Hijo de un exoficial nazi, pinochetista confeso, antiabortista, ultraliberal, el líder de ultraderecha de Chile José Antonio Kast representa la esperanza de un sector ideológico golpeado y a la defensiva, pero que crece sostenidamente empujado por un fuerte sentimiento anticomunista que polariza todo el proceso eleccionario.

La llegada a Chile de su padre, Michael Kast, a fines de la Segunda Guerra Mundial marcó el inicio de una poderosa dinastía política y empresaria que produjo varios ministros durante la dictadura y la democracia, y otros oscuros personajes acusados de participar en interrogatorios y asesorías para la CNI, la policía secreta de la dictadura.

Nacido en Santiago el 18 de enero de 1966, abogado y político del Partido Republicano de Chile y anteriormente de la Unión Demócrata Independiente (UDI), fue diputado por la Región Metropolitana en varios períodos (2002, 2014 y de 2014 a 2018) y por la comuna también metropolitana de Buin en el período 1996-2000.

Es tío del senador Felipe Kast, del diputado Pablo Kast y de la concejala Bárbara Kast Sommerhoff, todos representantes del amplio y heterogéneo arco de la derecha chilena.

Realizó su enseñanza primaria y secundaria en el Colegio Alemán y, posteriormente, ingresó a la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica, donde se tituló y juró como abogado ante la Corte Suprema el 19 de agosto de 1991.

Durante la carrera, participó del Centro de Alumnos de la Escuela de Derecho, donde conoció al asesinado ideólogo de la dictadura, el senador Jaime Guzmán, quien lo motivó a militar en la UDI.

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Candidato presidencial en las elecciones de 2017 y ahora en las de 2021, es un conspicuo representante de la nueva ultraderecha global, transgresora y desinhibida, que marca su agenda sin las limitantes de lo políticamente correcto.

Kast -de 55 años- utiliza profusamente en su campaña la palabra "libertad", circunscripta al plano económico mientras su programa interfiere en los cuerpos, las familias y los derechos básicos de los ciudadanos, según advirtió recientemente el destacado periodista Daniel Matamala.

El líder de ultraderecha propone derogar la ley que posibilita el aborto y fue uno de los nueve diputados que votó contra el Acuerdo de Unión Civil para parejas del mismo sexo, con el argumento de que un niño que crece en un hogar homoparental "lo hará con inseguridad, angustia y tendrá mal rendimiento escolar" ya que "la naturaleza dice que este, para proyectarse, debe tener tanto una imagen paterna como materna".

Además, promete que si llega a la Presidencia eliminará el lenguaje de género y cerrará la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), a la que acusa de hacer "activismo político".

Propone también cerrar el Instituto Nacional de Derechos Humanos, crear una zanja en el Norte para impedir el paso de inmigrantes, y retirar a Chile del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Durante su campaña a la Presidencia de 2017, ofreció un "indulto inmediato" a los criminales de la dictadura de Augusto Pinochet, y hace pocas semanas lo reiteró en un debate.

Asimismo, en el plano económico promete recortes de impuestos, la privatización de Codelco (la empresa estatal del cobre) y relativiza el cambio climático, que tacha de "hipótesis basada en simples correlaciones recientes".

También plantea una "coordinación internacional antirradicales de izquierda" para "identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados", una especie de "renovado estado de emergencia", que permitiría interceptar, abrir o registrar documentos y toda clase de comunicaciones y arrestar a las personas en sus propias moradas o en lugares que no sean cárceles ni estén destinadas a la detención. (Télam)