Al menos 44 de los 234 migrantes rescatados por el buque humanitario "Ocean Viking" y que desembarcaron en Toulon, en el sur de Francia, la semana pasada después de que Italia se negara a abrir sus puertos, serán deportados, anunció hoy el ministro del Interior, Gerald Darmanin.

De las personas que fueron objeto de un pulso diplomático entre París y Roma después de haber sido recuperadas en el Mediterráneo, a 44 se les negó su solicitud de asilo y "serán reconducidas tan pronto como su estado de salud" lo permita, explicó el ministro durante una sesión de preguntas al gobierno, explicando que el estudio de los expedientes seguía en curso, informó la agencia de noticias AFP.

Después de que desembarcaran en Toulon, estas personas fueron trasladadas a un establecimiento vacacional de la península de Giens, en Hyères, transformado en "zona de espera" internacional cerrada de la que no pueden salir.

La oficina francesa de protección de los refugiados y apátridas se encarga de realizar una primera evaluación de los casos para decidir si los migrantes pueden ser admitidos oficialmente en territorio francés y presentar una solicitud de asilo en debida forma.

Darmanin no especificó las nacionalidades de las personas afectadas.

De los 234 rescatados, 44 fueron reconocidos como menores, mientras que 60 personas "pueden solicitar asilo, en particular sirios, sudaneses y eritreos", declaró.

Dos tercios de los supervivientes deben ser reubicados en otros 11 países europeos, añadió el ministro del Interior.

El Gobierno italiano defendió su decisión de restringir los desembarcos de inmigrantes para forzar que otros países acepten abrir sus puertos a las personas rescatadas en altamar y consideró que con la medida "finalmente se logró que el tema sea debatido en toda Europa".

"La pulseada con París es útil: ahora los europeos nos escuchan", dijo el ministro de Defensa, Guido Crosetto, en una entrevista publicada hoy por el diario La Stampa.

Crosetto se refirió así a la crisis diplomática originada por la decisión de Roma de permitir que solo personas frágiles, mujeres y niños desembarquen en suelo italiano, lo que llevó a que Francia, por primera vez, abriera finalmente uno de sus puertos a un barco con migrantes, tras años de negativas.

"Para nosotros es una forma en que finalmente se ha planteado la pregunta a toda Europa. Y abrió el debate sobre el tema", destacó Crosetto.

La disposición del Gobierno de extrema derecha que encabeza Giorgia Meloni, criticada por la oposición de centroizquierda y por algunas organizaciones humanitarias, incluye la revisión de peritos médicos a bordo de los barcos para determinar quién tiene derecho a desembarcar en Italia y quién debe permanecer sobre las embarcaciones en busca de otro país que abra sus puertos.

Para Crosetto, con su postura Italia logró que "un debate que estaba marginado fuera puesto en el centro. Porque mientras no se daba el debate, Italia recibió a más de 40.000 personas y Francia a solo 38", fundamentó. (Télam)