Cataluña empezó a votar hoy en unos comicios regionales marcados por la pandemia y la necesidad de salir de la crisis política, tres años después del fallido intento de secesión de España, con un gobierno interino y el Parlamento disuelto.

Los independentistas, en el poder desde 2015, aspiran a mantener su mayoría en el Parlamento regional, pese a las divisiones internas, en unas elecciones, que se presentan como una ajustada lucha entre los dos partidos separatistas del gobierno regional, Juntos por Cataluña (JxC) e Izquierda Republicana (ERC), y los socialistas del presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez.

Desde las 8 y hasta las 19 (15 hora argentina), y entre notables medidas de seguridad para minimizar el riesgo de contagio de coronavirus, los catalanes votan para elegir a 135 diputados: 85 por Barcelona, 18 por Tarragona, 17 por Gerona y 15 por Lérida, las cuatro provincias de la región.

Los partidos y coaliciones que se presentan son nueve, pero las chances de triunfos parecen reservadas a dos o tres fuerzas.

No obstante, nada estará dicho hasta que se insinúen las alianzas que permitan una mayoría parlamentaria.

Los resultados electorales deberían conocerse esta noche, pero la formación del gobierno se augura compleja en un escenario de alta fragmentación política y múltiples recelos entre partidos.

En una medida insólita, las personas con coronavirus o en cuarentena podrán votar en la última hora -de 18 a 19-, franja en la que el personal del centro electoral estará equipados con monos de protección, guantes y pantalla facial, informó la agencia de noticias AFP.

El fuerte repunte de la pandemia experimentado en toda España después de Navidad llevó al Gobierno catalán a tratar de aplazar los comicios a finales de mayo pero la Justicia lo impidió, devolviéndolos a su fecha inicial.

Los analistas prevén una alta abstención por el desgaste ciudadano ante el enquistamiento del conflicto político y el miedo al contagio.

Este temor de la ciudadanía quedó reflejado en el hecho de que más del 40% de las 82.000 personas designadas por sorteo para formar parte del dispositivo electoral presentaron alegaciones para no acudir. Aunque muchas fueron aceptadas, las autoridades aseguran que el dispositivo electoral no está en riesgo.

Cataluña, de 7,8 millones de habitantes, vive sumida en la inestabilidad política con cinco elecciones regionales desde 2010, cuando empezó el auge independentista.

La tensión alcanzó su punto máximo en octubre de 2017, por la celebración de un referéndum ilegal de autodeterminación y la fallida proclamación de una república independiente bajo la Presidencia de Carles Puigdemont, exiliado desde entonces en Bélgica.

Después de ese fracaso, los independentistas mantuvieron el poder pero sus aspiraciones secesionistas se vieron frenadas por las fuertes desavenencias entre la línea más dura de JxC de Puigdemont y la estrategia moderada de ERC, y las detenciones de casi una decena de líderes.

Los dos se disputan el liderazgo del movimiento, hasta ahora ostentado por los aliados de Puigdemont, que prometen reanudar el camino de la ruptura unilateral si se supera el 50% de votos por partidos separatistas. 

El desenlace de esta pelea interna puede repercutir en la estabilidad de Sánchez, cuyo gobierno de coalición minoritario se sustenta entre otros en los diputados de ERC en el Congreso español.

(Télam)