Miles de sudaneses protestaron hoy en las calles de varias ciudades para pedir un retorno a la vía democrática tras el golpe de Estado llevado a cabo el lunes por el general golpista Abdel Fatah al-Burhan, que se vio seguido de una cruenta represión que terminó con dos nuevas muertes, lo que eleva a 11 el total de fallecidos.

Al menos dos manifestantes murieron hoy a manos de las fuerzas de seguridad en la ciudad de Omdurmán, situada frente a la capital, Jartum, anunció en Twitter un sindicato de médicos prodemocracia.

La protesta, celebrada en Jartum y otros puntos del país, estuvo marcada por las consignas contra el Ejército, que patrullaba la capital, cortaba puentes y registraba vehículos y a los transeúntes.

"Queremos un régimen civil y no aceptaremos la repartición de poder con los militares, tiene que ser 100% civil", dijo Hashem al-Tayeb, un manifestante en el sur de Jartum, citado por la agencia de noticias AFP.

La respuesta del ejército será vigilada por el mundo entero, advirtió un alto responsable estadounidense. "Será una verdadera prueba de las intenciones de los militares", alertó.

El riesgo de un nuevo baño de sangre en este país diezmado por los conflictos no menoscaba la determinación de los manifestantes, aseguró la militante prodemocracia Tahani Abbas.

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"Los militares no nos dirigirán, aquí dejamos nuestro mensaje", agregó. Para ella y muchos de los presentes, esta protesta, llamada "manifestación del millón" de personas, no es más que "un primer paso".

En un país dirigido casi sin interrupción por los militares en sus 65 años de independencia, la calle decidió levantarse ante el general Burhan, que el lunes disolvió las instituciones del Gobierno de transición y arrestó a la mayoría de líderes civiles.

"No al régimen militar", "no volveremos a la lista (estadounidense) de personas que apoyan el terrorismo", clamaban los manifestantes, preocupados ante la posibilidad de ver de nuevo a Sudán en la lista 'negra' de Estados Unidos, en la que figuraban hasta 2020 y que les ocasionó severas sanciones financieras durante años.

Tras el golpe, Estados Unidos y el Banco Mundial frenaron su ayuda, vital para un país sumido en una inflación y la pobreza. La Unión Africana suspendió a Sudán y el Consejo de Seguridad de la ONU exige el regreso de los civiles al poder.

Para los manifestantes, "no hay vuelta atrás posible" tras la revuelta que tumbó en 2019 al dictador Omar al Bashir, un general que llegó al poder gracias a otro golpe, hace 30 años. Derrocarlo tuvo un alto precio: seis meses de movilización y más de 250 muertos.

Desde el lunes, muchos sudaneses declararon "desobediencia civil" y se protegen tras las barricadas de las balas reales o de goma y los gases lacrimógenos de las fuerzas de seguridad.

Jibril Ibrahim, ministro de Finanzas, advirtió a los manifestantes, en Twitter, que "destruir los bienes públicos no es una manifestación pacífica".

Por su parte, el vocero del Gobierno derrocado acusó en Facebook a "los golpistas" de perpetrar actos de sabotaje buscando un pretexto para desencadenar la violencia.

Esta vez "los dirigentes militares no deben equivocarse: el mundo los mira y no tolerará más sangre", advirtió Amnistía Internacional (AI).

Hoy, nuevamente, el emisario británico Robert Fairweather exhortó a las fuerzas de seguridad sudanesas a "respetar la libertad y el derecho de expresión".

El secretario general de la ONU António Guterres, en tanto, instó "a los militares a hacer gala de moderación y a no causar más víctimas".

El golpe sepultó las esperanzas de unas elecciones libres a finales de 2023 y llevó al país de nuevo a un peligroso limbo.

Casi la totalidad de dirigentes civiles, que integraban junto a los militares las instituciones de la transición ahora disueltas, están todavía detenidos o en arresto domiciliario. (Télam)