Las mafias parapoliciales de Río de Janeiro crecieron casi 400% en 16 años y dominan el 10% de esta ciudad brasileña y su región metropolitana, en la que compiten por el control del crimen organizado con los narcotraficantes de las favelas, indicó un informe divulgado hoy por la Universidad Federal Fluminense y la ONG Instituto Fogo Cruzado.

Las llamadas milicias están en el centro del debate nacional e incluso han sido defendidas por el presidente Jair Bolsonaro, que cuando era diputado condecoró a varios policías que formaban parte de estos grupos, que surgieron vendiendo seguridad y servicios a los barrios más violentos del Gran Río de Janeiro.

Según el estudio, en 16 años el dominio de los parapoliciales creció un 387%, al pasar de controlar 52,6 kilómetros cuadrados a los actuales 256,3 kilómetros cuadrados, el equivalente a 64 barrios de Copacabana.

El accionar de estos grupos -responsables, entre otros, del homicidio de la concejala socialista Marielle Franco, en marzo de 2018- se concentra en los municipios de la región conocida como Baixada Fluminense -el paupérrimo cordón suburbano del norte de Río de Janeiro- y la zona oeste, que comprende desde la lujosa Barra de Tijuca hasta las comunidades de Jacarepaguá.

El informe del Instituto Fogo Cruzado y el Grupo de Estudio de Nuevas Ilegalidades de la Universidad Federal Fluminense marca un avance del paso a la ilegalidad de la policía, realizando trabajos clandestinos en los lugares donde los uniformados operan como servidores públicos.

La expansión fue superior a la de los grupos de narcotraficantes más importantes, como Comando Vermelho (comando rojo), Tercer Comando Puro (TCP) y Amigos de los Amigos (ADA), que controlan la venta de cocaína a gran escala en las favelas cariocas, indica el informe.

El Comando Vermelho, facción surgida en época de la dictadura al mezclarse en la cárcel de Angra dos Reis presos políticos y presos comunes, domina áreas de dos millones de personas, entre ellas las favelas más grandes como Rocinha y el Complexo do Alemao.

El estudio está basado en datos demográficos e informes de la policía.

Los grupos paramilitares controlan 1.200 farmacias de Río de Janeiro y dominan los servicios ilegales de transporte, como las combis que salen de municipios vecinos como Niteroi, Sao Gonzalo, Duque de Caxias, Nova Iguazú, Queimados, Belford Roxo y Sao Joao de Meriti.

Según la directora del Instituto Fogo Cruzado, María Isabel Couto, las milicias se reforzaron a partir de 2016 cuando el Primer Comando de la Capital, el PCC, que domina el narcotráfico en Brasil, comenzó a disputarle violentamente el poder al Comando Vermelho en las favelas cariocas.

"A esto hay que sumarle la crisis fiscal, económica y de gestión que enfrentó el estado de Río de Janeiro. En estas condiciones se facilitó el crecimiento explosivo de las milicias", dijo Couto.

Las milicias actuales tuvieron su origen en los años 70 con el avance de los escuadrones de la muerte, que eran grupos de policías cubiertos por la dictadura militar para cometer crímenes y dominar el delito en las comunidades.

El avance de las bandas de narcos en las favelas permitió que en los últimos años los policías encontraran el negocio de ofrecer seguridad paralela en las comunidades e incluso se transformaron en verdaderas maquinarias de dinero, como por ejemplo con la construcción de edificios no autorizados legalmente por la municipalidad de Río de Janeiro.

La investigadora Couto explicó que en los últimos tiempos los paramilitares y los narcos hicieron acuerdos para vender droga en forma conjunta y repartir el dinero de las tasas que les cobran a los vecinos de las favelas para tener seguridad garantizada y otros servicios, como televisión por cable y mototaxis. (Télam)