La ministra de la Mujer y Equidad de Género chilena, Antonia Orellana, calificó al movimiento feminista latinoamericano como "uno de los más potentes a nivel global" y destacó la relevancia de su articulación regional, así como la necesidad de defender una agenda internacional de género en momentos en los que la extrema derecha amenaza con replicar sus avances en el continente.

"El movimiento feminista latinoamericano es uno de los más potentes a nivel global y, de hecho, fuimos pioneras en plantear discusiones como el femicidio. Es un concepto netamente latinoamericano", dijo a Télam Orellana, quien también señaló que América Latina está siendo pionera en proponer la idea de los cuidados "mucho más allá" de lo alcanzado por los estados de bienestar del norte de Europa.

La ministra, que inició su actividad política en las protestas estudiantiles de 2006 y formó parte de la Red Chilena contra la Violencia hacia la Mujer, explicó lo positivo de que este movimiento -"contradictorio" a veces- esté "vivo" y movilizado porque interpela a quienes están en los espacios institucionales.

"Cuando desaparecen del mapa es cuando quienes estamos en los espacios de toma de decisiones enfrentamos solas el avance de grupos que están en contra de los derechos de las mujeres y creo que eso es un peligro real que tenemos hoy en América Latina", consideró la también periodista y feminista.

En ese sentido, destacó la "urgencia" de una articulación regional del movimiento feminista para replicar las tácticas de la ultraderecha en los distintos países.

"Hay que asumir que la agenda de género, como no es consenso, nunca es territorio ganado", indicó Orellana, quien parafraseó a la filósofa Simone de Beauvoir, al afirmar que "no basta una crisis para que los derechos de las mujeres se pongan en duda".

También destacó la importancia de la articulación de una agenda internacional de género y de instancias como la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, el sistema de Naciones Unidas y el interamericano como "garantías" para no perder "mínimos civilizatorios".

A su juicio, la articulación de este tipo de políticas a nivel regional son relevantes porque "nunca todos los países avanzan en lo mismo al mismo tiempo" y se refirió al acuerdo de cooperación para el desarrollo de políticas en materia de género y diversidad que Chile firmó en abril pasado con Argentina.

"Chile tiene una situación mucho más avanzada que Argentina respecto a paridad de participación política, pero no tenemos política para la comunidad LGBTQI+. De hecho, no tenemos institucionalidad. El Ministerio es el Ministerio de la Mujer, no de las mujeres y diversidad", declaró.

En vez de hacer un cambio vía decreto, explicó que el Gobierno de Gabriel Boric resolvió discutir con las organizaciones de las disidencias chilenas sobre dónde querían que estuviera la institucionalidad y qué esperaban que esta hiciera.

"Las necesidades urgentes son el acceso a derechos sociales básicos por parte de la comunidad, en especial por la población trans. Y dado que Argentina ya tiene tiempo de implementación de la Ley Trans, también del cupo laboral, nos interesaba mucho poder acceder a esa información, ver qué obstáculos ha habido y si los podemos prevenir en nuestra futura experiencia", concluyó. (Télam)