Polonia sumó 493 muertos por coronavirus en la última jornada y superó las 100.000 desde el inicio de la pandemia, justo cuando espera la llegada de la variante Ómicron tras haber sido seriamente golpeada por la Delta.

De ese total de fallecimientos, casi una cuarta parte -24.000-, corresponde a la ola que comenzó en octubre, mes para el cual las vacunas ya estaban ampliamente disponibles en Polonia pero mucha gente se resistía a recibirlas, como sigue sucediendo actualmente.

Esta marca sombría de 100.254 muertes se conoce en momentos en que la cantidad de contagios empieza a reducirse, tras el pico de la cuarta ola impulsada por la variante Delta, a la vez que se espera un nuevo repunte por la propagación de Ómicron.

Polonia reportó ayer sus dos primeras muertes por Ómicron, ambas en personas mayores y no vacunadas.

El ministro de Salud, Adam Niedzielski, informó que actualmente hay 18.000 hospitalizaciones, por lo que “la situación es más difícil" en comparación con olas anteriores.

Durante toda la pandemia, Polonia ha tenido dificultades en la atención sanitaria por la alta tasa de emigración de profesionales de la salud a países de Europa occidental y por años de desfinanciación del sector.

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Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Polonia es la nación de la UE con el menor número de médicos en activo en proporción a su población: solo 2,4 sobre 1000 habitantes, en comparación con 4,5 en Alemania.

Polonia también tiene solo 5 enfermeras por cada 1000 habitantes, por debajo del promedio de ocho la Unión Europea (UE) y muy por debajo de países más ricos como Alemania, que tiene 14.

La gran mayoría de las muertes en la última ola, el 83%, son de personas no vacunadas, según las autoridades.

Entre los más jóvenes -los menores de 44 años- más del 90% de los fallecidos no estaban vacunados.

La tasa de vacunación en Polonia es del 55,8%, mucho más baja que en los países de Europa occidental pero mucho más alta que en algunos otros países de Europa central, como Bulgaria y Rumania.

El Gobierno del primer ministro Mateusz Morawiecki ha alentado la vacunación, pero un amplio número de la población todavía se resiste.

Además, la negativa está presente incluso entre los propios partidarios del partido gobernante Ley y Justicia.

En los últimos días, una superintendente escolar y leal al partido en la provincia que rodea a Cracovia, Barbara Nowak, dijo que se oponía a que las vacunas fueran obligatorias para los maestros, una idea impulsada por el ministro de Salud.

(Télam)