Dentro de la isla está claro que el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) significará el fin formal de la era Castro pero no del socialismo -"irrevocable" según lo determina la nueva Constitución-, aunque sí iniciará una profundización de las reformas económicas en marcha en medio de impactos históricos, como el bloqueo, y actuales, como el coronavirus.

"El Congreso de la continuidad histórica de la Revolución Cubana", es el lema de la convocatoria a la próxima reunión del órgano supremo del partido único de la isla, el primero que se realiza después de la muerte de Fidel Castro en noviembre de 2016.

La palabra "continuidad" es clave ya que está previsto que su hermano Raúl Castro, de 89 años, se jubile y ceda al presidente Miguel Díaz-Canel, de 60, el lugar de primer secretario en el liderazgo del partido.

"Lo más relevante de este VIII Congreso será la renovación del liderazgo del Partido Comunista, a partir del retiro de la mayoría, sino de todos de los que componen la denominada 'generación histórica'", explicó a Télam Ricardo Torres Pérez, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana de esa casa de estudios.

El retiro formal de la vida política de quienes participaron activamente en la revolución de 1959 para dar paso a los que nacieron en la Cuba comunista marca el fin de una era, pero no de los lineamientos ideológicos.

Así lo demostró en sus dos años de Gobierno Díaz-Canel, que bajo el eslogan "soñar y continuar un país" mantuvo inalterable los ejes decididos por el partido, y también el propio pueblo de Cuba, que de forma mayoritaria votó una Constitución, vigente desde 2019, que defiende el carácter "irrevocable" del socialismo en el país.

"No creo que haya una modificación sustancial en el modelo político. Más flexibilidad en lo económico sí, pero no necesariamente en lo político", indicó Torres Perez, al analizar el panorama que dejará el Congreso.

Además de la rápida propagación de internet, es justamente en la arena económica donde se produjeron las mayores transformaciones de los últimos años: en el inicio de 2021 se unificó la moneda con la desaparición del peso convertible (CUC), lo que llevó a un incremento del salario mínimo, y con la nueva Carta Magna se reconoció la propiedad privada y la necesidad de inversión extranjera.

La esencia de estas reformas fueron debatidas en congresos anteriores del PCC, principalmente en 2011 y el último, en 2016, y son plasmadas en documentos que serán actualizados nuevamente en el próximo cónclave que se realizará en el Palacio de las Convenciones de La Habana en coincidencia, sin demasiada casualidad, con el 60° aniversario de la invasión de Playa Girón.

"En estos momentos, lo más urgente es acelerar el ritmo y alcance de la reforma, algo que los documentos actuales permiten si el Gobierno quisiera hacerlo. No espero nuevas iniciativas, solo una confirmación de las propuestas principales", analizó Torres Pérez.

"Creo que habrá mucha presión sobre el Congreso para otorgar un mandato fuerte al Gobierno en el sentido de acelerar y profundizar la reforma, con el objetivo de mejorar la situación económica", agregó el académico.

El PBI de Cuba se contrajo entre un 8,5% y un 11% en 2020, de acuerdo a distintas estadísticas del Ministerio de Economía y de la Cepal, golpeado principalmente por la pandemia de coronavirus que afectó al turismo y la actividad productiva.

La isla es el país de Latinoamérica más avanzado en producir su propia vacuna contra el virus con dos candidatas ya en fase 3: la Soberana 02, que entró en etapa final de pruebas el 3 de marzo con su administración a voluntarios en La Habana y en Irán, y la Abdala, que comenzó a ser testeada masivamente el 3 de abril último.

Otros fármacos en investigación son Mambisa, Soberana 01 y Soberna Plus, este último destinado para pacientes convalecientes de Covid-19 y que ingresó esta semana a fase 2 de ensayos clínicos y se prevé probarlo en adultos, de ambos sexos, de entre 19 y 80 años.

Previo a la pandemia, el escenario ya se había complejizado por las políticas del expresidente de Estados Unidos Donald Trump hacia la isla, con el recrudecimiento del bloqueo y de las sanciones, que redujo significativamente el suministro de petróleo, la llegada de visitantes estadounidenses y el envío de remesas.

El regreso de los demócratas a la Casa Blanca no implica un nuevo deshielo en las relaciones bilaterales, como ocurrió en la época de Barack Obama, y así lo dejó bien claro Jen Psaki, vocera del actual mandatario: "Un cambio de política hacia Cuba no es una de las prioridades de (Joe) Biden".

"Muchos en el Gobierno cubano esperaban cambios más rápidos con la nueva administración en Estados Unidos. Pero ya se van moderando las expectativas", sintetizó Torres Pérez. (Télam)