El sindicalista de izquierda Pedro Castillo, con leve ventaja en las encuestas, procura convertirse en el próximo presidente de Perú para impulsar una reforma de la Constitución y alentar una redistribución del ingreso basada en un combate a la evasión fiscal, sin afectar la propiedad privada.

"No necesito disfrazarme de paisano para llevar una propuesta a mis hermanos agricultores. Soy chacarero, soy obrero, soy agricultor, soy rondero y soy maestro a mucha honra, y me siento totalmente avergonzado de esa clase de Estado que sigue manteniendo una constitución que ha reducido a su mínima expresión los derechos constitucionales", aseguró Castillo semanas atrás, durante una entrevista con el portal RPP.

Según las últimas dos encuestas publicadas, la del 39 de mayo del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y la del 28 de mayo de Ipsos, el candidato de Perú Libre mantiene la ventaja contra la candidata opositora por Fuerza Popular, Keiko Fujimori, 40,3% a 38,3% y 51,1% a 48,1%, respectivamente.

Casi como una antítesis de Fujimori, Castillo, gremialista, maestro de escuela pública y referente de una región rural, personifica las demandas de muchos de los sectores sociales que quedaron relegados dos décadas atrás, pero también de quienes fueron desoídos durante estos 18 meses de pandemia de coronavirus.

Es más, varias de las propuestas que enarbola el candidato, que conquistó un veloz ascenso en la dispersa escena política peruana al ganar la primera vuelta con un poco más del 19%, encuentran también una profunda correlación con su experiencia de vida y, sobre todo, sus carencias.

Durante su campaña electoral puso en alto el lema "No más pobres en un país rico" y no es dato menor que en la primera vuelta, mientras aún era poco conocido en Lima, conquistó las cinco regiones más pobres del Perú.

Casado con Liliana Paredes, a quien conoce desde su infancia y también es maestra rural, y padre de tres hijos -Arnold, Jennifer y Alondra, de entre 7 y 19 años-, el rostro de Castillo se nacionalizó cuando dirigió a miles de colegas docentes en una huelga nacional que se prolongó por casi 80 días entre junio y septiembre de 2017.

Castillo nació hace 51 años en la localidad de Tacabamba, del distrito andino de Cajamarca, una de las regiones más pobres de Perú pese a contar con la mina de oro más grande de Sudamérica.

Ese mismo año, el presidente peruano Juan Velasco Alvarado dio luz verde a la Reforma Agraria (1969) y liberó a los campesinos del pongueaje, sistema similar al siervo de la gleba de la Edad Media.

Sus padres, campesinos iletrados, tuvieron nueve hijos, pero Castillo, el tercero de ellos, fue el único que tuvo la oportunidad de ir a la universidad.

De educación rural, cursó los primeros años de la primaria en el poblado de Puña y finalizó el ciclo en una institución del caserío vecino de Chugur, en el distrito de Anguía, donde también estudió la secundaria.

En la campaña contó como de pequeño, durante sus vacaciones escolares, solía recorrer a pie -incluso durante días- las haciendas cafetaleras que rodeaban Puña, para conseguir changas y comprar sus útiles escolares.

Esta crianza estructurada, quizás, definió su perfil conservador frente a debates actuales como la legalización del aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia y el enfoque de género en la escuela, lo que genera críticas de sectores que defienden la libertad e igualdad ante la ley.

En paralelo a su interés por la enseñanza, también fue cultivando una inclinación cada vez mayor en cuestiones sociales: su primer acercamiento fue como rondero en una organización campesina que protegía al poblado de los robos y grupos guerrilleros, como Sendero Luminoso y MRTA.

Respecto a su carrera académica, se formó como profesor de primaria, en 1995 consiguió trabajo como maestro en una escuela de su región, y luego cursó un bachillerato en Educación en 2006 en la Universidad César Vallejo, en la ciudad de Trujillo, donde se graduó como magíster en psicología educativa en 2013.

No obstante, siempre tuvo aspiraciones políticas: en 2005 se convirtió en líder regional del partido Perú Libre, pero mantuvo un perfil bajo nacional hasta 2017, cuando encabezó un paro por un aumento salarial y la derogación de un cuestionado sistema de evaluación docente.

El entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski se vio obligado a acceder a la mayoría de los pedidos.

Este año, cuando Castillo contó a la prensa por qué había decidido postularse a la Presidencia pese a que ningún sondeo o proyección lo beneficiaba, relató las dificultades que sus alumnos vivieron durante el primer año de la pandemia, cuando la economía se contrajo en casi un 12% -después de 20 años de crecimiento macroeconómico sostenido- y el país llegó a tener la tercera tasa de mortalidad por Covid-19 más alta del mundo.

Este trasfondo impulsó a Castillo a hacer campaña con muchas promesas que no suelen dominar el debate político en Perú y por lo que lo acusaron de "comunista". Por ejemplo, que el 70% del presupuesto anual del sector público debe priorizar áreas como educación y salud, mientras que el resto, se distribuye entre transporte, agricultura y saneamiento.

Además, propuso priorizar la necesidad de una nueva Constitución redactada por una Asamblea Constituyente para crear un Estado que compita con empresas privadas, planifique, intervenga, y controle los principales recursos naturales, en reemplazo de la que se creó en 1993, durante el primer mandato de Alberto Fujimori, padre de su actual rival electoral. (Télam)