(Por Camil Straschnoy).- La explosión en el puerto de Beirut dejó "hospitales destruidos, un sistema de salud desbordado y un trauma psicológico que va a perdurar mucho tiempo", describió a Télam el argentino Marcelo Fernández, jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Líbano, a un año del estallido que profundizó la crisis económica, agudizó la fuga de personal sanitario y la dificultad de conseguir medicamentos básicos.

La detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio abandonados sin precaución en un silo el 4 de agosto de 2020 provocó 214 muertos, más de 6.500 heridos, barrios enteros de la capital devastados por la onda expansiva y acentuó una frágil situación previa que generó varios cambios de Gobierno y una devaluación acelerada de la moneda.

"El impacto inmediato fue la destrucción de hospitales y del sistema de salud que se desbordó tras la explosión. Al mismo tiempo, a mediano plazo, centros que brindaban servicios para enfermedades crónicas o tratamientos de cáncer también se vieron afectados, tanto estructuralmente como en el aprovisionamiento de medicinas. O sea, fue un efecto dominó que afectó a todo el sistema", indicó Fernández en una entrevista con esta agencia.

"A esto hay que sumarle el trauma psicológico que sigue existiendo y va a perdurar durante mucho tiempo. Todos recuerdan qué estaban haciendo a las 18:07 (horario local de la explosión), dónde estaban, con quién, qué estaban comiendo", añadió el médico nacido en la localidad santafesina de Reconquista y formado en Rosario.

Pese a que ya pasaron 25 años desde que empezó su "aventura" con MSF, tal como lo describe, que lo llevó a trabajar en varios países del sudeste asiático, Guatemala y México, el médico todavía rememora sus años de residencia en el hospital municipal rosarino Clemente Álvarez o sus días en las tribunas de El Coloso para ver al Newell´s Old Boys dirigido por Marcelo Bielsa.

"La crisis política y económica en el Líbano me hace acordar mucho a la de Argentina en diciembre de 2001", indicó al trazar un paralelismo entre lo ocurrido hace dos décadas en su país de nacimiento y lo que pasa en el que hoy vive, que sufre "una fuga de personal médico capacitado" y una falta "de medicamentos esenciales porque no hay dinero para importarlos".

"Para conseguir drogas básicas como el paracetamol hay que recorrer dos o tres farmacias. Ni hablo de medicamentos de enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión que son prácticamente productos de lujo. Todo esto empezó antes de la explosión pero se acentuó", manifestó.

El activista describió también la dificultad para conseguir algunos alimentos y las colas de "dos o tres horas por día que hay en las estaciones de servicio" para cargar nafta, en gran parte producto de la devaluación "feroz" de la moneda.

Fernández llegó a Beirut en enero de este año, casi cinco meses después de la detonación, y si bien no vivió en carne propia lo que fue estar en la ciudad en el momento del estallido, el paisaje de destrucción que generó la onda expansiva lo recorre una vez por semana cuando pasa por la zona del puerto para ir hacia el norte, donde MSF tiene uno sus centros primarios de salud.

"La primera vez que pasé se me pusieron los pelos de punta. Antes de llegar y después de pasar por la Zona Cero se ven cientos de metros de edificios destruidos y te das cuenta de la violencia de lo que pasó", explicó.

"En el puerto todavía se encuentran los silos donde empezó la explosión. Ves barcos hundidos, totalmente destruidos, y edificios completamente en ruinas. Es impresionante", añadió, y recordó que en lo primero que pensó cuando se enteró de la explosión que recorrió el mundo fue en Lucas Molfino, otro argentino que en ese momento lideraba la misión en el Líbano, en el personal de MSF y en sus oficinas.

"Lo que pasó quedó muy marcado en la gente. Todos los servicios médicos y sanitarios que brindamos siguieron operando, aun cuando nuestros empleados y colegas estaban sufriendo el efecto directo de la explosión por sus familias, sus casas y el trauma propio de este evento", indicó.

Pese a estas dificultades y un sistema de salud que está casi en un 80% privatizado, Fernández destacó "la muy buena respuesta" que dio tanto la organización en la que trabaja, que se enfocó más en mantener los servicios que se vieron afectados para enfermedades crónicas, salud mental y distribución de kits de higiene, como la Cruz Roja libanesa que ayudó a los heridos por la detonación.

En la actualidad, MSF mantiene estos servicios, además de trabajar en una maternidad, atención a domicilio para adultos mayores, a niños con talasemia y brindando apoyo en vacunaciones, tanto contra el coronavirus, como para los inmunizantes que componen el programa nacional, entre otras acciones.

También opera centros de atención primaria en la frontera con Siria, donde "hace dos o tres años, antes de esta crisis, el 70% de nuestros pacientes eran refugiados sirios y un 30% libaneses y hoy por hoy –contrapuso Fernández- prácticamente estamos 50 a 50, o sea, cada vez vamos a ver más pacientes libaneses porque no tienen acceso a los servicios básicos de salud". (Télam)