La transparencia y la trazabilidad de la cadena productiva de alimentos son herramientas claves para detectar los problemas del mercado alimentario en el mundo y brindar posibles soluciones al respecto, afirmaron a Télam organizaciones no gubernamentales (ONGs) defensoras del comercio justo.

"Hay que mejorar la transparencia en la cadena de valores alimentarios porque al final la información es poder y cuando se saben las cosas se pueden cambiar también", dijo la responsable de Salario Digno para Agricultores en la ONG neerlandesa Fairfood, Isa Miralles.

Según la especialista, una mayor transparencia permitiría a los agricultores negociar mejor sus precios, a la vez que los consumidores podrían ver qué actores acumulan la mayor parte de los beneficios, lo que ayudaría a una mejor redistribución de los riesgos.

Una visión compartida por la ONG Oxfam, que aboga por una "transparencia completa" para cambiar la situación de desigualdad de la industria alimentaria, empoderar a los trabajadores rurales y avanzar en la defensa de sus derechos humanos.

"Es muy importante que las empresas divulguen sus proveedores hasta el nivel de la hacienda (...) porque sus decisiones de compra van a afectar la geografía de los territorios por donde pasa la producción", explicó el coordinador de Justicia Rural y Desarrollo para Oxfam Brasil, Gustavo Ferroni.

"Pueden tener políticas sobre derechos humanos, pero si no sabemos de dónde salen sus productos, nada va a cambiar", agregó.

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Si bien Naciones Unidas determinó principios y orientaciones muy claras sobre cómo deberían proceder las multinacionales para garantizar los derechos humanos en el mercado de alimentos, la falta de legislación al respecto hace que su compromiso dependa en gran parte de la voluntad de cada compañía.

Una de las herramientas que ha comenzado a generalizarse es la trazabilidad, que permite a la firmas mapear la cadena de suministros y saber de forma transparente de dónde viene todo.

Según la experta de FairFood, que ofrece dicho servicio a grandes empresas en los Países Bajos, cuando los trabajadores conocen internamente la situación de sueldos y violaciones de derechos humanos sufrida por los agricultores no solo buscan soluciones al respecto, sino que mucha gente cambia su percepción porque este paso acerca "personas a personas".

"Al final es contar historias. El capitalismo y el comercio se montaron como una historia y creo que si conseguimos cambiar la narrativa, es una forma de cambio", concluyó.

Un ejemplo es el proyecto que desarrollaron con la importadora de café Trabocca, que luego de tres años de mapear su cadenas de suministros reveló que los pequeños productores no ganaban suficiente dinero para llevar una vida digna, incluso recibiendo una prima.

Un problema, que para Miralles, no sólo está vinculado a los precios bajos, sino también a cuestiones socioeconómicas de un sistema que está "roto".

En consecuencia, lanzaron una nueva iniciativa de cinco años que pretende determinar las causas de esta situación, considerar tanto los costos de producción del café, como los de una dieta saludable, vivienda y educación para los agricultores; y buscar la profesionalización de los trabajadores rurales y ofrecerles opciones para diversificar sus ingresos. (Télam)