Por Christian Rodríguez, responsable de relaciones internacionales de France Insoumise (Francia Insumisa), que encabeza Jean-Luc Mélenchon


El próximo domingo se realizarán elecciones presidenciales y legislativas en Ecuador, 137 miembros de la Asamblea serán elegidos para un nuevo Parlamento y tendrá un nuevo presidente, cargo para el que compiten 16 candidatos.

Es de esperar que estas elecciones pongan fin a la desastrosa 'era de la traición' que lideró Lenin Moreno, quien fue nominado por el correísmo, para ser la alternativa de reemplazo de Rafael Correa. Inicialmente, muchos creímos que Moreno sería el candidato para la continuidad del ejemplar proceso progresista que vivía Ecuador. Nadie imaginó que Moreno, un personaje que nunca creyó en otra cosa que en su propia gloria personal, lograría lo que viene haciendo durante todo este tiempo desastroso para el Ecuador.

En suma, Moreno engañó a su pueblo y así pudo ganar con la izquierda y gobernar con la derecha. Neoliberal, pro-imperialista y anti-integracionista, más que el 'gran traidor' de Correa, fue quien engañó a los millones de ecuatorianos que le dieron su voto haciéndoles pensar que daría continuidad al proceso de la revolución ciudadana iniciada en 2007.

A nivel internacional, fue él quien negoció la expulsión de Julian Assange de la embajada ecuatoriana en Londres y su entrega a las autoridades inglesas a cambio de un suculento préstamo del FMI.

Bajo el gobierno de Moreno todas las organizaciones políticas del correísmo fueron perseguidas y proscritas, y más de la mitad de todos los que lo llevaron al poder fueron reprimidos, encarcelados y exiliados. La obsesión de Moreno consistió en erradicar definitivamente todo lo que se había construido durante el período de la llamada 'política del Buen Vivir' y de la 'Revolución Ciudadana' en Ecuador.

Moreno sigue desesperado porque hasta ahora el principal candidato en las urnas es Andrés Arauz, de la coalición Unión por la Esperanza UNES, candidato cercano al correísmo. De acuerdo con las reglas de juego en materia electoral, en Ecuador se debe lograr al menos el 40% y una diferencia del 10% para ganar las elecciones en primera vuelta.

En los últimos tiempos se realizaron miles de intentos cancelar las elecciones presidenciales y así evitar que se celebren el 7 de febrero: obviamente, quien lidera las urnas es Arauz y eso no es admitido por el poder vigente.

Moreno es convocado a Washington y, antes de viajar, se vacuna en secreto contra la Covid 19. Su manejo de la pandemia fue catastrófico: aún no nos hemos olvidado de los cientos de cadáveres en las calles de Guayaquil y los cientos de moribundos que pedían ser atendidos en hospitales. Sin embargo, Moreno asegura su vacuna y la de sus familiares.

En Washington conoce a Luis Almagro, secretario general de la OEA, organizador de golpes de Estado en todos los procesos electorales latinoamericanos que no se inclinan para el lado de Estados Unidos. Moreno viaja para recibir instrucciones, teme porque está negociando su futuro: sabe que en Ecuador tendrá que responder. Al parecer, ya ha negociado un exilio en Suiza con el apoyo de Estados Unidos.

Mientras tanto, la derecha ecuatoriana comienza a hacer ruido sobre un presunto fraude electoral, crean el Observatorio "para el control de las elecciones ecuatorianas", instalan los instrumentos necesarios para gritar el supuesto fraude. La misma mecánica que en Bolivia, nada nuevo, aunque siguen siendo instrumentos poderosos que, combinados con el poder mediático, son efectivos para desestabilizar.

Aunque les duele, los votos por Arauz siguen creciendo y parece posible su victoria en la primera vuelta.

Dentro del país, los ecuatorianos se movilizan voto a voto y con cuidado, porque la Covid-19 obliga a hacer campaña bajo protección. En el exterior, los ecuatorianos defienden su derecho al voto, porque además intentan robar su derecho a participar en estas elecciones. Todo sirve para evitar la victoria del campo progresista.

Sólo tenemos que fortalecer la presión internacional, alertar y activar la solidaridad, denunciar las maniobras de la OEA y Estados Unidos. Por último, será necesario enviar observadores internacionales a las elecciones para que estén atentos, garanticen y preserven el respeto al voto y la elección del pueblo ecuatoriano. (Télam)