Kazajistán elegirá este domingo a su jefe de Estado en unos comicios anticipados que buscan afianzar el poder del presidente Kasym-Jomart Tokayev, menos de un año después de los sangrientos disturbios que sacudieron su poder.

El país asiático, que hace equilibrios entre Rusia, China y Occidente y está ubicado en las cercanías del centro neurálgico de la guerra ruso-ucraniana, realizará los comicios apenas 10 meses después de unas revueltas que pusieron al pais al borde de la guerra civil.

En relación al conflicto entre Rusia y Ucrania, el presidente kazajo defendió la integridad territorial ucraniana y negó el reconocimiento de la anexión de Crimea.

Para las elecciones, el mandatario elaboró una campaña en la que se presenta como el hombre de la renovación y la armonía nacional, pese a que en enero de este añoen el marco de las crecientes protestas estalladas por el aumento de los combustibles, ordenó "disparar a matar" a los manifestantes y murieron al menos 238 personas.

Las elecciones son la culminación de un año en el que Kazajistán, una antigua república soviética en Asia Central rica en recursos naturales y considerada estable, estuvo a punto de caer en el caos.

El Comité Nacional de Seguridad reveló ayer que arrestó a siete personas cercanas a un dirigente opositor exiliado a los que acusan de planear un "golpe de Estado" antes de los comicios.

Con el recuerdo vivo del "enero sangriento" que marcó al país, y mientras persisten las profundas desigualdades sociales que provocaron los disturbios, Tokayev, un exdiplomático de 69 años prometió construir "un nuevo Kazajistán" más justo y menos corrupto, informó la agencia de noticias AFP.

Para ello, purgó el clan de su influyente y engorroso antecesor, Nursultán Nazarbayev, y consolidó su posición más de tres años después de asumir el cargo en 2019.

Tokayev bloqueó cualquier intento de armar la mínima oposición y los 12 millones de personas llamadas a votar el domingo sólo podrán elegir entre él y cinco candidatos irrelevantes: el socialdemócrata Nurlán Auesbayev, el agrario Zhigulí Dairabayev, el sindicalista Meyrán Kazhinken, y dos mujeres, Saltanata Tursynbekova y Karakat Abaden, ambas promovidas por organizaciones sociales.

"No hay un candidato creíble, no hay elección, voy a votar contra todos ellos", comentó un desencantado Asset Temirgalyev, un jubilado de Almaty, capital económica del país y epicentro de la represión y de los disturbios de enero.

En tanto, observadores electorales de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) lamentaron en un informe que sus recomendaciones "relacionadas con las libertades fundamentales y las condiciones de elegibilidad y de inscripción de candidatos" no hayan tenido seguimiento.

Llegado al poder tras la sorpresiva renuncia de Nazarbayev en marzo de 2019, Tokayev abogó inicialmente por una continuidad con su omnipotente antecesor y mentor, antes de romper con él en el sangriento enero.

Si bien la matanza, según el politólogo Andrei Chebotarev, "puso al país al borde de la guerra civil", también sirvió de "catalizador para cambiar los fundamentos de la sociedad y el Estado".

Pese a surgir del sistema de Nazarbayev, el actual líder Tokayev expulsó del poder a los allegados del expresidente y ha encarcelado a otros.

También prometió reformas para liberalizar el sistema y sanear la economía.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que las tensiones sociales que dieron lugar a las protestas de enero podrían reaparecer, sobre todo teniendo en cuenta las consecuencias económicas globales de la guerra en Ucrania y la fuerte dependencia económica de Kazajistán con Rusia.

(Télam)