Escuchá la entrevista exclusiva de GRUPOLAPROVINCIA.COM conAlberto Asseff.

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Alberto Asseff

Como integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara baja, ¿cómo analiza las declaraciones del embajador argentino en Chile, Rafael Bielsa, sobre el candidato ganador en primera vuelta a las elecciones de aquel país, José Antonio Kast?

En primer lugar creo que las relaciones exteriores de nuestro país exigen mucha pericia, mucha profesionalidad, y sobre todo mucha sensatez, sentido común, que le falta lamentablemente al embajador argentino Rafael Bielsa, tanto demostrado cuando sin obligación legal alguna contrariamente a lo que él sostuvo se apersonó en la audiencia en el Tribunal Oral para abogar por la libertad condicional del delincuente terrorista Jones Huala, falso mapuche.

Cuando digo delincuente terrorista lo digo porque así lo calificó y sentenció con sentencia firme la justicia chilena. Esa tarea le hubiera correspondido a un abogado de matrícula chilena y a lo sumo al vicecónsul de nuestra representación de la zona de Valdivia, en el sur de chile.

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De ninguna manera un embajador en medio de un proceso electoral, porque ahora hay segunda vuelta en Chile, tiene que expresar públicamente ninguna opinión involucrándose en la contienda.

Es una imprudencia que además pone en peligro los intereses nacionales argentinos que son los de mantener las más posibles y pacíficas y armónicas relaciones con nuestro vecinos con el que compartimos una de las fronteras más extensas longitudinales del mundo. Más de 5500 kilómetros de frontera. Tenemos intereses comunes y necesidad histórica y de futuro de cooperación.

Yo con esto quiero también significar que las declaraciones que ha hecho reiteradamente el candidato a presidente Kats no son felices ni son para mí gratas como argentino, como dirigente político.

Lo inteligente en todo caso hubiera sido que el embajador informara al Gobierno nacional argentino y el Gobierno nacional argentino llamara a una reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara de Diputados, también de la del Senado, y en sesión secreta, que el reglamento lo prevé, informara a los miembros, uno de los cuales soy yo, sobre las declaraciones que sistemáticamente vienen haciendo el candidato Kats y algún otro sobre cuestiones que hacen a las relaciones argentinas-chilenas, y la política argentina sabría qué decir, qué contestar, o qué callar, pero de ninguna manera es el embajador el que tiene que involucrarse.

Cancillería tendría que relevarlo a Bielsa de su puesto porque ya no está en condiciones de ejercer con la templanza que debe ejercer un embajador.

Por eso yo rechacé esas declaraciones imprudentes desde todo punto de vista de Rafael Bielsa y en el fondo estoy pidiendo que la Cancillería no solamente atempere esas declaraciones con alguna desautorización sutil como intentó y con la llamada que hizo el canciller Cafiero al canciller Allamand de Chile sino que tendría que relevarlo a Bielsa de su puesto porque ya no está en condiciones de ejercer con la templanza que debe ejercer un embajador tan vital y tan estratégica como es la que nos representa en Santiago de Chile.

¿Considera que el Gobierno debe echar a Rafael Bielsa del cargo?

Yo no diría echar, relevarlo, trasladarlo, para decirlo en lenguaje diplomático, a otro destino y designar en el destino de Santiago de Chile a una persona que tenga un alto profesionalismo y una pericia diplomática especial como especial es la embajada argentina en Chile.

En cuanto a las relaciones exteriores de la Argentina más allá de esta circunstancia que aconteció con Chile, ¿cómo analiza la política exterior argentina?

Es una política errática, lo demostró el caso Nicaragua. Reiteradamente se hizo oídos sordos a las denuncias de fraude preelectoral de abusos por parte del régimen de Daniel Ortega y de su mujer encarcelando candidatos.

Todo el que anunciaba que iba a ser candidato a la presidencia lo encarcelaba. Así de grotesco, así de abusivo y antidemocrático. En ese lapso, vino convalidando el Gobierno argentino esos abusos y esas actitudes autoritarias y de pronto cambió su voto sumándose a una condena en la OEA y lo hizo con sordina como para que no tenga sonoridad en la Argentina.

Es decir, una política internacional que está más sometida a los vaivenes y a los intereses de las políticas domésticas que a los intereses nacionales. Y hay una diferencia muy grande entre la política doméstica, que tiene que ver con lo electoral interno, y los intereses nacionales permanentes. Una política exterior, como la que uno necesita como país, no es la que se somete a los intereses circunstanciales, electorales y políticos internos sino la que sostiene los grandes intereses nacionales estratégicos.

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