Mientras continúan los combates en el este ucraniano y el gobierno ruso anunció un acuerdo para permitir la salida de los militares heridos de la acería de Mariupol, la decisión de Suecia y Finlandia de adherir a la OTAN sigue despertando reacciones adversas en Moscú, aunque el presidente Vladimir Putin consideró que, si bien no son una amenaza, Rusia va a reaccionar si hay un despliegue de infraestructura militar.

Finlandia anunció ayer su intención de integrar la OTAN y el partido gobernante en Suecia dijo que apoyaba una adhesión, cimentando el camino para una candidatura conjunta.

Este mediodía la primera ministra sueca, Magdalena Anderson, hizo el anuncio oficial: "Dejamos una era para entrar en una nueva", dijo.

"Esperamos que (la adhesión) no tarde más de un año", con la necesaria ratificación por los 30 miembros de la Alianza Atlántica, declaró la jefa del gobierno sueco.

Putin dijo hoy que Rusia no considera las decisiones como una amenaza, pero que Moscú va a reaccionar si hay un despliegue de infraestructura militar.

La entrada en la OTAN de Suecia y Finlandia no representa "una amenaza directa para nosotros (...) pero la expansión de infraestructura militar a estos territorios va a generar ciertamente una respuesta nuestra", afirmó.

"Esto es un problema que se crea completamente artificialmente porque se hace en el interés de Estados Unidos", dijo el mandatario ruso, quien agregó que la OTAN se ha convertido "en el instrumento de política exterior de un solo país".

En otro orden, el Ministerio de Defensa ruso anunció hoy, en el día 82 de la invasión, que se instauró una tregua en la acería de Azovstal, último bastión de resistencia ucraniana en la ciudad de Mariupol, para evacuar a los heridos.

"Está en vigor actualmente un régimen de silencio (de armas) y se abrió un corredor humanitario hacia establecimientos médicos en Novoazovsk", en territorio controlado por las fuerzas rusas y prorrusas, anunció el ministerio de un breve comunicado recogido por las agencias de noticias AFP y Sputnik.

Las autoridades ucranianas no reaccionaron de inmediato al anuncio.

Según el comunicado, que no precisa cuántas personas serán evacuadas, la decisión llega después de negociaciones con los combatientes ucranianos, atrincherados en la inmensa acería.

En cuanto al panorama bélico, Ucrania se preparaba hoy para enfrentar nuevos ataques rusos en la región esteña del Donbass, objetivo prioritario de Moscú aunque sus fuerzas pierden terreno en la zona, mientras el ejército ucraniano continúa su contraofensiva en la región de Jarkov, dijeron autoridades ucranianas.

"Los ocupantes no quieren admitir que están en un punto muerto", sostuvo el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, en un video divulgado anoche, en el cual aseguró que Ucrania se prepara para las ofensivas rusas en el Donbass y el sur.

"Nos preparamos para grandes ofensivas en Severodonetsk y alrededor del eje Lisichansk-Bakhmut", afirmó poco antes Serguii Gaidai, gobernador ucraniano de la región de Lugansk, que junto con Donetsk conforman la cuenca minera de Donbass, al describir una situación humanitaria cada vez más crítica.

Casi tres meses de guerra transformaron a Lisichansk, una ciudad minera de unos 100.000 habitantes en su mayoría rusoparlantes, en una zona abandonada y desprovista de agua, electricidad o red telefónica, constató un periodista de la agencia AFP.

Sin embargo, la inteligencia militar británica indicó ayer que la ofensiva rusa en el este de Ucrania "perdió impulso", y advirtió que podía estancarse.

Las tropas de Moscú no han logrado conquistas territoriales sustanciales, lo que hace que su plan de batalla esté "considerablemente retrasado", agregó.

"Rusia ha sufrido probablemente la pérdida de un tercio de su fuerza de combate terrestre que comenzó en febrero", agregó la inteligencia británica.

En el mismo sentido, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, afirmó ayer que Ucrania "puede ganar la guerra".

"Ucrania puede ganar" la guerra contra Rusia, dijo Stoltenberg a los cancilleres de los 30 países que conforman la alianza militar liderada por Estados Unidos, reunidos de manera extraordinaria en Berlín.

Por su parte, los rusos han destacado éxitos al atacar con misiles de "alta precisión" dos puntos de mando ucranianos y cuatro depósitos de munición de artillería cerca de Zaporiyia, Paraskovievka, Konstantinovka y Novomikhailovka, en Donetsk.

La aviación rusa destruyó dos lanzamisiles y un sistema de radar, al tiempo que 15 drones ucranianos fueron derribados cerca de Donetsk y Lugansk, según Moscú.

En el norte, las fuerzas ucranianas continúan su contraofensiva en la región de Jarkov, segunda ciudad del país, y se acercan a la frontera con Rusia, afirmó a la televisión ucraniana el consejero del ministerio ucraniano del Interior, Vadim Denissenko.

Rusia intentó en las últimas horas una respuesta política a la situación en el campo de combate, achacando sus demoras en lograr los objetivos militares a la "guerra subsidiaria" que desató Occidente, con sus suministros de armas a Ucrania.

El embajador adjunto de Rusia ante la ONU, Dmitri Polianski, declaró hoy a la televisión rusa que esa "guerra subsidiaria" no le impedirá a Rusia alcanzar la victoria.

"Al suministrar armas a Ucrania, los países occidentales echan leña al fuego no permitiendo que se apague el incendio de las hostilidades. Es una táctica criminal, pero no nos impedirá, creo, llevar a cabo nuestra operación especial en Ucrania y conseguir las metas propuestas. Nuestra causa es justa, y nosotros venceremos sin duda alguna", recogió la agencia de noticias Sputnik.

Se denomina "guerra subsidiaria" a "los conflictos armados en los que las potencias se enfrentan de manera indirecta, sirviéndose de otro país en conflicto, suministrando (como en este caso) armas a uno de los participantes directos del conflicto", explicó el diplomático. (Télam)