La candidata de extrema derecha francesa Marine Le Pen, cuya popularidad se acrecentó tras los intentos de suavizar su imagen radical e hizo del poder adquisitivo de su caballo de batalla durante la campaña, se medirá este domingo en un reñido balotaje con el actual mandatario y aspirante a la reelección Emmanuel Macron.

Autopercibida como una figura unificadora que curaría las “fracturas” de Francia y detendría el “caos” supuestamente provocado por Macron, quien a su juicio encarna el “poder del dinero” y trabaja para unos pocos, decidió abandonar en gran medida su retórica antiinmigración y anti Unión Europea (UE) y centrarse más en cuestiones relacionadas con lo cotidiano.

Marion Anne Perrine Le Pen -que este domingo podría convertirse en la primera mujer presidenta y en la primera mandataria de ultraderecha de la V República francesa- nació el 5 de agosto de 1968 en Neuilly-sur-Seine, Altos del Sena, y es la menor de las tres hijas de Jean-Marie Le Pen, el emblemático político xenófobo y antisemita que fue fundador y presidente del Frente Nacional entre 1972 y 2011.

Al igual que en 2017, cuando la Presidencia se dirimió entre ella y Macron, estos comicios se producen en un marco de polarización y con la mayoría de las fuerzas políticas inclinadas hacia el actual mandatario, ante el miedo del avance de la ultraderecha, mientras crece el temor a una abstención récord del electorado, en un país donde el voto es voluntario..

En esta ocasión, la taxativa, polémica, incisiva y sin medias tintas líder del partido rebautizado Agrupación Nacional (AN) dejó de lado sus temas predilectos, el Islam y la inmigración, para concentrarse en el aumento del costo de vida y la baja del poder adquisitivo en un intento de mostrarse más moderada.

Una percepción de la que se vio favorecida tras la irrupción en la campaña de Éric Zemmour, otro candidato de ultraderecha con un discurso y posturas más radicales.

Le Pen anunció que en caso de ser elegida dirigirá el país como una "madre de familia: con sentido y coherencia, sin excesos y desmesura" y defenderá a "los más vulnerables", durante una visita el sábado último a una localidad al oeste de París.

En las entrevistas suele presentarse además como una agricultora, criadora de gatos, en un intento de suavizar su imagen y socavar el "frente republicano" de partidos en su contra en la segunda vuelta, según un informe de la Fundación Jean-Jaures retomado por la agencia de noticias francesa AFP.

En ese sentido, en pos de conseguir el voto verde, propuso impulsar el "localismo", comprar productos fabricados en Francia, ofrecer incentivos a los agricultores para preservar la naturaleza y que un 80% de los alimentos en los comedores escolares provengan de productos agrícolas franceses, reseñó la radio internacional francesa RFI.

En el plano social, la candidata de 53 años, gran esperanza para la ultraderecha y los eurófobos europeos, continuó en su línea y prometió expulsiones masivas de extranjeros de viviendas sociales y supresión de sus ayudas, según reportó el diario Le Monde.

Criada en el seno de una familia con pedigree político en Neuilly-sur-Seine, Altos del Sena, expulsó a su padre Jean-Marie Le Pen del FN en 2015, después de que hiciera unas controvertidas declaraciones sobre el Holocausto, dos años antes de renombrarlo Agrupación Nacional (AN).

También fue en 2015 cuando la política retomó el contacto con su madre, tras 15 años sin hablarse. Según la revista Vanity Fair, el detonante fue una portada de la revista Playboy en la que Pierrette posaba vestida como una empleada doméstica y con un plumero en mano, luego de que en el turbulento proceso de divorcio ella le pidiera una pensión compensatoria y Jean-Marie Le Pen le espetara que si quería plata se pusiera “a trabajar de sirvienta”.

"Una madre es un jardín privado, no un basurero público", expresó en aquel entonces la ahora candidata.

Durante sus estudios en Derecho en la Universidad Panthéon-Assas, perteneciente a la Sorbona, trabó amistad con los jefes del Grupo Unión Defensa, una organización juvenil neofascista, para luego integrarse en el Círculo Nacional de Estudiantes de París, movimiento estudiantil cercano a Frente Nacional y del que fue presidenta de honor.

Madre de tres hijos y divorciada dos veces, Le Pen abandonó su carrera de abogada en 1998 para asesorar legalmente al FN y, tras los comicios de 2007, en los que el partido sacó un magro 10,4%, logró reubicarlo en el centro de la escena gracias a una estrategia en base al refuerzo de los miedos e incendios políticos con frases polémicas.

Ahora propone "detener la anárquica y masiva inmigración" para reducir la "inseguridad que pudre la vida de los compatriotas" y que "los franceses vuelvan a ser dueños de su política de inmigración", según tuiteó el martes último.

Semanas atrás también prometió prohibir el uso del velo islámico en público y multar a las mujeres que lo lleven, reducir el aporte anual del país a la UE, retirar las ayudas sociales a quienes lleven más de un año sin empleo y crear "un fondo soberano" para canalizar ganancias de determinados sectores y dedicarlas a proyectos en beneficio de los franceses. (Télam)