Sin poder real y desde una Asamblea Nacional cuyo mandato ya venció, el líder opositor Juan Guaidó fue reelecto "presidente encargado" de Venezuela, un cargo que nunca logró ser más que simbólico en el país, pese a que cuenta con el apoyo internacional formal de Estados Unidos y varios Gobiernos de la región.

"Hoy gana la Constitución, hoy pierde Nicolás Maduro", celebró anoche Guaidó, según la agencia de noticias AFP, tras ser ratificado en una reunión virtual por dirigentes opositores que defienden la "continuidad" de la Asamblea Nacional (parlamento) que terminó formalmente su mandato porque, sostienen, la última elección legislativa no fue válida.

Pero ese no es la única dificultad que enfrenta líder el opositor que se sigue considerando "presidente" interino del país.

En el último año quedó claro que Guaidó no solo no posee ningún poder institucional real en Venezuela, sino que además ya no es la figura que aglutina al sector más grande del heterogéneo frente opositor. En parte porque su estrategia para derrocar al presidente Maduro no funcionó y en parte porque es muy cuestionado por el uso discrecional de los fondos de ayuda humanitaria recaudada en los últimos años, especialmente durante un recital en Colombia.

Ya en las elecciones regionales para definir gobernadores en noviembre pasado, el mandatario Maduro había dado por muerta a la autoproclamada "presidencia" de Guaidó.

"Es una especie de Frankenstein político que fracasó", afirmó el presidente, cuyo partido ganó en la mayoría del país en los últimos comicios, y agregó en referencia al apoyo de Estados Unidos y varios de sus aliados latinoamericanos e internacionales: "El imperialismo creyó que Venezuela le pertenecía y que ellos, de manera colonial, podían poner a un presidente".

Click to enlarge
A fallback.

Mientras Washington y varios Gobiernos de la región aún reconocen a Guaidó, la Unión Europea no le da el título de presidente, aunque lo considera el único interlocutor legítimo en Venezuela.

Pese a ello y a diferencia de Estados Unidos, conserva canales abiertos con el Gobierno de Maduro. Por ejemplo, envió una misión de observadores electorales en noviembre, que concluyó con un informe que reconoció ciertos avances institucionales, pero no validó los comicios como justos y transparentes por todas las trabas legales previas que sufrieron varias fuerzas y dirigentes opositores. (Télam)