para representar a Hamburgo y Alemania a nivel internacional. Por ejemplo, ese año asistió a la cena de Estado ofrecida por el presidente Barack Obama en honor a la canciller Angela Merkel en la Casa Blanca.

Durante ese tiempo demostró no solo un liderazgo dentro del partido, sino también capacidad para negociar con otras fuerzas y gobernar en coalición, una cualidad hoy central para su candidatura.

Cuando en 2015 ganó con 46% de los votos las elecciones estatales de 2015 en Hamburgo, armó un Gobierno de coalición con Los Verdes y designó a la líder ecologista Katharina Fegebank como viceprimera alcaldesa.

Durante todo su mandato, siempre buscó proyección internacional.

Lideró la candidatura de Hamburgo para recibir los Juegos Olímpicos de Verano de 2024 con un presupuesto estimado de 12.600 millones de dólares, y compitió con ciudades como Los Ángeles, París, Roma y Budapest. Sin embargo, fueron los ciudadanos de Hamburgo quienes rechazaron la candidatura en un referendo: más de la mitad votó en contra del proyecto.

Pero ninguno de estos traspiés golpearon irremediablemente la imagen de Scholz.

Por eso, en 2017, tras un largo período de negociación poselectoral, tanto la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) de Merkel como sus aliados de la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) y el SPD lo aceptaron como el nuevo ministro Federal de Finanzas.

Finalmente, al año siguiente asumió no solo esa cartera, sino como vicecanciller del último Gobierno de Merkel.

Desde sus primeros meses en el cargo se convirtió en uno de los políticos más populares de Alemania. Llegó a alcanzar una aprobación del del 50%.

Esta popularidad incluso sobrevivió el año y medio de pandemia.

Durante este difícil período, Scholz fue la cara visible de una serie de paquetes de rescate sin precedentes para la economía del país, incluido un plan de estímulo de 130.000 millones de euros en junio de 2020, que ayudó a evitar despidos masivos y capear la crisis mejor.

Este año, ni el clima de campaña y la esperable confrontación política con sus rivales erosionó su imagen y sigue siendo el favorito en las encuestas.

El domingo pasado, Scholz fue por lejos el candidato que mejor midió entre los que siguieron el debate televisado, según todas las encuestas. (Télam)