El Gobierno del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, exoneró hoy a otros cinco militares del Palacio de Planalto, cuatro de ellos trabajaban en la vicepresidencia y otro en el despacho personal de la presidencia.

Con esta decisión que se publicó hoy en el Boletín Oficial, se amplía la secuencia de destituciones de militares que comenzó en el actual Gobierno, pero se intensificó tras el acto golpista del 8 de enero a los tres poderes del Estado.

De los relevados, un teniente era asesor técnico militar de la oficina personal del Presidente de la República, informó el diario brasileño Folha de Sao Paulo.

Los otros cuatro ocuparon la vicepresidencia de la República: tres de ellos eran del asesor militar de la oficina del vicepresidente y otro del departamento de administración y finanzas.

Esto se produce luego de que la semana pasada, 84 militares fueran destituidos de sus cargos en el Planalto, 38 de ellos del Gabinete de Seguridad Institucional (GSI), responsable de la seguridad del Palacio del Planalto y de la Presidencia.

Los demás trabajaban en la parte administrativa o en el departamento de residencia oficial, que se ocupa del Palacio de la Alvorada, no vinculado al ministerio.

El equipo de Lula desconfiaba de los militares desde los trabajos del gabinete de transición, cuando se decidió que la seguridad personal del presidente ya no sería responsabilidad de la GSI, sino de la Policía Federal.

Las exoneraciones se intensificaron tras el asalto del 8 de enero, cuando partidarios del expresidente de ultraderecha Jair Bolsonaro promovieron un acto golpista, avanzando sobre las fuerzas de seguridad e invadiendo el Palacio de Planalto, el Congreso Nacional y el Tribunal Supremo.

Tras los ataques, en una entrevista concedida a GloboNews Lula afirmó que la inteligencia del Gobierno federal "no existía" en vísperas del asalto.

Además del jefe del GSI, el general Gonçalves Dias, la presión sobre el ministro de Defensa, José Múcio Monteiro, aumentó debido a las sospechas de que las Fuerzas Armadas no actuaron para impedir el vandalismo en el palacio y fueron indulgentes con los golpistas acampados frente al cuartel general.

El sábado último, Lula destituyó al comandante del Ejército, general Júlio Cesar de Arruda, en medio de una abierta crisis de confianza con las Fuerzas Armadas.

El nuevo jefe de la Fuerza es el general Tomás Miguel Miné Ribeiro Paiva, que se desempeñaba como comandante militar del Sudeste, responsable de San Pablo.

En 2019 había asumido el grado de General del Ejército, el más alto de su carrera militar.

Nacido en la ciudad de San Pablo, inició su carrera militar en 1975, cuando ingresó en la Escuela Preparatoria de Cadetes del Ejército, en Campinas, y fue declarado aspirante a oficial en el Arma de Infantería en 1981.

Sirvió en una misión del Ejército en Haití como Comandante Adjunto del Batallón de Infantería de la Fuerza de Paz y fue Comandante de la Fuerza de Pacificación de la Operación Arcanjo VI, en Complexo da Penha y Alemao, en Río de Janeiro, en 2012.

También ha comandado el Batallón de la Guardia Presidencial, en Brasilia, fue asistente del presidente Fernando Henrique Cardoso y Consejero Militar de Brasil con el Ejército de Ecuador. (Télam)