Richard George es inglés, vive en Walsall, un pueblo en las afueras de Birmingham y la pandemia lo alejó de dos de sus amores: hace más de un año que no juega al fútbol en silla de ruedas motorizadas con su equipo, el West Bromwich Albion, campeón en 2020, y dejó de vivir junto a su flamante esposa, que es médica, para evitar contagiarse de coronavirus.

Richard tiene osteogénesis imperfecta tipo 2, conocido coloquialmente como huesos de cristal, un trastorno congénito que causa una fragilidad excesiva de los huesos y, por lo tanto, una mayor posibilidad de fracturas.

“Creo que las personas con discapacidad son etiquetadas como 'no sociables', cuando en realidad soy un tipo muy sociable y extrovertido”, se autodefinió en una entrevista con Télam, en la que profundizó sobre cómo lo afecta el tercer confinamiento estricto en el que está sumido el Reino Unido ante la suba exponencial de casos por una nueva cepa 70% más contagiosa.

“Rara vez me quedo. Juego fútbol en silla de ruedas para el West Bromwich Albion, lo que no puedo hacer desde hace más de un año”, destacó como ejemplo de esa garra que tiene, pero que ahora debe contener porque pertenece a un grupo de riesgo.

El virus lo alejó del deporte, pero principalmente lo alejó, al menos físicamente, de su esposa, médica que estuvo en la primera línea de la lucha contra el coronavirus al trabajar en una Unidad de Cuidados Intensivos.

“Debido a que yo estaba en la categoría de extremadamente vulnerable, decidimos que sería más seguro vivir separados”, afirmó.

Alice, con quien se casó el 19 de julio del 2019, se mudó a la casa de un primo de Richard, que a su vez se fue a vivir con él para ayudarlo, y esta pareja pasó parte de su primer año de matrimonio en una relación por videollamada.

“Ella luchó durante la primera ola viviendo sola, lo que resultó muy difícil para ella y para mí. Tratar de apoyar a tu esposa a través de una videollamada no es lo ideal cuando todo lo que se necesita es un gran abrazo”, contó Richard, que al igual que su compañera de vida tiene 32 años.

“Ella realmente luchó. Tuvo que tomarse un poco de tiempo para recibir terapia por lo que experimentó. La terapia parece ir muy bien y ella volverá a trabajar en las próximas semanas”, contó. (Télam)