Perú elegirá en ocho días su próximo Presidente en segunda vuelta, la instancia de la que surgieron prácticamente todos sus mandatarios desde que rige ese mecanismo, hace casi cuatro décadas, en medio de una polarización creciente que, paradójicamente, convive con una enorme fragmentación de la representación política.

El balotaje fue instaurado por la reforma constitucional de 1979 pero comenzó a regir en 1985 y no en las elecciones de 1980, que consagraron a Fernando Belaunde Terry tras la prolongada dictadura que lo había derrocado en 1968 y que encabezaron sucesivamente los generales Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez.

Desde 1933 y hasta entonces, un Presidente era electo si obtenía 33% más uno de los sufragios válidos en la única vuelta. Si ningún candidato llegaba a ese piso, el Congreso debía escoger entre los dos más votados.

En 1980, Belaunde Terry reunió 44,93% de los votos válidos y se impuso sobre otros 14 candidatos.

Cinco años después, un joven Alan García, del APRA -que entonces aún seguía el ideario centroizquierdista de su fundador, Víctor Haya de la Torre- se consagró Presidente luego que el comunista Alfonso Barrantes desistiera de presentarse al balotaje.

En la primera vuelta García obtuvo 46% de los votos válidos y Barrantes, 21%, y hubo otros siete postulantes, entre ellos Morales Bermúdez, que logró apenas 0,8%.

Uno de los balotajes más recordados de Perú fue el de 1990, cuando el hasta entonces prácticamente desconocido Alberto Fujimori se impuso frente Mario Vargas Llosa (62,32% a 37,68%), luego que el posterior Premio Nobel de Literatura ganara la primera vuelta (32,61% a 29,09%). También compitieron entonces nueve candidatos.

Solo en 1995 no fue necesario recurrir al balotaje. En esa ocasión Fujimori fue reelecto con 64,42% de los votos válidos, por encima del ya entonces exsecretario general de la ONU Javier Pérez de Cuéllar y otros 12 candidatos, entre ellos el futuro presidente Alejandro Toledo.

En 2000, Fujimori volvió a ser reelecto, pero en segunda vuelta frente a Toledo (74,33% a 25,67%), tras haberse impuesto también en la primera (49,87% a 40,24%) entre nueve postulantes. Meses después de iniciar su tercer mandato consecutivo, Fujimori renunció desde Japón para evitar ser destituido por el Congreso.

En la presidencial posterior en 2001, Toledo venció a García en el balotaje (53,08% a 46,92%) tras haber ganado también la primera vuelta (36,15% a 25,78%) entre ocho candidatos.

Cinco años después, García, ya corrido a la centroderecha, se consagró en segunda vuelta ante Ollanta Humala (52,62% a 47,38%) tras haber sido superado por el líder nacionalista en la primera (30,62% a 24,32%), la de mayor cantidad de candidatos presidenciales en la historia del país, con 20.

En 2011, Humala derrotó a Keiko Fujimori (51,45% a 48,55% en el balotaje y 31,70% a 23,55% en la primera vuelta), tras dejar atrás a otros ocho postulantes, entre ellos Toledo y el futuro presidente Pedro Pablo Kuczynski.

Finalmente, en 2016, Keiko volvió a caer en el balotaje (50,12% a 49,88%), esta vez ante Kuczynski, al que había vencido en la primera vuelta (39,86% a 21,05%) por encima de otros ocho candidatos, entre ellos García y otra vez Toledo.

La cantidad de candidatos en todos los procesos electorales mencionados, a la que deben sumarse los 18 que compitieron en la primera vuelta del 11 de abril pasado, da cuenta de la fragmentación característica de la representación política en Perú.

Asimismo, la forma en que se resolvieron varios de los balotajes, no solo en las urnas sino también desde las campañas, refleja el alto grado de polarización de la sociedad peruana, que acuñó un término -"antivoto"- para definir a uno de los factores más influyentes, y más de una vez hasta determinantes.

El "antivoto" expresa la decisión de un ciudadano de no votar por un candidato bajo ninguna circunstancia y es, desde hace varios procesos electorales, un actor central en los análisis y las encuestas.

Precisamente el "antivoto" determinó las derrotas de Humala en 2006 y Keiko Fujimori en 2016 después de ganar en la primera vuelta, y en el último caso tras hacerlo tan holgadamente que en los mismos comicios su partido obtuvo mayoría absoluta en el Congreso -algo que no ocurría desde 1995, entonces a favor del partido de Alberto Fujimori-, según un consenso extendido entre políticos y analistas peruanos.

"Siempre en las campañas de segunda vuelta la población y el país tienden a polarizarse; sin embargo, en esta campaña en particular hay mucho más antivoto que en otras campañas o elecciones vividas en Perú", afirmó a principios de este mes Urpi Torrado, directora de Datum -una de las cuatro mayores firmas de opinión pública del país- y expresidenta de la Asociación Peruana de Empresas de Inteligencia de Mercados (Apeim).

Las últimas encuestas de intención de voto y simulaciones de votación de las principales firmas marcan ventaja para Pedro Castillo con respecto a Keiko Fujimori, aunque en tres de los cuatro casos en situación de empate técnico, es decir, con diferencia menor al margen de error de la investigación.

Al mismo tiempo, revelan que la exlegisladora tiene mayor "antivoto" que el sindicalista, con 52% a 51% según la firma Ipsos y 67,4% a 65,6% según CPI, en los dos trabajos en los que ese rubro fue detallado. (Télam)