A dos días de la asunción del presidente electo Guillermo Lasso, el escenario político de Ecuador no resulta del todo auspicioso: el país atraviesa una nueva ola de coronavirus, el futuro mandatario rompió la principal alianza que lo llevó al poder, el Congreso está atomizado, la oposición se divide y cruza acusaciones, y la deuda externa a pagar entre 2021 y 2025 supera los 40.000 millones de dólares.

Ni la pandemia ni la crisis económica son nuevas, lo que sí sorprendió es que la semana pasada, Lasso, quien asumirá el próximo lunes y será el primer presidente desde 2007 que no tendrá mayoría clara en la Asamblea Nacional (AN), no dudó en hacer saltar por los aires su coalición con los socialcristianos en el Congreso, lo que parece complicar la idea de estabilidad y unidad política a la que recurrió como emblema durante su campaña.

El mandatario electo gobernará con una Asamblea altamente fragmentada: la correista Unión por la Esperanza (UNES) tiene 49 escaños; la fuerza indigenista Pachakutik (PK) 26 (originalmente 27, pero un asambleísta abandonó sus filas dos días antes); la centrista Izquierda Democrática (ID) y el ahora exaliado de Lasso Partido Social Cristiano (PSC) 18 cada uno; el oficialista CREO 12, y a ellos se agregan 14 legisladores independientes.

El sábado pasado, después de tres intentos fallidos para elegir al nuevo titular del congreso y de romperse el acuerdo entre CREO y el PSC, la alianza con la que Lasso ganó el balotaje presidencial hace solo un mes, la Asamblea Nacional eligió a la legisladora Guadalupe Llori, del PK, como su nueva presidenta, todo un logro para esa fuerza indigenista que quedó tercera en las presidenciales a solo centésimas de entrar a la segunda vuelta.

En un primer momento, Lasso motivó el acercamiento entre CREO, PSC y UNES y eligió a Henry Kronfle, un socialcristiano, como candidato a titular de la Asamblea, pero cuando tuvo que ratificar su postura, se arrepintió y le dio el voto definitorio a PK, que también tuvo el respaldo de ID y los independientes.

Que un miembro del PK presida el Poder Legislativo es un hecho histórico para ese movimiento político que siempre tuvo una participación marginal en el congreso; sin embargo, tanto el expresidente Rafael Correa como Jaime Nebot, exalcalde de Guayaquil y líder del PSC, advirtieron en estos días que la Presidencia de Lasso estará marcada por la inestabilidad en la Asamblea.

El escenario político que dejaron las elecciones terminó de estallar esta semana cuando, cuatro días después de la elección de Llori, el excandidato presidencial de su partido, Yaku Pérez, anunció que dejaba el PK en desacuerdo con la alianza con el oficialismo que permitió la designación de la legisladora amazónica. "Vuelvo a la resistencia", afirmó.

La convulsionada fotografía actual de Ecuador se completa con la crisis económica y la dramática situación epidemiológica que atraviesa el país, con una nueva ola de contagios y el sistema público de salud que ya no cuenta con medicamentos esenciales para sedar y entubar a ningún tipo de paciente.

Hasta la fecha, el país de 17,4 millones de habitantes registraba más de 411.000 contagios y casi 20.000 muertos, cifras que, sin embargo, son rechazadas por sindicatos médicos que denuncian que hay un subregistro de fallecidos por el nuevo virus.

Además, la vacunación es apenas incipiente.

El mandatario saliente Lenín Moreno dejará la Presidencia con 20 millones de dosis negociadas entre Pfizer/BionNtech, Sinovac, AstraZeneca y la iniciativa Covax de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y recién llegarán 15 millones en el segundo semestre del año para completar la inmunización de 10 millones de personas.

Habrá que ver si esto permite que Lasso cumpla su promesa de vacunar a nueve millones de personas para el 1 de septiembre próximo y pueda evitar nuevas cuarentenas y restricciones estrictas que compliquen aún más la situación económica.

Porque Lasso asumirá el control de un país que perdió 532.359 puestos de trabajo entre marzo y diciembre de 2020, como consecuencia de la pandemia, y que tiene en vigencia una ley de Defensa de la Dolarización a pedido del Fondo Monetario Internacional (FMI) que limita su capacidad de ampliar el gasto público.

El año pasado, las pérdidas totales representaron el 16,6% del PBI, según un informe publicado este mes por el Banco Central. En líneas generales, el sector más afectado de la actividad privada fue el comercio, seguido el turismo y las manufactureras; mientras que en el sector público, la salud enfrentó la mayor pérdida, según replicó el diario El Comercio.

Además, entre el primer trimestre de 2021 y el mismo período de 2020 las importaciones de bienes para la producción -equipos, inmuebles e instalaciones utilizados por la industria para desarrollar y ofrecer productos o servicios- cayeron un 2,12%, de acuerdo al informe de la Federación Ecuatoriana de Exportadores, consignado por el diario Primicias.

Sumado a estas cifras, sobre la recta final de su mandato y antes de que asumieran los nuevos integrantes de la Asamblea Nacional, Moreno logró la aprobación de una ley que prohíbe al Banco Central utilizar sus reservas internacionales para inyectar recursos al Gobierno nacional o los regionales, para fortalecer el dólar y respaldar los recursos de terceros.

Se trata de uno de los compromisos adquiridos por Ecuador con el FMI como parte de un acuerdo firmado el año pasado que más resistía el correísmo porque, sostenía, era una "privatización encubierta" de un Banco Central que ya de por si tiene menos autonomía dado que la economía está dolarizada hace más de 20 años.

Y para completar el cuadro económico, Ecuador deberá pagar 1.762 millones de dólares por amortizaciones de la deuda externa antes de fin de año y un total de 40.228 millones de dólares durante todo el mandato de Lasso, quien asume con una deuda pública que ya equivale al 62,52% del PBI. (Télam)