El secretario de Derechos Humanos de la CGT de Colombia, Humberto Correa, está radicado en Argentina desde fines de marzo, después de pasar varios meses en México, adonde debió escapar porque su nombre aparecía en una lista de espiados y perseguidos por fuerzas paramilitares y sufría amenazas contra él y su familia.

“Sabían todos mis movimientos. O me hacían un `falso positivo` o me desaparecían. Pasa con muchos opositores, líderes sociales y políticos. Se supo por la prensa. Tenían fotos, seguimientos…Y hace un mes la cadena Caracol presentó un informe especial y se conoció el resto de la carpeta, con detalles muy minuciosos. Dentro de la legalidad, no tengo miedo de que me puedan enjuiciar, pero sí que me puedan matar”, explicó Correa.

El concepto de “falso positivo” fue acuñado por la prensa colombiana para hablar de ciudadanos -en general campesinos- que los militares asesinaban pero presentaban como muertos en enfrentamientos con la guerrilla, en busca de ganar premios o ascensos.

El detalle sobre el seguimiento a opositores fue publicado el 1 de mayo del año pasado por la revista Semana y hablaba de “los perfilados”, dirigentes sobre los que sectores ilegales hacían inteligencia.

“Las actividades de más de 130 ciudadanos fueron blanco de lo que los militares llamaron `perfilaciones` y por medio de herramientas informáticas se realizaron búsquedas y se recolectaron masiva e indiscriminadamente toda la información posible de sus objetivos para elaborar informes de inteligencia militar. Teléfonos, direcciones de residencia y trabajo, correos electrónicos, amigos, familiares, hijos, colegas, contactos, infracciones de tráfico y hasta lugares de votación forman parte de estos perfiles”, contó Semana.

El caso es investigado por la Justicia, tiene a varios militares implicados y el expresidente Álvaro Uribe ya fue llamado a declarar.

En su entrevista con Télam, Correa relató que desde Bogotá se fue a Cali y, desde ahí, a México, el 31 de octubre de 2020.

Desde el 27 de marzo está en Buenos Aires, “por muchas razones, pero centralmente por los vínculos con el movimiento sindical, porque desde acá era posible luchar y por la solidaridad del gremialismo”.

Instalado con su esposa y su hijo antropólogo, Correa admitió que no pensaba que “iba a empeorar todo tanto” en su país.

Además de su rol sindical, Correa fue uno de los “promotores” del Informe de la Verdad, que recopiló patrones y actos de violencia, en su caso en el área de libertad sindical y derechos humanos.

“Trabajamos en la reparación colectiva al movimiento sindical. Llegamos a las raíces finales. Viajé por todo el país para acompañar a las víctimas y para recibir información”, reseñó el sindicalista.

Y agregó: “En Colombia el asesinato de líderes sindicales no tiene vencimiento de términos porque es un delito de lesa humanidad y, por eso, el nerviosismo de los militares”. (Télam)