Cuba inició hoy una nueva era con la proclamación formal como secretario general del Partido Comunista (PC) del presidente Miguel Díaz-Canel, que no había nacido aún cuando en 1959 las fuerzas rebeldes encabezadas por Fidel Castro entraron triunfantes a La Habana, y la ratificación de la "continuidad" en la línea de gobierno en el cierre del octavo Congreso de la fuerza.

Después de décadas, entonces, el apellido Castro no será el que ocupe el principal cargo partidario, por el retiro de Raúl Castro, de 89 años, que entrega el poder a una nueva generación de dirigentes, sin ningún cambio de orientación política.

"19 de Abril, día histórico en que culmina el histórico 8vo Congreso del PCC. La Generación del Centenario, fundadora y guía del Partido, traspasa responsabilidades. #SomosCuba #SomosContinuidad", escribió Díaz-Canel en su cuenta de la red Twitter.

De 60 años, ingeniero, nacido en Santa Clara y presidente desde 2018, Díaz-Canel fue elegido en una votación de los 300 delegados provenientes de toda la isla en representación de 700.000 militantes, que designaron un nuevo Comité Central de 114 miembros.

La foto que acompaña el mensaje de Twitter del mandatario y ahora también primer secretario del PCC da cuenta de la generación fundadora de la Revolución: detrás de Raúl Castro, que diserta en el estrado, los rostros de Carlos Baliño, Julio Antonio Mella y Fidel Castro descansan sobre el fondo rojo de una pantalla gigante junto al de José Martí.

"Lo más revolucionario dentro de la Revolución es defender siempre el Partido, de la misma forma que el Partido debe ser el mayor defensor de la Revolución", precisó Díaz-Canel, durante el traspaso formal en el discurso de clausura del octavo Congreso del PCC, según la agencia AFP.

El Comité Central dirige al partido entre congresos y selecciona de su seno al buró político, que se integra actualmente por 14 miembros, y se encarga de nombrar a su primero y segundo secretarios.

El congreso del partido único, denominado "congreso de la continuidad" y que se celebra cada cinco años, comenzó el viernes pasado en La Habana y llegó hoy a su final en Bahía de Cochinos, en la costa sudoeste de la isla, a 165 kilómetros de la capital cubana.

El lugar del cierre está cargado de simbología: conocido también como Playa Girón, el 17 de abril de 1961 Cuba derrotó ahí a los exiliados entrenados por la CIA que buscaban desatar una rebelión popular contra el gobierno de Fidel Castro.

La salida de Raúl Castro del PCC está acompañada de la jubilación de otros militantes que lograron el triunfo de la revolución, como el segundo secretario, José Ramón Machado Ventura, de 90 años, y Ramiro Valdés, de 88 años.

Los relevos se produjeron en medio de una profunda crisis económica derivada del bloqueo de Estados Unidos, el reforzamiento del embargo que mantiene contra Cuba desde hace 60 años, la crisis estructural del sistema productivo y las complicaciones extras que derivaron de la pandemia de coronavirus.

Para los cubanos, el cambio de nombres también representará una novedad, porque la mayoría de los 11,2 millones de habitantes del país solo conoció a Fidel, fallecido hace diez años, y Raúl Castro al frente del poder.

El informe central del Congreso advirtió que ocurrirán "desafíos y dificultades provenientes de la situación internacional, así como las deficiencias propias del quehacer nacional", entre las que mencionó "la burocracia, inercia y resistencia al cambio, al igual que la falta de firmeza, exigencia y de control frente a los fenómenos negativos".

El cuerpo admitió abiertamente la necesidad de elevar la calidad de vida de la población cubana, uno de los objetivos de la llamada "tarea de ordenamiento" vigente desde el 1 de enero último, que implicó también la unificación monetaria.

Las medidas incluyeron subas en los sueldos estatales en general, aunque presionadas por altas tarifas y precios en el mercado interno en general y la promoción de un "cambio de la manera de pensar" de los cubanos sobre el trabajo diario.

El exceso de compensaciones estatales llevó, según el Gobierno, a la falta de interés en el trabajo diario y a ilegalidades, algo a lo que también colaboró el bajo poder adquisitivo promedio en la esfera estatal principalmente.

Una de las mayores dificultades que parece enfrentar el Ejecutivo es el de lograr cambios que den agilidad y eficacia a la lenta economía nacional sin vulnerar los límites del sistema socialista, un punto al que pareció referirse Raúl Castro cuando en su discurso alertó contra medidas que puedan llevar a un "retorno al capitalismo".

En tanto, la Unión Europea (UE) tomó nota del relevo de Castro y llamó a seguir avanzando en el diálogo para impulsar reformas económicas y políticas que ayuden a la modernización de la isla.

"Estamos decididos a continuar y reforzar nuestro diálogo y cooperación" en el camino a la modernización de Cuba, indicaron voceros del bloque citados por la agencia Europa Press.

La UE y la isla sellaron en 2016 un acuerdo de diálogo político y cooperación con el objetivo de normalizar las relaciones bilaterales, aunque las cuestiones sobre derechos humanos quedaron enmarcadas en un diálogo estructurado paralelo para facilitar el acuerdo.

Mientras se celebró el congreso del PC, una veintena de activistas, periodistas independientes y artistas denunció que la policía les impidió salir de sus casas, un recurso empleado para evitar que se reúnan, según un tuit publicado el sábado por el opositor Movimiento San Isidro, que hace meses intenta estructurar un movimiento que promueva cambios en la isla. (Télam)