Guillermo Lasso, empresario, accionista y expresidente del Banco de Guayaquil, y el ex super ministro de Economía durante parte de la crisis de 1999 en Ecuador, se presenta por tercera vez a unas presidenciales con la esperanza de, finalmente, escapar a la imagen de empresario de la élite y mostrarse como un hombre de familia de gustos simples y accesible.

Consciente de esa imagen de banquero de derecha que sus detractores suelen destacar, Lasso se define a sus 65 años como una persona "normal", "tranquila" pero "bastante bromista", que disfruta estar en casa con su esposa, con quien se casó hace 40 años, hijos y nietos.

También le gusta ver "documentales de historia y biografías políticas" en televisión y escuchar "jazz, salsa y música romántica en español", en particular de José José, Luis Miguel y Ricardo Arjona.

Miembro del Opus Dei, nacido en Guayaquil en 1955 y el menor de once hermanos, Lasso también se asumió como defensor de la igualdad de género y disidencias sexuales a pocas semanas del balotaje.

"Lucharemos por la igualdad de oportunidades para la población trans y los ecuatorianos LGBTIQ+ en el trabajo, en centros educativos, en el campo y las ciudades", tuiteó, luego de que su candidato a vicepresidente, el médico Alfredo Borrero, se disculpara por haber opinado que el tema de las clínicas de deshomosexualización era complicado porque se trata de "un problema genético".

Lasso seduce mayormente al electorado tradicional de la región de la Costa y parece haberse asegurado el respaldo de una nutrida coalición de grupos opositores al movimiento correísta, tras las elecciones de 2013 y 2017.

"Lasso es un líder capaz y honesto. Una persona que está preparada para gobernar este país y que no necesita improvisar porque tiene un plan hecho por muchos años para Ecuador", describió a Télam Aparicio Caicedo, director Ecuador Libre, think tank que prepara el plan de Gobierno del candidato.

Lasso, quien se jacta de trabajar desde los 15 años y tiene estudios universitarios de economía, un posgrado en administración de empresas y un doctorado honoris causa de la Universidad de las Américas, aseguró en 2012 al diario El Universo que la vida lo había hecho liberal, una filosofía que aún mantiene.

"Cada vez que el Estado se mete en la vida de los ecuatorianos, la complica. Yo quiero que todos tengan la libertad para emprender y hacer sus sueños realidad con menos impuestos y trámites, más inversión y una economía abierta al mundo", tuiteó el candidato durante esta última campaña.

Tras años de trabajo en financieras y su fusión con el Banco de Guayaquil, del que fue vicepresidente en 1989 y presidente de 1994 a 2012, el empresario fue super ministro de Economía de la presidencia de Jamil Mahuad cuando el país atravesó su peor crisis económica en 1999, que terminó en la actual dolarización.

Más tarde, fue Gobernador de Guayas y fugaz embajador itinerante de la Presidencia de Lucio Gutiérrez en 2003, cuando aprovechó para establecer alianzas económicas con diferentes países, siempre con el norte puesto en EEUU.

Al igual que Mahuad, Gutiérrez debió renunciar a su cargo debido a las protestas populares y la crisis provocada, y fue ahí que Lasso se vinculó primero al movimiento liberal UNO, aunque no se postuló en los comicios presidenciales hasta 2011, cuando decidió formar la coalición Creo con exmiembros de UNO, Izquierda Democrática, Movimiento Concertación y líderes del sector privado.

Perdió con Rafael Correa por mucho.

En 2017, en cambio, perdió solo por dos puntos porcentuales con Lenin Moreno, el entonces delfín de Correa que dio un giro ideológico de 180 grados cuando llegó a la Presidencia y terminó adoptando posiciones políticas muy similares a las de Lasso.

Hoy, con un correismo golpeado por cuatro años del Gobierno de Moreno y como favorito de aquellos que apuestan por la grieta, Lasso cree que finalmente llegó su oportunidad de alcanzar la Presidencia.

(Télam)