El economista cubano Mauricio de Miranda opinó que, en la presente “crisis” que vive la isla, “estas protestas públicas han sido solo un primer momento si se considera su capacidad de difusión y su masividad”, y añadió que el Gobierno “debería reconocer públicamente sus errores si quiere tratar de recuperar su credibilidad”.

De Miranda, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia, admitió que “es cierto que ciertos sectores radicales del exilio han hecho llamados a la desobediencia civil y a la insurrección”, pero aclaró que las manifestaciones actuales “no son el resultado de esos llamados hechos desde canales de YouTube”.

El catedrático consideró a Télam que la actual situación económica “es la más terrible desde el llamado Período Especial de los años 90" con la caída de la Unión Soviética, y reseñó que "en 2020, el PIB cayó un 11,3%, pero ya en 2019 se había producido una caída del 0,2% y el crecimiento promedio anual entre 2015 y 2019 fue de solo 1,7%”.

A su juicio, más allá de los problemas derivados del bloqueo económico y la pandemia, “la economía cubana tiene serios problemas estructurales que dependen principalmente de los sucesivos errores de política económica cometidos desde los años sesenta (…) debido a la excesiva centralización de las decisiones económicas, la incapacidad para generar suficientes estímulos al desarrollo productivo y los frenos al emprendimiento”.

“Las reformas económicas que se han realizado desde los años noventa han sido parciales e insuficientes, no han abordado los cambios estructurales de forma sistémica y sobre todo no han apuntado a la promoción del emprendimiento empresarial”, añadió.

En ese sentido, De Miranda consideró que la política de desarrollo del turismo “fue correcta pero insuficiente”, y en todo caso ese esfuerzo hizo que se “obviara las necesidades del desarrollo industrial y agrícola”.

“La sociedad cubana de hoy es claramente diferente a la que decidió permanecer en el país tras el triunfo revolucionario. Han pasado más de sesenta años y un fenómeno que parece mantenerse como algo estructural es la emigración como válvula de escape para solucionar las insatisfacciones individuales pero también para reducir el factor de oposición social interna”, evaluó.

Al respecto, completó: “Existe en la sociedad cubana una parte considerable que carece de opciones y de perspectivas, que vive en una situación de pobreza que no es reconocida públicamente por las autoridades cubanas y gran parte de esa población salió a las calles como explosión de una situación de hastío”.

“Pero hay que tener en cuenta que antes de eso ya se habían producido una serie de indicios de protesta pacífica en diversos sectores sociales, incluidos artistas, reclamando espacios de diálogo que solo han encontrado la intolerancia y el rechazo como respuesta”, agregó.

Finalmente, el catedrático afirmó que “el Gobierno debería reconocer públicamente su incapacidad para solucionar los problemas económicos pero sobre todo por su incapacidad para propiciar un clima de consenso político construido desde la diferencia y no desde el aplastamiento del otro. No es reprimiendo al disconforme que se construye una sociedad, todo lo contrario, es la forma más expedita para destruirla”. (Télam)