Más de 60 años después de su independencia, la fragilidad económica y los desequilibrios democráticos siguen dificultando la idea de estabilidad en la República de Guinea, llamada también Guinea-Conakry y antes conocida como Guinea Francesa, cuyos orígenes se edificaron sobre siglos de esclavitud.

Limítrofe con Guinea-Bissau y Senegal al norte, Mali al norte y noreste, Costa de Marfil al sudeste, Liberia al sur y Sierra Leona al oeste, el país se convirtió en colonia francesa en 1890 y cinco años después fue incorporada al África Occidental Francesa.

Sin embargo, su vínculo con países occidentales data al menos del siglo XVI, cuando los europeos comenzaron el comercio de esclavos en la región costera de Guinea, una práctica que se extendió a lo largo de tres siglos.

Recién en 1958 pudo declarar su independencia, cuando fue gobernada por Ahmed Sékou Touré, quien se mantuvo en el poder hasta su muerte en marzo de 1984, cuando el premier Louis Lansana Beavogui fue nombrado presidente interino, a la espera de las elecciones que se celebrarían 45 días después.

Sin embargo, en abril de ese año, el militar Lansana Conté encabezó un golpe militar que derrocó al gobierno, denunció los abusos contra los derechos humanos del régimen de Touré y liberó a 250 presos políticos. Un año después, se enfrentó a un intento de golpe de estado.

Guinea celebró sus primeras elecciones democráticas en 1993. Conté resultó electo y, si bien el cargo de presidente solo se puede ocupar durante dos mandatos de siete años, en diciembre 2003 fue reelecto con el 95% de los votos para un período más.

En 1990 Conté inició un proceso democratizador y dos años más tarde, con la nueva Constitución, se redujo el mandato presidencial de siete a cinco años, con límite de dos mandatos, elecciones legislativas multipartidistas y elecciones presidenciales en 1998 de las que salió vencedor y, sin embargo, se mantuvo en el poder hasta su fallecimiento en 2008.

Apenas seis horas después del anuncio de la muerte de Conté, mientras el presidente de la Asamblea Nacional Popular (ANP), Aboubacar Somparé, se preparaba para asumir el lugar de presidente interino y convocar a elecciones, se produjo un golpe de estado.

Un grupo de militares informó que se disolvían las instituciones republicanas, incluida la Constitución, y su líder, Moussa Dadis Camara, quien se convirtió en el nuevo mandatario, declaró que su Gobierno sería transitorio hasta nuevos comicios e informó que no formaría parte de uno nuevo.

Sin embargo, casi un año después de autoproclamarse presidente, en septiembre de 2009, informó su intención de presentarse a elecciones, lo que motivó protestas que fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad: hubo al menos 157 opositores muertos y más de un centenar de mujeres fueron violadas.

En diciembre de 2009, Camara recibió un disparo en un intento de asesinato por su ayudante de campo, Aboubacar Diakite, jefe de la guardia presidencial y acusado de ser el responsable de las atrocidades cometidas dos meses atrás. Camara fue trasladado a Marruecos, Sékouba Konaté asumió la dirección del país y Estados Unidos expresó su aprobación y su deseo de que se mantuviera fuera de Guinea al expresidente.

En 2010 Konaté llamó a elecciones generales, y fue la primera vez desde la independencia del país que Guinea celebró comicios libres y no fraudulentos; los resultados concluyeron en la victoria de Alpha Condé, quien asumió en diciembre del mismo año, medio año después sufrió otro intento de golpe de Estado, y se mantenía en el poder hasta hoy.

Actualmente el país está compuesto por 24 grupos étnicos y el 78% de la población se divide entre los fulani, maninka y soussou, mientras que el 18% restante pertenecen a otros más pequeños.

La etnia fulani comprende el 32% de la población y se encuentran principalmente en la región montañosa de Futa Yallon, en el centro del país; la segunda en importancia es la maninka, con el 30% y principalmente en el este, en la sabana de la parte superior de Guinea y la región de bosques.

Finalmente, el grupo soussou abarca al 20% de la población, se radica en su mayoría en los alrededores de Conakri, la capital del país y el centro económico más importante, Forécariah, y Kindia.

La población, predominantemente musulmana, en un 85%, también incluye un porcentaje significativo de cristianos católicos que habita las selvas del sur del país, y si bien el francés es la lengua más usada, cada grupo étnico tiene la suya.

Debido a su importante riqueza de minerales, diamantes, oro y aluminio, la economía del país depende de la extracción minera, así como de la agricultura, pero más del 60% de su población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.

Con unos 13 millones de habitantes y pese a sus numerosos recursos naturales, Guinea sigue siendo uno de los países más pobres del mundo, y el año pasado, golpeada fuertemente por la pandemia de coronavirus, la inflación fue del 10,6%.

Además, el PBI fue de 15.680 millones de dólares, lo que equivale al 0,07% de lo recaudado en el mismo año por Estados Unidos, mientras que el PBI per cápita fue de 1.194 dólares, un 1,9% de las cifras estadounidenses.

La fragilidad democrática y económica de Guinea amenazan la estabilidad de uno de los países asolados por la epidemia de ébola de 2014 junto a Liberia y Sierra Leona.

Hoy, en medio de la pandemia del coronavirus, el país registró más de 29.000​ casos y 341 muertes por la enfermedad, y solo el 9,13% de la población recibió al menos una dosis de la vacuna. (Télam)