El enviado especial de Rusia para Afganistán, Zamir Kabulov, pidió hoy que su Gobierno establezca "relaciones con las nuevas autoridades afganas" y aseguró que Moscú recibió "tranquilamente los cambios" en Kabul con la toma del poder de la milicia islamista.

"La llegada al poder del movimiento talibán ya es una realidad y necesitaremos establecer relaciones con las nuevas autoridades afganas", aseguró Kabulov en una entrevista televisiva reproducida por la agencia de noticias rusa Sputnik.

Los talibanes nacieron en los 90 como una consecuencia de la lucha contra la ocupación soviética en la década anterior. Por eso y por el apoyo de esa milicia a los grupos armados islamistas que combatieron al Kremlin en Chechenia, los talibanes son considerados una organización terrorista e ilegal dentro de Rusia.

Sin embargo, los intereses geopolíticos tras la invasión y ocupación liderada por Estados Unidos en Afganistán allanaron el camino para una mejor relación entre Moscú y los talibanes, según el propio Kabulov lo reconoció.

"Nos estábamos ocupando de eso (el avance territorial de los talibanes) los últimos ocho años, razón por la cual recibimos tranquilamente los cambios en Afganistán", explicó el diplomático ruso, quien además se mostró optimista de que la milicia forme un Gobierno distinto al que tuvieron en la segunda mitad de los 90, como temen las potencias occidentales.

"Intentarán crear aunque sea una apariencia de la inclusividad del nuevo Gobierno afgano", sostuvo Kabulov, haciendo eco de la promesa que hizo la cúpula talibán tras tomar el poder en Kabul, la capital afgana.

"Ahora, los talibanes actúan no de palabra sino de hechos como un movimiento político-militar de carácter nacional, y no quieren representar una amenaza para sus vecinos", apuntó el enviado especial del presidente ruso para Afganistán", agregó en referencia a la posibilidad de una desestabilización o expansión de los combates más allá de las fronteras afganas.

Las palabras del diplomático ruso son muy distintas a las advertencias que se escuchan por estos días desde las potencias occidentales. Por ejemplo, la Casa Blanca informó ayer que el Gobierno de Joe Biden no reconocerá a un Gobierno talibán en el corto plazo y adelantó que tampoco lo hará ninguno de sus aliados con los que mantiene un diálogo fluido sobre la situación en Afganistán.

China, en cambio, mantiene una posición más similar a la de Rusia y ya adelantó que no retirará a su embajada de Afganistán. (Télam)