El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se comprometió hoy ante la comunidad internacional a acabar con la deforestación ilegal en su país antes de 2030, al tiempo que pidió una contribución de los países desarrollados para compensar los servicios ambientales de Brasil al mundo, al participar en la virtual Cumbre de Líderes sobre el Clima convocada por Estados Unidos.

"Determiné que nuestra neutralidad climática sea alcanzada en 2050, anticipando en 10 años el compromiso anterior", dijo durante su discurso y agregó que para ello será necesario "eliminar la deforestación ilegal en 2030".

Bolsonaro aseguró que para alcanzar ese objetivo se hará una aplicación "plena" del Código Forestal y que si pone fin a la tala ilegal las emisiones de dióxido de carbono se reducirán un 40%.

El presidente admitió que será una "tarea compleja" debido a las limitaciones presupuestarias, pero aun así anunció un "fortalecimiento" de los órganos ambientales, "duplicando recursos" para acciones de vigilancia de delitos, informó la agencia de noticias Sputnik.

La prensa brasileña había anticipado que Bolsonaro pretende crear una fuerza de seguridad con recursos de otros países y controlada por Brasil para vigilar la deforestación amazónica, luego de haber achicado las agencias fiscalizadoras actuales, como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) y el Instituto Chico Mendes.

Bolsonaro aseguró que "ante la magnitud de los obstáculos, incluyendo los financieros", es fundamental poder contar con la contribución de países, empresas y personas que se involucren de forma real e inmediata para solucionar los problemas ambientales de Brasil.

De forma indirecta, el presidente pidió a la comunidad internacional que compense a Brasil por su aporte al mundo.

Bolsonaro habló de una "justa remuneración" por "los servicios ambientales" que los biomas (áreas que comparten clima, flora y fauna) brasileños prestan al planeta, lo que en su opinión sería una forma de reconocer el carácter económico de las actividades de preservación.

Durante su participación en la cumbre, el líder brasileño evitó hablar de los crecientes índices de deforestación en la Amazonía, y aseguró que Brasil está "en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático".

Resaltó que el país conserva el 84% de la selva, que la agricultura del país es "una de las más sostenibles del planeta" y que es una de las pocas naciones en vías de desarrollo con metas ambiciosas de reducción de emisiones.

En los últimos días, creció la preocupación por la posibilidad de que el Gobierno de Estados Unidos alcanzara un acuerdo económico con Brasil a cambio un compromiso por la preservación de la Amazonía.

Casi 200 organizaciones ecologistas y de la sociedad civil brasileña enviaron una carta a Biden alertando de que las soluciones para la Amazonía no pueden darse "con negociaciones a puerta cerrada con su peor enemigo".

Según datos oficiales del propio Gobierno brasileño, entre agosto de 2019 y julio de 2020, la deforestación de la Amazonía brasileña fue de más de 11.000 kilómetros cuadrados, el peor dato en una década.

La legislación ambiental fue debilitada por el actual Gobierno, y el ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, hace pocos días llegó a ser denunciado por la Policía Federal por haber ayudado a encubrir a madereros ilegales. (Télam)