La dispersión social y la ausencia de un partido mayoritario alimentaron la multiplicidad de candidaturas en las elecciones de mañana en Ecuador, según explicó a Télam el historiador e investigador del Instituto de Estudios Ecuatorianos Pablo Ospina.

-T: En estas elecciones hay 16 candidatos presidenciales, un récord en la historia de la democracia ecuatoriana, ¿a qué se debe?

-PO: Son 16 grupos políticos que consideran que tienen una oportunidad en medio de la dispersión, la confusión, el desconsuelo y la desconfianza que tiene la gente. En ese contexto, siempre puede aparecer un 'outsider', alguien desconocido, nuevo. Esa idea alienta las candidaturas y se quieren presentar como candidatos antisistémicos y de fuera del sistema, aunque se hayan beneficiado de él.

La dispersión en las candidaturas se explica además por el desmoronamiento del partido político que había sido dominante durante la década anterior, que era (el correísta) Alianza País. Cuando ese partido se abrió exactamente en siete pedazos alentó aún más la dispersión porque antes el tener un partido dominante -ya sea como mayoría o como primera minoría- desalentaba el cálculo de los políticos de salir con muchas candidaturas porque, en medio de la dispersión, ganaba la primera minoría siempre y eso favorecía al partido mayoritario. Ahora como no hay un partido mayoritario, todos calculan que podrían tener alguna posibilidad.

-T: ¿Las 16 candidaturas registradas manifiestan 16 visiones del país o se cae en la demagogia?

-PO: Desde el punto de vista de la oferta, la dispersión es de cálculo político respecto al contexto global de desesperación y de falta de un partido hegemónico. Desde el lado del votante, la crisis y el hartazgo alientan también la búsqueda de alternativas con discursos radicales. Es lo que se conoce como la polarización: mientras más logras expresar esa ira de la gente, mejor puedes conectar eventualmente con el electorado.

No es raro en ese contexto que haya todo tipo de ofertas: tienes gente que dice que le va a dar armas a todos para que se protejan de la delincuencia -hay dos candidatos que dicen eso, entre ellos Guillermo Lasso- o que le va a dar 1.000 dólares a un millón de familias -que es lo que dice Andrés Arauz- o que va a bajar los impuestos. También están las candidaturas contra la corrupción: van a meter presos a todos los corruptos y algunos lo harán al segundo día de su mandato, como Isidro Romero. Este tipo de posturas que expresan ira a veces pueden calzar y otras, la gente se da cuenta que son cosas inviables e imposibles. Mi hipótesis es que el electorado en general no espera milagros, sino que espera algo. En realidad, esperan muy poco de los políticos y por eso votan por el mal menor. Es como cuando uno compra el billete de la lotería: no te cuesta casi nada y por ahí te sale bien, pero en general compras sin ninguna confianza de que vas a ganar. (Télam)