La tensión no afloja en la frontera entre Ucrania y Rusia, y por eso la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladimir Putin, conversaron y se mostraron preocupados, mientras su par ucraniano visitaba la primera línea del conflicto con separatistas prorrusos en esa devastada región.

Tras esa conversación bilateral, el vicejefe de la administración presidencial de Rusia, Dmitri Kozak, prometió continuar defendiendo a la población en las provincias orientales ucranianas, fronterizas con Rusia, donde en abril de 2014 milicias prorrusas se levantaron y tomaron el control de parte de esos distritos en rechazo del nuevo Gobierno nacional, surgido de un levantamiento popular que incluyo a fuerzas de ultraderechas y con simpatías neonazis.

Después de cinco años de guerra y más de 13.000 muertos, el Gobierno ucraniano no logró recuperar el control de la mayor parte de dos provincias, Donetsk y Lugansk, y las milicias prorrusas fracasaron en sus esfuerzos por ser anexadas a la vecina Rusia, como sí sucedió cuando un grupo armado similar se levantó un mes antes en la Península de Crimea, en el sur de Ucrania.

Hoy Rusia volvió a comprometerse a "defender" la población, en su mayoría rusoparlante de la región oriental ucraniana en conflicto.

"Todo dependerá de la magnitud de incendio. Si, como dice nuestro presidente, allí comienza una (situación similar a la masacre de) Srebrenica, tendremos que defender" a los habitantes, aseguró Kozak en una conferencia de prensa, citada por la agencia de noticias Sputnik, en referencia a la limpieza étnica cometida en Bosnia en los años 90 que la ONU no evitó.

Kozak calificó a los separatistas prorrusos como "grupos armados aguerridos" con capacidad de defender a la población por ahora y agregó: "Estamos interesados en tener un estado amigable, tranquilo y estable cerca de nuestras fronteras."

Por su parte, Merkel hizo un pedido concreto para bajar la tensión en la zona: la reducción de la reforzada presencia militar rusa en la frontera.

La canciller "pidió que estos refuerzos militares se reduzcan con el fin de llegar a una desescalada" y Putin acusó a Ucrania de "las provocaciones que ha llevado a cabo últimamente para agravar deliberadamente la situación en la línea de contacto", según informó un comunicado del Gobierno alemán, citado por la agencia de noticias AFP.

Poco después, el presidente ucraniano, Vladimir Zelenski, llegaba a la primera línea de combate con los separatistas prorrusos en el este de su país para profundizar sus denuncias de violaciones a la actual tregua por parte de los rebeldes.

"Zelenski comenzó un viaje de trabajo a Donbass (nombre de la región). El jefe de Estado visitará las posiciones de primera línea donde últimamente se registran violaciones sistemáticas del alto el fuego y donde, como resultado de los ataques enemigos, fallecieron y resultaron heridos los defensores ucranianos", informó la Presidencia en un comunicado.

Según el texto, el mandatario viajó para apoyar a las Fuerzas Armadas en su guerra contra los separatistas y mantener "alta la moral".

La tensión entre Ucrania y los separatistas, por un lado, e indirectamente, la Unión Europea y Rusia, por otro, comenzó el fin de semana pasado cuando los milicianos en el este del país acusaron al Gobierno ucraniano de matar a un nene de cinco años con un drone en un pueblo cercano a la primera línea de combate.

Mientras Zelenski negó todo, Rusia anunció que está investigando el ataque y, en paralelo, negó que la movilización de tropas a la frontera con Ucrania representara una amenaza para ese país, como advirtió Europa y Estados Unidos. (Télam)