Con el líder opositor y exmandatario Luiz Inácio Lula da SIlva favorito en todas las encuestas, Jair Bolsonaro decidió hoy jugar con la carta del fantasma del fraude en caso de que pierda los comicios por su reelección que se celebrarán en octubre del próximo año.

En un movimiento similar al de su aliado, el expresidente estadounidense Donald Trump, Bolsonaro aprovechó hoy un acto oficial con ruralistas para intentar instalar la idea de que puede haber irregularidades en caso de su derrota.

"Un bandido fue puesto en libertad, ahora está habilitado, a mi entender, para ser presidente. Con fraude, el apenas vencería con fraude el año que viene", dijo el ultraderechista en Terenos, estado de Mato Grosso do Sul.

Desde el miércoles, Bolsonaro, quien no tiene partido y debe elegir uno para anotarse a la reelección, ha aumentado el tono bélico y alimenta el fantasma del fraude luego que la encuesta Datafolha le diera a Lula una victoria en primera y segunda vuelta.

Según Datafolha, Bolsonaro obtendría el 32% de votos contra el 55% de Lula, del Partido de los Trabajadores (PT) para una segunda vuelta.

En la primera, Lula también se impondría con el 41% contra el 23% del actual mandatario, quien se encuentra en el menor nivel de aprobación de su gestión, 24%, en medio del desastre sanitario provocado por la pandemia que dejó más de 425.000 muertos.

La encuesta de esta semana le dio más de una mala noticia al bolsonarismo: el 35% del público evangelista, un sector que supo ser su sostén, apuesta por el exmetalúrgico.

En medio de sus ataques a Lula, Bolsonaro sostuvo que no habrá fraude si se aprueba en el Congreso un proyecto presentado por sus aliados para instituir el voto impreso, un ticket que cada elector tendrá después de apretar los botones de las urnas electrónicas que en Brasil funcionan desde 1996.

"Espero que los otros poderes respeten la decisión si el Congreso aprueba el voto impreso", dijo Bolsonaro, en alusión a la corte suprema.

Bolsonaro, cuando ganó, rápidamente apuntó que varios millones de votos no fueron contabilizados, sin tener pruebas y contra la verificación de su propio partido ante la justicia electoral.

"Los canallas de la izquierda siempre fueron iguales. Y quieren ahora que vuelva ese hijo del demonio. Si este tipo vuelve, nunca más saldrá (de la presidencia), anoten lo que les digo", arengó el fantasma Bolsonaro frente a simpatizantes suyos reunidos en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.

Esta serie de comentarios negativos contra Lula se intensificaron cuando se anularon las condenas en su contra y lo habilitaron a participar en las elecciones de 2022, luego de haber sido proscripto en 2018, cuando estuvo detenido y no pudo competir en las urnas con el ultraderechista.

Los ataques de hoy coinciden con la peor semana política para su gobierno: la encuesta indicó que la aprobación cayó del 30% al piso de 24% en dos meses y, además, se le abrió un frente en el Congreso con la comisión de investigación que busca determinar las fallas en su gestión de la pandemia, como ignorar ofertas de vacunas y administrar remedios sin eficacia y con efectos colaterales como el antipalúdico cloroquina.

"El que quiera tomar cloroquina que tome, este virus es desconocido aún. Entonces yo digo ahora que las cuarentenas y el confinamiento no tienen comprobación científica, no está comprobado que funcionen", había afirmado el mandatario, acusado de negacionista por la oposición.

El foco se encuentra en la gestión de 10 meses del general Eduardo Pazuello al frente del Ministerio de Salud, quien puede ser detenido en la comisión parlamentaria si se determina en ese momento que ha faltado a la verdad.

El Gobierno presentó un habeas corpus al Supremo Tribunal Federal para que Pazuello, general en actividad, pueda quedarse callado ante el Senado.

El Ejército teme una humillación con la declaración de Pazuello, sobre todo si se determina que no actuó cuando las autoridades del estado de Amazonas pidieron al Gobierno nacional, sin respuestas, más oxígeno para los pacientes en terapia intensiva.

El grupo mayoritario de la comisión parlamentaria, opositor, cree que ya hay elementos para culpar a Bolsonaro de delitos de responsabilidad contra la salud pública, según el diario Folha de Sao Paulo.

Además, el laboratorio estadounidense Pfizer y el ultrabolsonarista exsecretario de Medios Fabio Wadjgarden confirmaron a la comisión que hubo ofertas no tenidas en cuenta por 70 millones de vacunas el año pasado.

Incluso el actual titular de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), almirante Antonio Barra Torres, confesó que rechazó un pedido para cambiar el prospecto del remedio cloroquina durante una reunión en el Palacio del Planalto.

Como si esto no fuera suficiente, se sospecha que formó un gabinete sanitario paralelo a espaldas del Ministerio de Salud a favor de la cloroquina como remedio mágico y en contra de las cuarentenas de gobernadores e intendentes.

La comisión puede denunciar a ministros o al presidente ante el fiscal general una vez terminados su investigación en tres meses, lo que podría sacudir el tablero político de cara a las presidenciales del año próximo. (Télam)