Tres cohetes sacudieron hoy los alrededores del palacio presidencial de Afganistán mientras el mandatario y miembros de su Gobierno celebraban la fiesta musulmana del Eid al Adha, un ataque reivindicado por la milicia Estado Islámico (EI), que enturbia aún más el clima previo a la retirada militar estadounidense.

"Los soldados del califato apuntaron contra el palacio presidencial del tirano afgano y la zona verde de Kabul, con siete cohetes Katiusha", reivindicó la organización yihadista en un comunicado publicado en Telegram.

Tres cohetes, dos de los cuales explotaron, cayeron por la mañana en las inmediaciones del palacio presidencial sin provocar víctimas, según informó el Ministerio del Interior, y las explosiones no impidieron que el mandatario Ashraf Ghani pronunciara poco después y en directo por televisión su tradicional discurso con motivo del primer día de la fiesta del Sacrificio, según la agencia de noticias AFP.

"Este Eid se ha celebrado en nombre de las fuerzas afganas, para honrar sus sacrificios y coraje, especialmente en estos últimos tres meses", aseguró Ghani en su discurso y agregó sobre el tema que ocupa la mente de todos en el país ahora: "Los talibanes no tienen intención ni voluntad de paz. Nosotros probamos que tenemos la intención, la voluntad y que nos hemos sacrificado por la paz."

Desde que el Gobierno estadounidense Joe Biden ratificó la retirada militar del país anunciada por su predecesor, Donald Trump, el avance del movimiento insurgente islamista talibán ha sido constante. Pero en los últimos meses empezó a encender alarmas no solo en Kabul, sino también entre los países vecinos, la ONU y los propios Estados de las potencias occidentales en retirada.

Actualmente, sin el apoyo militar de Estados Unidos, las fuerzas afganas solo controlan las capitales provinciales y las principales rutas, y según informaron los talibanes en las últimas semanas, ya están presentes en las zonas fronterizas, lo que ha complicado aún más la salida cada vez más masiva de refugiados.

Mientras los combates se recrudecen en el territorio afgano, en el Golfo Pérsico continúan las negociaciones de paz entre el Gobierno de Ghani, los talibanes y EEUU.

El fin de semana pasado, las dos partes afganas se levantaron la mesa con un solo consenso: la necesidad de encontrar una "solución justa".

Sin embargo, pese a que la fecha máxima para la retirada de Estados Unidos se acerca -el 11 de septiembre- el diálogo afgano no parece estar más cerca de encontrarla que hace unos meses.

El representante ruso en Afganistán, Zamir Kabulov, aseguró hoy, no obstante, que los talibanes están dispuestos a sellar un acuerdo de paz después de 20 años de la invasión estadounidense que siguió a los atentados de Al Qaeda contra Nueva York y Washington en 2001.

"Siento y veo, no solo en las palabras, sino en las intenciones que se expresan de distintas maneras, que están dispuestos a un acuerdo político, pero, según su punto de vista, este acuerdo político debe ser presentado con dignidad", sostuvo Kabulov durante un discurso transmitido por internet.

"Después de 20 años, la mayoría de los dirigentes (talibanes) están, sin duda, cansados de la guerra y entienden que se debe buscar una solución política para salir del impasse actual", añadió.

Ayer, una quincena de representaciones diplomáticas en Afganistán llamaron a los talibanes a frenar su ofensiva, que contradice, en su opinión, "el apoyo que han expresado a una solución negociada" del conflicto.

En el poder de 1996 a 2001, los talibanes impusieron una interpretación muy rigurosa de la ley islámica hasta ser derrotados por la invasión estadounidense y pasar a constituirse en el movimiento armado insurgente más poderoso del país. (Télam)