El papa Francisco pidió hoy una negociación para poner fin a la guerra en Ucrania que incluya a Rusia y reconoció que el Vaticano tiene un "diálogo" abierto con Nicaragua por el enfrentamiento entre el Gobierno de Daniel Ortega y la Iglesia local, al tiempo que, en conferencia de prensa al regreso de Kazajistán, evitó juzgar si China "es democrática o antidemocrática".

"Siempre es difícil entender el diálogo con los Estados que han empezado la guerra, que han dado el primer paso. Es difícil, pero no debemos descartarlo", planteó el pontífice al ser consultado por una negociación que incluya a Rusia, pese a haber iniciado la invasión a Ucrania el 24 de febrero.

"Debemos darle la oportunidad del diálogo a todos. Siempre está la posibilidad de que con el diálogo se puedan cambiar las cosas, aunque sea puntos de vista, de consideración", se esperanzó el Papa en ese marco.

"No excluyo el diálogo con cualquier potencia que sea en guerra, aunque sea el agresor. Tiene mal olor, pero se debe hacer. Siempre la mano tendida. Sino, cerramos la única puerta razonable para la paz", admitió, sin nombrar explícitamente a Rusia.

En el marco de la guerra, el Papa aseguró además que la legítima defensa de un país "es una expresión de amor a la Patria".

Para Francisco, la legítima defensa en condiciones de guerra es "una decisión política que puede ser moralmente aceptada si se hace con las condiciones de moralidad" al tiempo que "puede ser inmoral si se hace con intenciones de provocar más guerras o para vender y descartar las armas que no me sirven más".

Según el pontífice, "la motivación es lo que califica la moralidad de este acto. Defenderse no es solo lícito sino también una expresión de amor a la Patria. Quien no la defiende no la ama", agregó.

Al plantear la situación de la relación entre el Vaticano y Nicaragua, el Papa reconoció este jueves que "hay diálogo" para buscar avances en la situación de tensión en el país centroamericano.

"Se habló con el Gobierno", admitió hoy el pontífice al ser consultado sobre la situación en Nicaragua, en donde la administración de Daniel Ortega mantiene bajo arresto al obispo Rolando Álvarez y a siete sacerdotes en medio de una fuerte tensión con la Iglesia local que incluyó también la expulsión del embajador vaticano.

"Hay diálogo, lo que no quiere decir que se apruebe todo lo que hace el Gobierno o que se desapruebe todo. Si hay diálogo es porque hay necesidad de resolver problemas", profundizó el pontífice, en su segunda intervención pública sobre la situación nicaragüense en un mes.

"En este momento hay problemas. Al menos espero que vuelvan las madres de Teresa de Calcuta, que son grandes revolucionarias… pero del Evangelio, no la hacen la guerra a ninguno. Todos las necesitamos", deseó luego el Papa, en referencia a la expulsión del grupo de religiosos decidido por el Gobierno de Ortega.

"Esto es un gesto, no se entiende. Pero continuamos con el diálogo, no hay que frenarlo nunca", reclamó.

Sobre la expulsión del embajador vaticano, el Papa consideró que "es grave diplomáticamente echar al Nuncio. Esto es difícil de entender y de tragar", reconoció.

"Pero no es el único caso, en Latinoamérica hay, de una parte y de la otra, situaciones así", agregó luego, sin identificar países.

Durante los 45 minutos de diálogo con los periodistas que lo acompañaron en el vuelo papal, entre ellos un enviado de Télam, el Papa se refirió también a los vínculos entre el Vaticano y China, a un mes del vencimiento del acuerdo firmado en 2018, y planteó: "Para entender a China se necesita un siglo y no vivimos un siglo".

"La mentalidad china es rica, pero se enferma un poco, pierde la riqueza y a veces se equivoca", respondió al ser consultado sobre las supuestas violaciones a la libertad religiosa en el gigante asiático.

"Para entender elegimos la vía del diálogo. Se toman una eternidad para avanzar, es un pueblo con una paciencia infinita", agregó luego en referencia a la comisión vaticana que encabeza el cardenal Pietro Parolin en las negociaciones para una nueva ratificación del acuerdo bilateral para la designación de obispos firmado en 2018 y que debería ser renovado en octubre.

Para el Papa, de todos modos, "no es fácil entender la mentalidad china, pero hay que respetarla. Calificar a China de democracia o antidemocracia no lo siento, porque es un país tan complejo. Sí es verdad que a nosotros hay cosas que nos parecen que no son democráticas", sentenció Francisco, que ayer coincidió con el líder chino Xi Jinping en la capital kazaja Nur-Sultán, aunque continúan sin mantener un encuentro bilateral pese a los acercamientos diplomáticos.

En su intervención, Francisco también lamentó las "limitaciones" que hay en China y que, por ejemplo, llevaron a inicios de año a la detención del cardenal Joseph Zen, que esta semana será juzgado en Hong Kong por diversos cargos.

"El cardenal Zen es un hombre que fue enviado a juicio estos días y dice lo que siente. Hay limitaciones allí. Calificar es difícil, no me siento hacerlo, son impresiones", argumentó el Papa.

"Busco apoyar la vía del diálogo, que con el diálogo se aclaran tantas cosas y no solo de la Iglesia, sino de otros sectores también. Trato de abstenerme de calificarla", agregó.

Durante la conferencia de prensa, el Papa planteó además que, por el momento, y pese a los dolores en su rodilla derecha, está confirmado su viaje a Bahrein en noviembre, que la Santa Sede proyecta para la primera semana.

En ese marco, el Papa, de 85 años reveló que "en febrero", cuando ya habrá cumplido 86 años, podría retomar el viaje a República Democrática del Congo y Sudán del Sur que estaba previsto para julio y que debió cancelar a causa de los dolores en su rodilla.

Francisco regresó hoy a Roma tras tres días en Kazajistán, en donde participó de un congreso con líderes religiosos de varios credos, como islámicos, judíos y cristianos, luego del que los participantes firmaron una declaración que entre otros puntos pide a la política mundial que abandone "toda retórica agresiva". (Télam)