Las protestas que hace 20 días tienen movilizada a Colombia poseen una fuerte base en los ámbitos universitarios, no solo porque los estudiantes van a la cabeza de las manifestaciones, sino también por el rol central que muchos docentes están cumpliendo desde el inicio del paro, una de cuyas demandas claves tiene que ver con mejoras para el sector.

Télam recogió dos testimonios de profesores de distintas universidades, activos en las concentraciones, para tener la mirada del sector sobre el cuadro que atraviesa el país.


Carlos Benavídez, docente de la Universidad del Externado de Bogotá.

“Llevamos 20 días de un paro que logró ya tres victorias: una, bajar la reforma tributaria, que casi llevaba a tributar la comida y los servicios; dos, el cambio de un ministro de Economía; y tres y muy importante, la propagación de un sentimiento antiuribista, más bien contra un régimen propatronal. Colombia tiene 1.030 municipios y en varios centenares hubo mensajes antiuribistas. Eso ya lo hace un paro victorioso.

Esto es inédito, no excepcional, pero sí inédito. Hubo paros sectoriales, pero en este caso hay una síntesis: está lo agrario, lo barrial, lo feminista, lo estudiantil, lo gremial. No es el más largo, pero está a punto de serlo. Y la represión no es histórica porque en Colombia esto se vive en forma continua, pero sí es distinta en términos de intensidad. Y desproporcionada casi desde el primer momento, desde el anuncio mismo del paro. La militarización generó detenciones arbitrarias, hostigamientos y finalmente muertes.

Tengo la impresión de que los anuncios del presidente (Iván Duque) no van a generar miedo, sino lo contrario: que el miedo y la mentira seguirán siendo movilizadores. La gente está respondiendo al temor con mayor convocatoria. Genera más solidaridad. Lo que sí hay desgaste porque son muchos días. Pero las formas de control del uribismo, que son el miedo y la mentira, están siendo respondidas con creatividad. Buscan alterar el calendario electoral porque saben que va camino a una derrota. Y hay temor por una salida militar para evitarla”.


Alexander Gamba Trimiño, sociólogo, docente de la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás de Bogotá.

“Este estallido no tiene precedentes. Se calcula que el 28 de abril, en la primera marcha, salieron unas cuatro millones de personas, que ya es una cifra impresionante. Y desde ahí, se habla de que el 68% de los municipios tuvieron alguna acción colectiva. Esto significa que el 70% del país estuvo movilizado. Y que se hayan movido municipios pequeños es una gran novedad. La respuesta del Gobierno fue con represión y eso no mermó las movilizaciones.

Cuando el Gobierno se dio cuenta que la estrategia represiva no funciona, retiró la reforma y cambió al ministro. Fue un logro de la movilización y muchos creíamos que se levantaba la protesta. Pero fue tal el nivel de indignación que el paro siguió y se sumaron más reclamos...y se agregaron sectores. Una suerte de efecto gravitacional.

Pero quizás lo más importante, lo novedoso, es la aparición de un nuevo actor: el de jóvenes urbanos populares. Jóvenes que ni trabajan ni estudian y que no se suman a este tipo de protestas. Ahora son los grandes protagonistas. No son los únicos, claro, pero lo que dio potencia plebeya es la presencia de estos jóvenes urbanos.

Los bloqueos se volvieron un eje en la presión y la manzana de la discordia. El discurso del Gobierno es ´protesta sí, bloqueos no`. Pero son casi en el único elemento de presión real. El panorama es incierto ahora. En el Comité están los sectores más clásicos, pero hay otros sectores que no. El Ministerio de Defensa habló de 1.584 bloqueos y en cada uno puede haber de 200 a 2.000 personas. ¿Saben lo que puede significar abrirlos por la fuerza?

El Gobierno insiste con sus teorías conspirativas, el terrorismo… Y entonces alega que es un desafío de orden público y por eso la respuesta debe ser militar. Asambleas, marchas, cacerolazos, bloqueos, hay un repertorio variado. Los escenarios son inciertos: puede pensarse en un autogolpe, en un golpe militar, en que Duque renuncie, en que se quede con un sector de mayor autoritarismo, o en que deba sentarse a negociar. Estamos en un punto alto del conflicto, que está muy instalado. Y no parece cerca una resolución”. (Télam)