(Por Ariadna Dacil Lanza) Saúl Franco, uno de los 11 miembros de la Comisión de la Verdad creada en Colombia como consecuencia del acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC, afirmó que el presidente electo, Gustavo Petro, "tiene una oportunidad excepcional de empezar a hacer cosas sustantivas" para que el país alcance "la paz grande, la paz total".

Pero Petro no va a "lograr todo" porque "la paz no se logra en cuatro años ni depende solo de un gobierno", advirtió Franco en conversación con Télam en Buenos Aires.

Médico con más de 30 años de experiencia en la investigación de la epidemiología de los conflictos armados en Colombia y en el resto de América latina, llegó a la Argentina para presentar el informe final de la Comisión de la Verdad, titulado "Hay futuro si hay verdad", invitado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero.


Télam: Luego de más de 15.000 entrevistas individuales y grupales, ¿Cuál fue la dimensión de los hallazgos de la Comisión?

Saúl Franco: Sabíamos que íbamos a encontrar algo terrible, pero no tanto. El 20% de la población estuvo afectada y el 80% fueron civiles y no combatientes. Nunca pensé ver estos términos de crueldad, de barbarie, al punto de opacar la finalidad política y volver la guerra como una máquina en sí misma. Llegamos a encontrar “casas de pique” para despedazar y descuartizar cadáveres o gente viva. Esta guerra implicó a 30.000 niños y niñas, es una de las expresiones máximas de degradación. Además las muertes en combate fueron un porcentaje mínimo, menos de 2%, lo que indica que es una guerra absolutamente irregular. Y tal vez la principal conclusión es que en Colombia sí hubo guerra, porque en el país todavía quedan reductos que pretenden decir que no hubo confrontación.

T: ¿Cree que el gobierno de Petro podrá empezar con algo de esa reparación y pacificación del país?

SF: Vamos a estar el domingo en la posesión del nuevo presidente pero no creemos que Petro vaya a lograr todo. Tiene una oportunidad excepcional de empezar a hacer cosas sustantivas que en un tiempo razonable realmente lleven a lo que llamamos la paz completa, la paz grande, la paz total. Tenemos clarísimo que la paz no se logra en cuatro años ni depende solo de un gobierno, sino que depende de que los distintos sectores, nacionales e internacionales, hagan su tarea.

T: ¿Qué fue lo que más lo impresionó en esas más de 15.000 entrevistas?

SF: Tal vez ver cómo la muerte se vuelve un placer. En una de las peores masacres, la del Salado, uno de los paramilitares habló del “placer de matar”. Recuerdo también una vez oyendo a un líder político que lo había detenido una brigada del Ejército. Lo torturaron de múltiples maneras pero la última tortura fue que lo pusieron en cuatro patas y pusieron a un perro amaestrado que lo violaba. Cuando lo contó, tuve que hacer una pausa. Uno no se imagina que se llegue hasta esos horrores, que haya un destacamento militar dedicado a la tortura y a amaestrar perros para que violen a seres humanos.

T: ¿Hicieron un trabajo dentro de la Comisión para poder sobrellevar estos testimonios?

SF: Esto ha tenido costos grandes en nuestra propia salud pero valió la pena. No es sin costos, como la paz, que no es gratis ni inmediata, tiene costos. Uno paga su cuota y esperamos que todos paguemos la que nos corresponde para poder lograrlo.

T: Usted como médico lideró el capítulo del informe sobre los impactos de esta guerra en la vida de las personas. ¿Cuáles fueron los hallazgos en esa área?

SF: Desde 1958 hasta ahora son por lo menos 700.000 personas víctimas de muerte. Son tres generaciones las que hemos perdido por la guerra. Tenemos 121.000 desaparecidos. En la Argentina hay 30.000 y aquí tenemos 4,2 veces más. La desaparición es de las cosas más demoledoras. Hubo ocho millones de desplazados y entre víctimas del conflicto la tasa de suicidio es mayor. Me dolió mucho el caso de un campesino de 73 años que tuvo que hacerse cargo de nueve nietos porque las FARC mataron a su hija y su yerno. Dos de los niños se suicidaron y como no tenían un arma, compraron veneno para ratas. Esta ha sido una guerra muy dura contra la vida.

T: ¿Y las secuelas sobre los sobrevivientes?

SF: La salud en Colombia ha sido severamente afectada por la guerra. La salud física, por ejemplo, con más de 400.000 discapacitados. Muchas de esas víctimas fueron soldados, hay que decirlo. Después, los efectos secundarios en la salud física. Por ejemplo, mamás que cinco años después de que les desaparecieron a sus hijos tuvieron un cáncer y se murieron o, como nos decían, “murieron de pena moral”. Efectos en la salud mental, psiquiátrica, pero también de pérdida de confianza. Se empieza a dudar inclusive en la casa. Encontramos una mamá que tenía un hijo guerrillero, uno paramilitar y otro soldado. La guerra rompe las confianzas internas de los círculos más cercanos ¿Quién puede ser feliz así?

T: La tarea de romper con esos silencios de décadas, ¿tuvo resistencias?

SF: Hay cosas que todavía no se pueden decir. Eso lo tenemos claro. Los procesos, cuando han sido tan dolorosos, para poder ser comunicados, necesitan un nivel de elaboración personal y colectivo. La persistencia de la guerra es una realidad en Colombia y eso hace que la gente todavía no se sienta en libertad de poder hablar. Por eso no decimos que esta es la verdad definitiva. Decimos esta es la máxima verdad posible hoy, con las condiciones que tenemos. Estamos promoviendo que la sociedad se mire en este espejo y a partir de ahí sea capaz de complementar todo lo que falte.

T: ¿Cuáles son las causas del conflicto que aún persisten?

SF: Entre los núcleos medulares del problema está la existencia de los actores armados y la necesidad de negociar juntos. La paz no puede ser parcial. La paz grande es una paz de todos. Hay que negociar con el ELN, con las disidencias de las FARC, hay que someter a los otros grupos armados. Tiene que haber un esfuerzo totalizador.

T: ¿Qué lugar ocupa el narcotráfico?

SF: Es un problema medular. Mientras haya narcotráfico va a haber confrontación armada en Colombia. Nuestra propuesta no es seguir atacándolo como hasta ahora, con fumigaciones, contra el campesino y criminalizando al que consume. No es una guerra, es un problema de un entramado económico, político y cultural, y tenemos que trabajarlo a ese nivel, desenredando estas grandes tramas del gran capital trasnacional.

T: ¿Qué otros factores?

SF: El problema de la seguridad nacional ha estado muy orientado a la idea del “enemigo interno”, atacando y destruyéndolo para crear una política de miedo y persecución a la participación política. El Ejército debe servir para garantizar la paz y la Policía Nacional -que es parte de Defensa y se ha convertido en otro apéndice de esa fuerza, como arma letal frente a la protesta social como en 2021- tiene que ser una policía civil y pasar al Ministerio del Interior, o que se cree un ministerio de la paz, como recomendamos.

T: ¿Y el problema de la tierra?

SF: El índice Gini de tierra en Colombia es más de 0,9, o sea, casi la inequidad absoluta. Casi que unos poquísimos tienen casi todo y casi todos tienen casi nada. Mientras haya esa estructura de tierra en Colombia no hay paz. (Télam)