Después de semanas de advertencias y temores de una nueva insurrección en la capital de Estados Unidos, apenas unos cientos de simpatizantes del expresidente Donald Trump se concentraron hoy en el corazón político de Washington para reclamar la libertad de las personas detenidas y procesadas por el ataque al Capitolio de enero pasado, en una protesta en la que la prensa y los policías fueron más numerosos que los manifestantes.

La Policía del Capitolio y de la ciudad de Washington habían desplegado un fuerte operativo de seguridad para evitar volver a ser superados como sucedió el 6 de enero, cuando Trump, aún como presidente, convocó a una manifestación de sus seguidores más radicalizados y luego los arengó en contra de los legisladores que se encontraban votando la ratificación de la victoria electoral de su opositor Joe Biden dentro del Capitolio.

Minutos después, cientos de esos manifestantes marcharon hacia el Capitolio, superaron a la poca presencia policial que rodeada el edificio e irrumpieron rompiendo ventanas y amedrentando a oficiales y funcionarios.

La marcha bautizada como Justicia por el 6E (por el 6 de enero) reclamó la liberación de los aproximadamente 60 trumpistas que siguen detenidos por ese ataque a la sede del Poder Legislativo y el cierre de los procesos judiciales a más de 600 personas, que aunque también participaron de esa insurrección, los jueces y fiscales a cargo no consideraron que representaran una amenaza inmediata para la seguridad del país.

Según la cadena de noticias ABC, la Policía del Capitolio detuvo a un manifestante con un cuchillo justo antes de la marcha. Ese fue la única detención de la jornada y, pese a los temores que se reedite la violencia de enero pasado, la protesta -visiblemente- pequeña transcurrió sin problemas.

Los temores fueron tales en los últimos días que la propia oposición republicana, que aún apoya en gran parte al Gobierno de Trump y su figura, se distanciaron de la protesta de hoy, convocada por organizaciones de extrema derecha y simpatizantes del exmandatario.

El senador de Dakota del Sur John Thune, el número dos de los republicanos en la Cámara Alta, le dijo al diario The New York Times que "hay mucha gente claramente enfadada que quiere marchar hacia el Capitolio".

Sin embargo, aclaró: "no hablé con ningún republicano aquí en el Senado que haya promovido o permitido algo como eso".

El líder de la minoría opositora en la Cámara Baja, Kevin McCarthy, ya había adelantado en la semana que no esperaba que ningún legislador de su partido asistiera a la protesta, lo que se confirmó hoy, según los principales medios locales.

Hasta la congresista Marjorie Taylor Greene, seguidora del movimiento conspiratorio QAnon y una de las políticas republicanas que más apoyo ha expresado a los detenidos, había adelantado que no participaría.

Esta falta de apoyo de la dirigencia republicana no significa que el aparato partidario haya cambiado su rechazo frente al juicio político que el oficialismo demócrata -y unos pocos legisladores opositores- impulsan contra Trump por considerar que instigó el ataque contra el Capitolio en enero pasado. (Télam)