En un escenario electoral ecuatoriano en el que la mayoría de las encuestas arrojan a cinco días de la primera vuelta de la elección general un balotaje entre el delfín correista Andrés Arauz y el empresario Guillermo Lasso, el movimiento indígena podría ser el árbitro en una segunda vuelta, aunque con la incógnita de qué sucederá tras la división de su dirigencia.

"El movimiento indígena, que tiene una tradición popular, con un perfil izquierdista, muy ligado a la lucha indígena, está ahora representado por un indígena que se corrió hacia el centro, que presenta un discurso ecológico liberal, y que en 2017 llamó a votar por Lasso", explicó a Télam Franklin Ramírez, profesor del Departamento de Estudios Políticos de Flacso Ecuador.

Esta tercera fuerza política se personifica en Yaku Perez, exgobernador de la provincia de Azuay y presidente de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI) -que agrupa organizaciones indígenas de diversos países de la región-, y se expresa políticamente en el partido del Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik.

Históricamente, no tienen suficientes votos para ganar la Presidencia, pero en medio de un escenario de muchos indecisos e intención de voto nulo -entre el 30% y el 60%, según las últimas encuestas- podrían ser los que definan cuál de los dos candidatos favoritos llega a ese cargo.

De acuerdo al investigador, el modo en que Pérez se está posicionando es bastante novedoso en el movimiento indígena, porque no representa el clásico discurso indígena y plurinacional, que se ubica en lo popular y antiliberal.

Pachakutik se creó en 1995 como la expresión partidaria del colectivo indígena, nucleando la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), la Coordinadora de Movimientos Sociales (CMS) y la Confederación Única Nacional de Afiliados al Seguro Social.

Solo una vez apoyó a un candidato presidencial ganador como propio, Lucio Gutiérrez, en 2003, y cuando este dio un giro ideológico de 180 grados, lo abandonó y terminó impulsando desde la calle su caída.

"Pérez se presenta como candidato luego de romper con la fracción más radical del movimiento indígena, que fue la que condujo la movilización de octubre de 2019, y mantiene relaciones hostiles con quienes lo lideran", explicó Ramírez.

Este sector más combativo se organiza en torno a la Conaie, el movimiento popular con mayor capacidad de movilización en el país y el único con poder de poner en jaque a un Gobierno, aunque los votos no le alcancen para tomar las riendas del Estado.

Para Guillaume Long, excanciller de Correa y actual candidato a asambleísta por el correísmo, hay dos grandes momentos de discordia dentro del colectivo indígena.

"Hay una facción muy importante dentro de la Conaie que se resintió con la forma en la que fue elegido Pérez. Hubo denuncias de que no fue un proceso consensuado y el movimiento le da mucha importancia a los procesos de consulta de las bases", dijo a Télam y sostuvo que esa división se dio por la visión política de Pérez.

"Es un neoliberal. Todo lo que propone lo vivimos en los 90 y se saldó con la crisis del 99. Juega la carta del indigenismo, comunitarismo, extractivismo, esa izquierda muy identitaria, pero hay sectores que priorizan otros elementos, como la igualdad, relaciones de clases, medios de producción, sistema político-económico, y no solo al tema identitario", profundizó.

Por su parte, Aparicio Caicedo, director del think tank (laboratorio de ideas) liberal Ecuador Libre y encargado del plan de Gobierno de Lasso, también consideró que se trata de "un voto dividido en esta elección".

"El electorado leal, el ciudadano indígena, hoy está en contra del correísmo y quizá cerca de Yaku. Muchos votan por Lasso, pero sí cierta parte de la dirigencia de las ramas más radicales e intolerantes de la Conaie, que están representadas por (Jaime) Vargas y Leonidas Iza, se ha acercado mucho al correísmo. Sin embargo, yo creo que los indígenas optan por posiciones mucho más racionales", concluyó, en referencia a dos de los máximos líderes de la Conaie.

Ramírez, por su parte, describió esa división en términos del electorado que podría atraer Pérez.

"La votación de Pérez puede ser mucho más urbana que rural e indígena; sectores medios, ecologistas, hipster, antipolíticos, que acompañan su discurso sobre la pachamama y lo espiritual; un voto joven, antipolítico y de sectores alternativos, que tendería más al nulo o a Lasso".

"Una particularidad es que en Ecuador los indígenas no votan por indígenas necesariamente", agregó.

El voto que se expresa alrededor de Pachakutik es ambivalente: si el partido se presenta en comicios locales gana fácilmente en cantones indígenas, pero, a nivel nacional se da otro proceso.

"El voto del movimiento indígena a nivel nacional oscila entre candidaturas. No votan hacia la derecha, pero votan candidaturas más heteróclitas en el arco del centro hacia la izquierda, no hay una identificación necesaria con los candidatos de Pachakutik, que, además, no siempre fueron necesariamente indígenas", continuó Ramírez.

Para Long, en un escenario de balotaje sin Pérez, el partido "probablemente llamaría nuevamente a votar por Lasso, como hizo en 2017", aunque advirtió que "grandes sectores (de la base) podrían apoyar abiertamente a Arauz".

Arauz, que se presenta como reparador y propone la reconstrucción del "lazo del pueblo ecuatoriano, que incluye a los pueblos y nacionalidades indígenas", marca distancia de Pérez, pero mantiene contacto con el presidente de la Conaie, Vargas.

Al mismo tiempo, Pérez se acerca a Lasso y su sector a partir de su oposición al correismo.

"Estoy de acuerdo con lo dicho por el candidato Yaku Pérez al señor Arauz: que devuelvan todo lo que se robaron", tuiteó Lasso, tras el último debate presidencial. (Télam)