Las llamadas "primeras líneas" que mantuvieron los cortes de calles y rutas en Colombia aún después de la suspensión temporal del paro nacional representan un nuevo elemento social, por fuera de las organizaciones sociales y sindicales, cuya actuación también alejó a grupos que participaban de las movilizaciones pero que cuestionan algunos de sus métodos y que, inclusive, hasta se sintieron víctimas.

"Hubo hechos que hicieron que algunos sectores que antes estaban con el paro ya no lo estén. El movimiento se ha debilitado, más que nada por algunos hechos en los que las `primeras líneas` fueron muy radicales. Por ejemplo, con los daños a bienes públicos alejaron a conductores del transporte público, de taxis…Sus vehículos fueron dañados, y para ellos es la herramienta de trabajo", explicó desde la ciudad de Pasto, en el departamento de Nariño, Andrea Arteaga, del colectivo Paz a la Calle.

Arteaga evaluó que para muchos sectores no alcanza "la respuesta de 'no llores por un bien porque la vida es más importante' que suelen dar las 'primeras líneas'", y eso generó un quiebre en el movimiento.

"Y el apoyo de los conductores de transporte era clave en la mayoría de las ciudades", reseñó.

En declaraciones a Télam, la activista admitió que de por sí las protestas ya sufrían el desgaste lógico de muchos días en las calles y porque "ninguno de los planteos llegó a una chance con el Gobierno, porque el Gobierno nunca tuvo voluntad de aceptar las propuestas".

En un relato casi cronológico de lo que vivió Colombia desde el 28 de abril, Arteaga advirtió que los Gobiernos nacional y locales "estigmatizaron a los manifestantes, igual que la Policía" y las "primeras líneas" se armaron como defensa ante la represión policial.

"En cada represión, se volvieron más grandes y más fuertes. El problema es que en cada ciudad hubo quemas de edificios públicos, daños a sedes, a dependencias… Y eso empezó a tornarse violento. Hubo además hurtos, daños a comerciantes. Esto debilitó a las manifestaciones porque perdieron legitimidad ante varios sectores", explicó.

Afirmó que esas actitudes alejaron, además de a choferes y pequeños comerciantes, "a alguna gente que no integra estos sectores, pero quiso marchar porque estaba disconforme con el Gobierno, a algunos estudiantes" y también a algunos mayores.

Inclusive el movimiento feminista los denunció porque en dos ciudades hubo agresiones sexuales, así que cambió su discurso a que "no tenía garantías para la protesta ni de la Policía ni de los mismos manifestantes, y eso sumó debilidad, porque el feminismo acá es fuerte y está tomando distancia".

Según Arteaga, esto "le sirvió al Gobierno para fortalecer el discurso de que las 'primeras líneas' son vándalos, así que será difícil recuperar la confianza de la ciudadanía".

Finalmente, expresó su preocupación por el viaje de muchos integrantes de estos grupos a Bogotá, para participar mañana de la marcha convocada por el Comité Nacional del Paro (CNP). "Es un riesgo, porque es una ciudad desconocida para muchos y, en cada enfrentamiento, hay muchachos de 'primeras líneas' desaparecidos, muertos, sin visión, golpeados", alertó.

"No sé qué tan bueno es que todos se reúnan allá contra una fuerza tan potente como la del Estado. El país ya no puede seguir llorando muchachos", concluyó Arteaga. (Télam)