Los iraquíes votaban hoy para elegir un nuevo Gobierno con la esperanza de que, pese a un escepticismo generalizado, los comicios deriven en reformas y un cambio tras décadas de conflicto y corrupción.

La votación estaba convocada originalmente para el año próximo, pero fue adelantada en respuesta a una ola de protestas populares que sacudió a Bagdad y provincias del sur del país en 2019.

Decenas de miles de personas salieron a las calles entonces para protestar contra la corrupción, los malos servicios y el creciente desempleo, y más de 600 manifestantes fueron muertos y miles resultaron heridos como consecuencia de una dura represión.

Después, decenas de activistas sufrieron secuestros, asesinatos o intentos de asesinato posteriormente, imputados a facciones armadas, lo que colaboró en desalentar aún más a los votantes.

Policías y soldados estaban desplegados hoy en las calles de Bagdad para garantizar la seguridad, y decenas de observadores internacionales enviados por la ONU y la Unión Europea supervisaban la votación

En una oficina de voto instalada en una escuela del centro de Bagdad, eran pocos los electores presentes en el momento de la apertura.

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Una era Jimand Khalil, ama de casa de 37 años, que desea un cambio y un relevo de los "actuales responsables que son incompetentes".

"Nos han hecho muchas promesas pero no nos dieron nada", dijo la mujer a la agencia de noticias AFP.

El primer ministro Mustafa al Khadimi votó en una oficina ultraprotegida en Bagdad temprano por la mañana.

"Es una oportunidad para el cambio", dijo, llamando a los iraquíes dubitativos "a salir y votar y cambiar la realidad".

Poco después, el clérigo chiita Moqtada al Sadr, cuya lista se considera favorita, depositó su voto en su bastión de la ciudad santa chiita de Nayaf, al sur de Bagdad.

Unos 25 millones de iraquíes están llamados a participar en estos comicios.

Las urnas cerrarán a las 18 y los resultados preliminares no se esperan hasta 24 horas después del cierre. Los definitivos deberán esperar al menos unos diez días.

Los iraquíes deben elegir a 329 diputados entre 3.240 candidatos con un nuevo sistema electoral de circunscripción uninominal que, teóricamente, debe promover a los candidatos independientes.

Los expertos pronostican una abstención récord en este país petrolero de 40 millones de habitantes, lastrado por décadas de conflicto y violencia.

Los bloques tradicionales de la política iraquí deberían mantener su representación en un parlamento fragmentado y sin claras mayorías que obligará a los partidos a negociar alianzas para formar Gobierno, indican los expertos.

Los centros de votación contaban con un fuerte dispositivo de seguridad, con dos inspecciones a la entrada. Además, los aeropuertos cerraron anoche y no abrirán hasta mañana.

Como todas o casi todas las formaciones disponen de sus propias facciones armadas, también preocupa la posibilidad de fraudes y violencia postelectoral.

"El día de la votación, los iraquíes deben tener confianza para votar como ellos quieran, en un ambiente libre de toda presión, intimidación y amenaza", dijo la semana pasada la misión de la ONU en Irak.

La victoria apunta al movimiento de Al Sadr, el exjefe de una milicia chiita antiestadounidense que ya tenía la bancada más amplia en el Parlamento saliente.

Pero deberá entenderse con sus grandes rivales chiitas, las facciones armadas proiraníes de Hashd al Shaabi, que entraron al Parlamento en 2018 tras participar en la victoria contra los yihadistas del EI.

En un escenario polarizado por cuestiones como la influencia de Estados Unidos o Irán, los partidos entablarán largas negociaciones para acordar un nuevo primer ministro, cargo que suele ocupar un musulmán chiita. (Télam)